lunes, 30 de junio de 2008

Moon Donna L ru y Do (3)

Llegó el vecino y me pidió que le marcara un número telefónico, tengo que localizar al de las ventanas, así dijo y sacó un arrugado papel de un bolsillo del pantalón… Marqué. El teléfono llamó y el vecino dijo dígale usted de las ventanas, por favor (creo que este “por favor” lo invento)…

- Bueno
- ¿Es usted el señor de las ventanas? –bastante original mi manera de abordar al desconocido oyente, lo sé.
- No, pero me encantaría
- Ooh… entonces, discúlpeme, marqué un número equivocado.
- No cuelgue ¿necesita ventanas, me dice?
- No, en realidad, no es que necesite ventanas, pero ¿usted es?
- Me gusta su voz
- (Silencio)
- ¿De aluminio o de madera?
- ¿Es usted?
- No… pero pudiera, si usted me lo permite
- (Silencio 2)
- Su voz es muy bella
- (Silencio 3)
- Creo que podría aprender el oficio

Río nerviosamente y cuelgo. Con la sensación de que el arrepentimiento no tarda en llegar, con la certeza de que ya me estoy arrepintiendo ¿qué número marqué? No me atreveré a llamar de nuevo ¿o sí? mi vecino dice chingadas madres me dieron mal el teléfono y se va… Yo siento la necesidad imperiosa de tener ventanas, de aluminiodemaderaconcortinasinvidriosredondascuadradas. Imagino ser una gran ventana que necesita un marco…

… Porque su voz lejana. Era tan agradable y cálida. No tanto sus palabras: su voz.

La voz por la voz, no por la palabra. La palabra por el sonido no por el significado. El sonido como parte de lo que nos rodea y nos integra y surge de nosotros y entra y sale como si fuéramos una especie de caracol construido con materia esponjosa. Un espacio lleno de poros que dejan entrar y permiten salir los sonidos, la voz, los suspiros, el ruido de nuestro organismo al funcionar, las quejas del estómago, el susurro rítmico del corazón, el líquido ronronear del cerebro.

Quiero esta noche oír a Yo-Yo Ma, a Bobby Mc Ferrin. Escucharlos juntos. Oh, sí. Eso deseo.

Quiero ser una ventana llena de ventanas por las que puedan entrar todas esas voces lejanas, oir todo lo que no entiendo, ópera, otros idiomas, gozar los sonidos.

Ser una “sensación producida en el órgano del oído por el movimiento vibratorio de los cuerpos, transmitido por un medio elástico, como el aire.” Que es lo que dice un diccionario que es el sonido.

Y así, entrar en ti.
-

miércoles, 25 de junio de 2008

El cielo es gris (“parece que va a llover / el cielo se está nublando…” así canta Pedro Infante –la canción es cubana- desde esa primitiva antimateria cerebral de los mexicanos situada a un ladito del hipocampo, casi adentro pero no) y yo trato de escribir el dos… Pero truena y pocos eventos del vital proceso natural me gustan más que los truenos.

“Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.

Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas;
oigo lo que se fue, lo que aún no toco,
y la hora actual con su vientre de coco.
Y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.”

Nos dice desde sabe dónde Ramón López Velarde.

… Si hasta la palabra es bella: trú- e- nnnnno. True / No.

True true, true, truetruetruetrue… Y no.

TRUTRUTRUTRUTRUTRU y el cielo quiere venirse cuando oye.


Mundana Ru (2)

Llegaba siempre y como lluvia con algo para regalarnos.

Mi abuela Isabel.

Vivía en Naco, pueblito polvoriento y siempre a punto de desvanecerse, cercano a Cananea, a menos de una hora de distancia por carretera. Gocé sus visitas como parte de mi infancia. Mi abuela contadora de cuentos. Platicante de fantasmas y de muertos. Isabel cocinando melcochas para sus nietas. Isabel bellísima regalándonos su presencia, collares y pulseras que aún atesoro –tal vez para Mariana- y sus caricias. Mi abuela regalándonos la certeza de la Llorona. Ella y mi madre en este diálogo:
- Anoche no pude dormir, oí ruidos en la cocina (mi madre)
- Era tu hermana, siempre viene en las noches a visitarme (mi abuela hablando de su hija, Estéfana, ya muerta)

Hay algo, sin embargo, que me llena como pocas cosas la memoria de alegría. En la noche, cuando se suponía que mi hermana y yo dormíamos y mi padre también ya descansaba, mi madre y su madre, Isabel, llenaban la casa de murmullos, toda la oscuridad se convertía en (sinuosos) senderos susurrantes:

Pude haber llorado en aquel rincón infantil de mi nocturna vida cuando lo inundaban las voces femeninas diciendo misterios, palabras desconocidas, sonidos articulados en idiomas adultos, indescifrables y tan bellos.

Tal vez lloré al escuchar las melodías de esas conversaciones mágicas, de conjuros salpicados de oscuridad, letanías o recetas, leyendas o rezos.

Lloré con mi nocturno llanto porque las palabras ininteligibles que salían de gargantas tan amadas me llenaron de placer el sueño de esas noches niñas, cuando imaginé que hablaban de amores secretos, de personajes oscuros, de la maravillosa vida que ya me inventaba, mientras dormía y dos mujeres hablaban.
-

viernes, 20 de junio de 2008

Mundanal ruido 1

Nunca quise aprender o siempre me negué a aprender ¿será lo mismo?

Al vivir en una frontera en la que el inglés era y es parte de la vida diaria, esa negación supuso una decisión tomada desde no sé qué recóndito lugar donde se alojan mis certidumbres: no quería, no quise, me opuse. Nunca tuve para ello, ni tengo, argumentos de tipo social, cultural o histórico. Puro ¿instinto?

Sin embargo y a pesar mío, algo aprendí y sigo aprendiendo. Me gustaba escuchar radiodifusoras gringas, de AZ sobre todo… Escuchar cuando se identifica alguna estación de Bisbee, Sierra Vista, Tucson, Phoenix, me llena de placer auditivo, por el recuerdo. No sé qué dicen, me rehúso a saber, pero el tono de locución y ese transmitir la soledad del que habla desde una cabina, que imagino a oscuras, frente a un micrófono, me estremece, sobre todo si yo estoy oyendo en mi recámara oscura, frente a la enorme noche solitaria. Sintonizaba y oía, la música, las palabras-sonido, sin sentido, así las quise, las quiero. A veces.

Para poder tranquilizarme, gozar la música, las canciones, las prefiero en otro idioma, no en español. Padezco de una enfermedad sin nombre que me hace descuartizar los textos, aún los de las canciones más simplonas. Y en lugar de oírlas me pregunto por qué dijo pan si podía muy bien y mejor hablar de tortillas, cosas así… o pienso en las contradicciones, en las mentiras, en el absurdo que esconden algunas frases como: “De piedra ha de ser la cama / de piedra la cabecera / la mujer que a mi me quiera / me ha de querer de a deveras" (me gusta, eso no obsta para que conste, como dicen... lo siento por las princesas, Pina, que princesas como son no aguantarían un guisante, menos una cama ¡de piedra! y además ¿qué es eso de querer de a mentiras?) o, en el caso opuesto, me maravillo por la poesía, la sabiduría de aquellas, algunas hermosas y coherentes letras… y no oigo la música, no saboreo el ritmo, salvo el de las palabras y para eso está la lectoescritura, si oficializamos el asunto.

Las canciones de los cincuenta y sesenta, desfasadas de mi vida, las oí y las oigo, inventando lo que tal vez nunca quisieron decir en español ni en idioma alguno, construyo historias, modelo arcillosas palabras y oigo lo que quiero decir ¿no es eso una canción? El espejo.

Recuerdo mi dicha al escuchar grabaciones musicales de pigmeos. La maravilla que recibí cuando escuché a Laurie Anderson que hablaba de quién sabe qué y cantaba no sé qué fantasmas que en mi traducción jamás para ella existieron. Caetano Veloso cantando en inglés, aunque quisiera, que no quiero, nada le entiendo, perfecto para una noche terrible. Canciones en francés, qué hermosas, en idiomas africanos, de la India… Todos cantamos. Los seris y los yaquis, los mayos. La búsqueda de los sonidos, el encuentro de un ritmo que nos ayude a latir en este universo nos reconcilia con los porqués y con el cuándo.

sábado, 14 de junio de 2008

Nostalgia secadora

  • Hay tres canciones que me gustan. No, las canciones que me gustan son más, muchísimas más. Estas tres a que me refiero se parecen, pudiera decirse que son tres versiones de un mismo acontecimiento (Tooodas las canciones son versiones de un mismo acontecimiento: la vida… En fin). Sin embargo hay entre ellas matices, colores significativos que no pueden permitir que nos confundamos. Van (fragmentos):

    “Ya la higuera se secó / Ya tiene la raíz de fuera” Ya… es como si llegara lo inevitable, aquello que se nos dijo pasaría más temprano que tarde… “Ya mi prieta no me quiere / Porque ando en la borrachera” qué puede hacer el que canta sino seguir bebiendo, el destino ineludible: la higuera se seca, él bebe, no lo quieren, fatalismo.

    “Y este capiro ya se secó / Teniendo lágua en el pie” El estupor ¿cómo es posible que se haya secado, si está dentro del agua. “Tal vez sus hojas tengan razón / Pero el Capiro...por que” No entender cómo es que llega la muerte, si no estaba escrito, no aún. La oposición ante el fin. (Si yo no hice nada mal, cómo es posible que no me quieran)

    “Ya la enramada se secó / el cielo el agua le negó.” La explicación. Este sí que sabe que a toda causa hay un efecto. “Así tu altivo corazón / no me escuchó.” Se anuncia. Es otra enredadera, ese altivo corazón es lluvia que al no llegar lo secará.

Somos tan iguales, nada nuevo bajo el sol, los mismos temas, aquí y allá. Plantas que mueren, por ley natural de la vida, descuido o quién sabe por qué. Amor que no se entrega, que no es correspondido. Así cante Antonio Aguilar, Gilberto Valenzuela, Miguel Aceves Mejía o Javier Solís, están nostalgiando lo que se tuvo o no, lo que no se desea ya tener, lo que nunca se tendrá, por eso las canciones, a todos, nos dicen tanto. Por eso mismo, hay a quien no le dicen nada.

Pd: No pude evitar, Pina, recordar cuando a Darío le traté de hacer (me esforcé tanto) un trabajo presentable, que comparaba las distintas traducciones a un poema de Safo. La literatura comparada… recuerdo que esos afanes me entusiasmaban.

jueves, 12 de junio de 2008

Jueves de calor.

El sudor es el hiriente color que nos deslumbra. Alguien llora, se le oye desde hace rato… su llanto, infantil, entra por entre las persianas, las mueve ¿o será el vientecillo que intenta refrescarnos?

Imagino las letras derretirse. En realidad el calor no es tanto y el vientecillo es más que eso. Uno puede decir apreciaciones del mundo. (Es jueves, dos niñas juegan y ríen, el viento se lleva el calor un poco más lejos, la tarde es lenta, su caparazón nos mueve sin querer llegar). Nunca decimos lo que es. Lo que es no es. Nada es.

Percepción.

jueves, 5 de junio de 2008

las puertas transparentan
la presencia del murmullo
y nos encuentra
en la fragancia de los calcetines
recién recogidos del huerto
desprendiendo trozos de sol y de aire mañanero

nos encuentra siempre
la vida

jueves, 29 de mayo de 2008

“Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti, y la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga en la palma de Su mano.”


Ayer, miércoles 28 de mayo, en Tamaulipas, murió Emilio Izaguirre, amigo queridísimo.

Emilio, cuando supe, todos los pedazos de vida que contigo compartí se me cayeron del cajón donde los había guardado por quién sabe qué razón y por cuánto tiempo y ahora los tengo en los ojos, dándome tu manera de tocar la guitarra y cantar junto a Mirna. Te veo hablándome de filosofía, te oigo hacerme preguntas complicadísimas y sin darme, por fortuna, tiempo a hablar (nunca supiste que fui incapaz de responder con coherencia ¿o sí?). Aún me maravilla tu obsequiosidad, bondad y desprendimiento… no sé qué más decir sin llorar…

Esto te gustaría. Anoche, desmenuzando los recuerdos, me sorprendí pensando: ¡diablos! ¿Ahora cómo le aviso a Humberto?

sábado, 24 de mayo de 2008

"Después, quizá mordiendo un llanto /quedate siempre, me dijiste... /Afuera es noche y llueve tanto... / y comenzaste a llorar..." (Tango "Por la vuelta")
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No un maullido atormentado y desnutrido como a veces. Ni perros ladrando desorbitadamente como en ocasiones los perros –y sólo ellos- ladran. No la pesadilla, ni el bello sueño. No fue un ruido común.
Fue la lluvia.
Abrí los ojos y oí. Llovía.
Sin despertar del todo recordé la ropa tendida y me levanté tibiecita y a tientas, subí la escalera y corrí hacia el baño, abrí la puerta que da al porche trasero y al abrir supe que aunque se llama primavera eventualmente aún es invierno y que uno no puede salir así, desamparada. Entonces regresé por la chamarra, me puse de la misma el gorro y salí para quitar de los tendederos la ropa, que ya estaba algo goteada. La lluvia era tenaz cortina que mojó pronto mis pantunflas rojas aún en la oscuridad. Metí la ropa y la maltendí y colgué donde pude.
Regresé a la cama, miré el reloj: 3:30. Me dormí pensando en mi insensatez.

Eso no se hace.

viernes, 16 de mayo de 2008

“a través de mi llorar y sus siluetas al pato Donald vi.
¡Ay, ay, ay, ay!
el cine triste me haces recordar
¡Ay, ay, ay, ay!
las caricaturas también me hacen llorar

Pongo el disco, (Lisa Ekdahl) apago la luz de la lámpara, me acuesto y cubro con sábana y cobijas. Estoy acostada de lado, hacia la derecha, de frente a la pared. Cierro los ojos y espero dormir. Pero no. La música, como un repentino martillazo de agua instantáneamente me:

· transporta
· coloca
· desplaza
· ubica
· pone
· traslada
· sitúa

En un:

· sitio
· lugar
· espacio
· (a) ubicación

Un cuarto:

· diminuto
· estrecho
· muy alto
· y rosa
· rosa viejo
· con cenefa de encaje negro

Sé que no estoy allí., lo dice mi consciente. Mi inconsciente, en cambio, place en la humedad del cuarto musical.

Mi mano izquierda como si supiera qué hacer –lo sabe- se coloca despacito en mi rostro con la palma hacia arriba (extraña manera estrena mi mano de explotar el tacto, con el dorso) y recorre en un camino de caricia mi nariz y llega, sin irse de la nariz que tanto le gusta, a mis labios, que se entreabren queriendo apresar los dedos que ya no son de mi mano. Entonces veo de quién son los dedos, de quién es esa cálida mano que me camina:

Estás allí mientras bailo sobre la cama y haces que mi mano sea tu mano porque tú estás sentado en la esquina, en una silla, viéndome y es como si tu mano tuviera el don de la ubicuidad y estando en tu brazo también estuviera en este sendero llovido y oscuro de mi rostro. Con tu pierna derecha cruzada sobre la izquierda y fumando un cigarro sin filtro, tus ojos son agujas verdes metiéndose en mi vientre que danza.

No puedo resistirme al llanto. Esta habitación no existe me digo y abro los ojos. Veo entonces la cortina blanca frente a mi cara. Blanca con rombos rojos y amarillos y sobre cada figura geométrica rostros, de personajes de caricatura. No puede ser ¿cómo dejé ir un ataque de melancolía y nostalgia , la onírica certeza de tu presencia y preferí ver:

· al gato silvestre
· piolín
· buggs bunny
· el pato lucas?

Me recrimino que por el dolor haya escapado de la danza que danzaba contigo-para ti en el imposible aparador de la memoria. Me:

· reconvengo
· regaño
· reprocho
· y prometo castigarme

si no estás cuando de nuevo cierre los ojos.

viernes, 9 de mayo de 2008

Paso del Norte 3

“Desde el puente veo la tarde cómo se vuelve una naranja.”
Karla Sandomingo

Por la vía no se puede caminar. Hay letreros que indican que es propiedad privada y etcétera (entonces, no es que no se pueda, no se debe). Muchas personas lo hacen sin embargo. Porque se reduce el tiempo a la mitad y el esfuerzo a la tercera parte.

El tren va y viene (¿Qué todos los trenes van y todos los trenes vienen? ¿A poco?) y el riesgo depende de la velocidad, del oído, del lugar de la vía donde uno se encuentre…

Caminar sobre la vía ofrece premios. Desde allí y por el hecho de que se encuentra a todo su largo en alto, Cananea es un paisaje, dos, tres, muchos, sobre todo si nos detenemos sobre el arco del puente (allí que el tren no te agarre porque), y miramos hacia el norte, todo el barrio de Cananea Vieja, la calle del Puente, las otras callecitas y callejones, las casas tan de pueblo minero y más allá el Cerro de la Cruz, la Fundición, el Grasero, las montañas, la Mariquita, el Observatorio… hasta mi casa desde allí se ve. Si parados allí, sobre el puente volteamos hacia el sur, vemos El Ronquillo, la Mesa Sur, el Cuartel Militar, tantos árboles, y lejos un poco hacia el oeste, los represos, agua muerta, producto de la extracción del cobre, aunque parezca desde allí, del puente, un lejano mar.
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En muchas ocasiones regresábamos a casa después de irnos al baile mi hermana, amigas y yo, por esa calle, la del Puente, solitaria vereda pavimentada, casas oscurecidas, metidas en el sueño, frío la mayor parte de las veces. Entrábamos al puente haciendo ruido, tal vez hasta gritando. Sé que al llegar a la esquina donde doblábamos para subir a la otra calle, la de nuestra casa, justo en ese metro cuadrado, la banqueta estaba hueca, y con nuestros infaltables tacones resonaba el pavimento como en un tablado. Silbábamos aquella melodía de Bonanza (absurda exactitud del recuerdo) y bailábamos jóvenes y bellas. Sobrias, por supuestísimo. Vírgenes, a morir. Felices: ¡a huevo!! (¿webo, güevo, güebo?)

Hoy camino por allí con Mariana, vamos a la panadería, salimos del barrio, pasamos por el puente y ella grita para oírse en el eco. Después nos gusta regresar por allí mismo, repetir los pasos bajo el arco, subirnos a la estrecha banqueta que está a medio metro de la calle por la que los autos caminan, de uno en uno y sólo en una dirección, entrante (esa no es una dirección, al norte sí que lo es). Entrar a nuestro barrio, voltear y mirar el arbolito solitario, arriba, vigilante… Algunas veces, muy pocas, hemos tenido la suerte de pasar por abajo del puente mientras, arriba, el tren, a su vez, traqueteante pasa.

jueves, 8 de mayo de 2008

Paso del Norte 2

Me contó que por allá por 1943, él, junto a otro amigo aproximadamente de su edad, tenían la encomienda dada no sé por quién, de abrir las válvulas del agua de unos hidrantes o algo parecido que estaban uno a cada lado del inicio de la calle, muy angosta, a unos pasos después de cruzar el puente, entrando así a Cananea Vieja.
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La callecita, en ese tiempo de terracería, tenía a ambos costados -¿márgenes, orillas?- casas, la mayoría de madera. En donde actualmente están las banquetas había zanjas, construidas para que el agua de las lluvias corriera por ellas y no inundara las casas. Entonces era así, a determinada hora vespertina, mi papá y ese otro niño que no sé quién fue, abrían cada uno la válvula que le correspondía y los potentes chorros brotaban y llegaban de un lado a otro de la calle e inundaban cada zanja contraria, formando otro puente, éste de agua… ¿y para qué hacían tal cosa? Le pregunto asombrada. Y él, azorado, luego de mirarme buscando en mi rostro la respuesta, dice: para limpiar las zanjas, se acumulaba basura, papeles, piedras a todo lo largo de la calle que estaba y aún está en declive… Luego, casi sin transición a menos que así se llame el tiempo que se toma para mirar un poco alrededor suyo, aparentemente consultando las sombras de su pasado, pasa a decir que una vez, por aquellos mismos años sucedió algo que no vio pero un testigo presencial le contó.
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Muy noche. Estaba un hombre totalmente embriagado, sentado a la orilla de la zanja, con las piernas y los pies metidos en ella y otro hombre con quien tal vez discutía aunque no lo cree porque el briago estaba casi dormido, allí sentado, lo decapitó. La cabeza rodó desde el cuello del borracho hasta la zanja, mi padre piensa que la sangre corrió igual que el agua de la lluvia… tal vez

miércoles, 7 de mayo de 2008

Paso del norte 1

No conozco un puente maravillosamente grande, o levadizo, o antiguo o que arquitectónicamente sea un desafío...

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Pero sí conozco uno que se llama "Paso del Norte" Y éste no une ciudades, tampoco países, ni permite caminar sobre las aguas. Separa barrios y tiene una peculiaridad, si es que así puede llamarse (tal vez no): arriba los trenes, abajo los peatones y los autos, uno por vez. Primero fue de madera y a finales del S. XIX fue construido con los materiales actuales (aunque está fechado en 1907) para transportar en vagones el cobre extraído de la mina. Se aprovechó una pendiente para colocar la vía que llega hasta la estación del ferrocarril. Esta misma pendiente ocasionó, hace años, que un vagón mal trabado o frenado o como se diga que está un vagón de tren sin caminar, se dejara venir o ir (para el caso es igual), desde la puerta de embarque o carga y sin control corrió y corrió mientras toda la gente que vive cercana a la vía trataba, inútil pensamiento, de evacuar, detener, conjurar la tragedia que ya estaba dibujada con todos sus grises colores en la góndola veloz que descendía (“El tren que corría / sobre su ancha vía / de pronto se fue a estrellar / contra un aeroplano / que andaba en el llano / volando sin descansar.”) y que ya casi llegaba a la estación .

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El vagón, cargado de mineral, solo, sin ninguna rienda fue deteniendo su carrera un poco; allí (allá) la vieron venir un padre y su hija que caminaban, tomados de la mano, a un lado de la vía, casi paseaban. El padre logró escapar, no así la niña porque el vagón decidió voltearse justo hacia donde ella, paralizada, lo vio llegar.

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Hace pocos años, se vació sobre la tierra de los lados de la vía, las pendientes del cerro, cemento (como se hace con las manzanas caramelizadas, los plátanos con chocolate congelado). El puente está actualmente pintado de color naranja y arriba, en el centro del arco crece un árbol que parece de película de terror para niños.
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Al cruzar el puente hacia el norte, viniendo del Ronquillo (un barrio, comercial hace cien años, ahora un tanto venido a menos), se entra a Cananea Vieja (en femenino porque el nombre de este pueblo cuando aún no lo era fue "La Cananea"), el barrio más antiguo, alguna vez lugar donde vivían y tenían su comercio los chinos, siempre pobre, barrio obrero y conflictivo. Deja de ser cruce de puente y se convierte en calle, igual de angosta y con banquetas recogiditas, la calle se llama... ¡adivinaste! Calle del Puente y sigue hasta que se acaba luego de dar y dar algunas vueltas un tanto laberínticas.

miércoles, 30 de abril de 2008

“Yo siempre he pensado que la literatura es un fenómeno de tres, es decir el que escribe, el editor y el lector, mi bronca es escribir el libro, la bronca del editor es publicarlo y la bronca del lector es leerla, yo nunca me pongo en las broncas de los otros dos, si me publican bien y si no, no pasa nada” Daniel Leyva

viernes, 25 de abril de 2008

Insaciable el viento
lame toda la humedad.

Como mal amante

a cambio deja
la burla,
la grieta

viernes, 18 de abril de 2008

Confesiones de la mujer invisible

No es que me guste mucho hablar con la mujer invisible, pero no puedo evitar oírla detallar alguna de sus estrategias cuando tengo la desafortunada ocasión de verla. De hecho, escucharla es una actividad que detesto, porque como cree que quiero ser de su condición, me cuenta (aconseja, sugiere, recomienda) cosas como esta:

Es muy fácil –me dice, mirándome desde el repetido y acuoso lugar café lleno de peces muertos que son sus ojos. La eliges muy bien: guapa (o no importa qué tanto tú la veas guapa, eso es discutible y como nadie va con etiquetas que digan su porcentaje de guapura, es cuestión difícil determinarlo) que vista de preferencia vestido –un vestido sencillo pero que permita ver sus piernas- y tacones. Con un gran escote (esto del escote es casi garantía de tu invisibilidad, aunque no sea muy profundo funcionará), con larga cabellera (resulta también con otras cabelleras, cortas por ejemplo, aunque lo ideal es que sea larga y que se mueva mientras ella camina), caderas (también moviéndose) y si tiene nalgas protuberantes, proporcionadas, de pie, triunfo seguro. De manera automática, si te colocas estratégicamente a unos dos metros atrás de ella, te vuelves invisible. Ni hombres ni mujeres sabrán que caminas también en esa acera, nadie te verá, algunos hombres sacarán su cabeza del auto cuando pasen junto a ella, las mujeres cuchichearán y se darán codazos: a ti nadie te verá. Serás la mujer invisible.
Es fácil, repite y se va diciéndome un chiste simplón: “¿Cuál es el colmo de la mujer invisible?" En realidad no sé si se ha ido o es sólo que de nuevo ha dejado de ser visible. Me cercioro de lo último cuando escucho juntito a mi oído: "Que le vean la cara, jajaja…"

martes, 15 de abril de 2008

Daniel Leyva dice: “pienso en ti cada vez que pienso”

Esto, que puede parecer algo exagerado, estrambótico, hiperbólico, extravagante, excesivo, disminuye su rumbo (sé que dirán el rumbo no disminuye, cambia) con un “casi”:

Casi pienso en ti cada vez que pienso

Pienso en ti cada vez que casi pienso

Pienso en ti casi cada vez que pienso

Pienso casi en ti cada vez que pienso

Pienso en ti cada vez casi que pienso

Pienso en ti cada vez que pienso. Casi

Ahora lo absurdo se convierte en esa palabra: “pienso”, alimento para el ganado

¿Y si agregamos un "no"?:

No pienso en ti cada vez que pienso
Pienso, no en ti, cada vez que pienso
Pienso en ti cada vez que no pienso
Pienso en ti. No cada vez que pienso
No, pienso en ti cada vez que pienso

Hice esto mismo agregando “tal vez”, “nunca”, “posiblemente”, “amor”… Esto no es escribir ¿o sí?

Debo leer sin inmiscuirme. Nunca he podido.

Daniel Leyva también dice:

“Pienso en ti cada vez que pienso
Tu nombre se esconde entre mis dientes
Como un pez entre el coral
El color de mis ojos es tu cara
Tu piel ocupa el espacio de mi lengua
Terrespirocomoquetebebocomoqueterrespiro…”

Ni saben la de cosas que se me ocurre hacer. Sobre todo con este último verso. Para mí, a veces, esto es leer.

miércoles, 9 de abril de 2008

Parece carta pero es borrador

Las 12:53 de este día lleno de viento, ventana, ventanal, vendaval, vendimia, ven conmigo, ventila, ventea, ventisca, verdea, versifica y ventisquéame… en este miércoles nueve de abril del cero ocho año… ¿Dónde estarás, allá, cuando esto escribo… allí?

(Allí o allá, yo lloviendo es decir llorando, llegando y yéndome, ya ves, la luna llena, llamando a la llama, llenemos de llovizna el llanto. Ay, la llaga)

El viento es solamente “Corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturales”, pero un viento empecinado y pertinaz que llega y se queda por más de tres meses no cabe en esa definición escueta y parca.

Ahora ha traído nubes, hace frío.

Mi padre siempre me ha dicho que el viento es algo serio. Me cuenta que siempre pudo trabajar, con nieve, sol, frío, con lluvia… pero el viento, dice, vuelve loca a la gente, hasta los perros enloquecen bajo las garras descarnadas del aire que se acorrienta y vuela…. El viento se mete a la cabeza, aturde, confunde, uno siente que todo lo hace mal, concluye mi padre.

Y ayer un hombre que siembra habas y tiene algunas vacas me decía que el viento hace que sus depósitos de agua estén llenos, pues los molinos no dejan de dar vueltas… pero el viento no es tan bueno, también me dice, casi susurrando... seca la tierra, se lleva la humedad, arrasa con las flores. Eso me dijo y yo viendo su rostro pensé que el viento agrieta la piel, endurece el cabello, deja los ojos resecos, nos vuelve locos, sí.

Hace días, no se lo achaco al viento (aunque ahora que lo pienso…) ¿conoces el dicho “estoy de un poeta subido”? pues bien, yo no, en todo caso digo que “estoy de un poeta bajado” o algo así, no sé qué me pasa, algo aquí adentrito (tú sí que podrías meter mano para componerlo, estoy casi segura), se me está deshilachando, algo se está haciendo jiritas adentro de mí, húmedas y minúsculas tiras deshiladas, deshabitadas, desoladas serpentinas arrugadas… ya no me uno… me paso los días pensando, deseando, de verdad ansiando escribir...

No corregiré esto porque siento que al quitar, agregar o cambiar, lo que uno quiso decir termina convertido en lo que uno puede querer que los demás lean. Y no siempre coinciden ambas cosas.

Barlovento, sotavento, ventilador, ventosa, ventarrón, ventolera, rompevientos, aventar, lindas palabras…

martes, 8 de abril de 2008

Acertijo (¿hacer tijó?)

cansancio
can
san
cio
(todas las palabras terminadas en cio, cia, cie, se escriben con C)

y es casi lo mismo que cansera (la sinonimia no es perfecta)
can
se
ra
(¿será can?)

Inenarrable cansancio, hastío, fatiga, ausencia de fuerza, tedio, hartazgo, fastidio, aderezado con dolor inlocalizable y deseos de llorar... ¿cómo se llama esto?

viernes, 4 de abril de 2008

Respuesta a un recado- pregunta dejado en este blog en octubre 23 de 2007 (el comentario está en un post de 2006, octubre 13... lo lamento, no lo vi sino hasta ahora y por casualidad):

Marcela, oboista (Alvear): Sí, supongo que puedo asegurar que el Humberto Lavín que buscaste por 20 años es el mismo a quien dedico el poema. En el perfil de este blog está mi correo, puedes escribirme, o en un comentario por favor puedes dejar el tuyo, y yo te digo de Humberto.

lunes, 31 de marzo de 2008

Súplica de la gota:

Estoy aprisionada
en este vaso
cadena transparente
que no permite que corra
cuando cae la lluvia


Ya déjame salir
es demasiado tiempo
sin mirar arroyos