lunes, 23 de octubre de 2006

Trenes nocturnos

En ciertas madrugadas
cuando el sueño no es definitivo
y aún el ruido y los aromas pueden inquietarme
hay trenes que con su silbido me arrancan
a jalones
de ese terreno escabroso
que aún me pertenece
y todavía no es sueño.

Son capítulos de un libro de metal nocturno
parece que acarrearan muertos
como aquellos muertos de novela
o aquellos otros muertos de la vida cierta
y pienso entonces en mis muertos
en todos esos muertos que viajan sabe Dios
en cuáles trenes
mirando quién sabe qué paisajes
detrás de ventanillas que no se abren
diciendo adiós a los que despedimos
su recuerdo.

En ciertas madrugadas
cuando todo podría reencontrarse
y el dormir es casi lo único posible que nos queda
después de los terrores diarios
llega el murmurar profundo del gusano
el paso lento de vagones ronroneando
sobre el riel
y los durmientes.

Nosotros, que dormimos
y tal vez soñamos en amaneceres
como una posibilidad ignota
somos despertados a veces bruscamente
cuando pasan y untan su chirriar nocturno
esos rectangulares espacios
desvelados huecos que se mueven
guiados por caminos de metal.

Quién los lleva
me pregunto
a dónde irán.

Y en el colmo del soñar y despertar a ratos
la representación de un muelle como destino final
llega a mi memoria que duerme e inventa:
un muelle de niebla
con maderas rotas, pobladas de seres
mojados
esperando obtener un pasaje
que pudiera hacerlos despertar
Tal vez son estrellas marinas
que desearían volar

Considero la remota
la lejana
la imposible
brisa
Sostengo la esperanza de una imagen
borrosa entre la bruma del sueño
de mares estrellándose en las ruedas
y vías derritiéndose en la sal.

A veces, esos trenes
desvelados buscadores
de tesoros
desvelados muertos
de las pesadillas
me hacen creer
que ya he muerto
y navego buscando mi tren
mi pedazo de noche
una ventanilla tras la cual mirar
y decir adiós
como todos los que ya no están
traqueteando sobre un camino
de hierro, de piedras y sed

Y en esas ciertas madrugadas de susto
a veces despierto del todo
Y sé:
son trenes cargados de cobre

Me digo:
son cajas reptantes, mensajes que no se reciben
destinos que no son
sino lugares vacíos que se mueven
de allá para acá.

Son trenes resecos
vagones rellenos de aroma profundo
pozos de materia muerta.

sábado, 21 de octubre de 2006

Números para una espera

uno

Repletos de ausencia
llenitos hasta el tope
de recuerdos.

Así te esperamos.

En las noches naufragamos
entre las cenizas
sin madero que nos salve.

dos

Permaneceremos ciegos
hasta verte.

No tendremos tacto
sin tocar tu piel.
ni pies sin caminarte.

No seremos dueños
de la bofetada
sin golpearte.

tres

Así, muecas en la risa
te esperamos.

cuatro

Estaremos rodando en las aceras
seremos blanco fácil
de escupitajos y patadas.

cinco

Indefensos en la espera.


Montón de mentirosos

Las mentiras blanquean el aire de esta noche.

No hay eclipse.

Se envicia el círculo verbal
no salimos
no entramos
no podemos mover un solo dedo.
Solo miramos a los ojos
la manera turbia
del aburrimiento.

Los dioses derrochan sus favores
somos los privilegiados desagradecidos
sin culto
sin sacrificio, sin doncella.

Tú eres un montón de mentirosos.
¿Para qué comerte el corazón?

Nos dieron el lugar, el nombre
nos pusieron el colchón de lluvia
saldamos nuestras deudas, propusimos
tomamos las plumas de colores
pagamos el disfraz
y con tinta despiadada
tatuamos en la lengua
del que hablaba
el oscuro silencio
atravesado por setenta flechas
desechables.

No hay eclipse.
Montón de mentirosos.

¿Para qué quiero tu corazón
si ya no quiero?



El recuerdo es animal siempre despierto
que exige agua y comidita diariamente

Hay que vacunar a nuestro animalito
podría contagiarse de la rabia
que a veces nos invade
cuando nos mete el pie
el recuerdo

Ese animal insomne para siempre

viernes, 20 de octubre de 2006

poema para un gato muerto

estaba muerto
el gato
(era color blanco con manchas grises
o negras
tal vez lo gris era cemento
lo negro sólo sangre seca
y lo que vi blanco pudiera ser la muerte)

no tenía un color el gato
pero estaba
muerto

le brotaba una mueca
de ternura y de miedo
una máscara sucia de fiereza
con una dentadura
que parecía el esqueleto
de un insecto muy flaco
que muriera sonriente después
del apareamiento

estaba tirado el gato
recibiendo indolente
el sol de mediodía
en plena mediacalle
metiéndole el pie a cualquier ojo
tuerto
haciendo con las cuencas podridas
guiños grotescos

se defiende ese gato
y está muerto
sacándole la lengua maloliente
a los que pasan sin ningún muerto
a cuestas
que en la mirada les duela
cuando voltean por descuido
y ven
sólo un pobre gato
descolorido
golpeado
y para colmo:
muerto

jueves, 19 de octubre de 2006

Destino

Ya todos estos escalones
suben, bajan por su cuenta
y extienden su caricia acompasada
en oscuros pasillos
alfombrados de amapolas
........................muertas

No puedo avanzar ni leve
ni violentamente
es escozor el tiempo que paso
..............................atenazada
por el deseo de llegar al gozo
que me espera
al fin de esta escalera
.......................in
.........................ter
............................mi
..............................na
................................ble



Crees que resulta fácil
pensar que mueres
y al frío roce de la piel
te muestras asombrado
cuando ves qué fácil
es escuchar
al viento quejumbroso
en la distancia

y te piensas árbol
derribado por el rayo
y te crees pez nadando en un desierto

pero no mueres
es sólo el día
que otra vez pasa


adentro de mis ojos
mis oídos, mi boca, mi garganta
hay un suicida

que se arrastra, que se cuelga, traga mil venenos
se corta las venas, urde posiciones
se pica en soledad, se carcome en el dolor
se devora las uñas en la angustia

dentro de mi vida
hay un suicida que no muere

y por lo tanto
muere siempre


Son quién sabe cuántas horas
derrochadas
de este día

Ya hace sol
y desde anoche
no es tu piel
mi almohada.

Para R C

Estrella de mar
brillando en la salada noche
cúmpleme un deseo:
sé fugaz
y encandila para mí
a ese hombre

Aprendizajes:

Aprendí del deseo
por tu cuerpo

Y de los gatos
el maullar
y los silencios


Gracias al abismo de la muerte
aprendí a llorar más quedo y lastimoso

como lloro aún

( pero muy pocas veces)




¿A dónde te me fuiste mientras me quedaba?
¿Dónde te quedaste mientras me venía?

Yo soy alguien
que en la noche tiembla
porque no hay espacio
ni piel
ni tiempo
que me sostenga

miércoles, 18 de octubre de 2006

Puerta de Entrada

Mariposas ciegas
tocan con sus alas rotas

a mi puerta

Abro las ventanas para que entren
y tomen un café conmigo
que estoy sola
y hace viento

pero ellas se empecinan
en seguir con su diatriba táctil
a mi puerta

Llamo al perro
para que las corra a dentelladas
y no viene
parece ser que por ciertas caninas razones
él también prefiere la entrada por la puerta

El gato sí querría seguro
espantarlas con maullidos
y en caso de suicida terquedad
deshacerlas con sus uñas rojas

Pienso

Y a fin de cuentas no lo llamo
porque me molesta el polvo
de las mariposas muertas
que sella mi puerta

Entro y salgo por ventanas
chimena, tubos de ventilación
mangueras...

Pero ya nunca por la puerta


Las mariposas ciegas no lo entienden
y siguen tocando con sus alas rotas
a mi puerta.

martes, 17 de octubre de 2006

versiones para un desencuentro

primera:

Me dieron ganas de encontrarte
acorralado
luchando por quitar de tu memoria
el raro mecanismo de tu miedo;

me dieron ganas de encontrar
tu llanto en la congoja
de este día gris y moribundo
y, sólo hasta ahora, dolerme de tus ojos.


segunda:

Me dieron ganas de no hallarte
nunca.

Ni siquiera allí
donde el mar se desbarata
y se construye
en olas.



En el cuerpo de un hombre
una mujer puede hallar
agua para beber
o sed


estos días desde que me faltas
me duelen
como una astilla clavada
en el ojo
derecho

la noche es un desierto mojado
y en él
se ahoga tu recuerdo

recogí del viento los pétalos
para reconstruir la margarita
mientras digo
sí, sí, sí

así

amor

lunes, 16 de octubre de 2006

Enumeración de nuestra casa

1

Paredes de papel
desvencijadas
Ladrillos de aire tibio
temerosos de caer
ante el menor aliento.

Ventanas de rocío dibujadas en la niebla.

La lluvia es la cortina
y el cristal es un respiro.

2

El techo se nos hace nube a cada rato
y se nos viene encima
cuando hablamos fuerte
y si gritamos
nos cae en la cabeza encenizándonos
desde las uñas de los pies
al último cabello de la nuca.

3

No tenemos puerta
sólo este cruel candado
nos mete el pie si pretendemos
la salida.

Es una cerradura de vapor helado.
no se deshace su neblina
ni con alaridos
ni pedradas.
Con nada nos deja el paso libre.

4

Así está
la casa que se cae constantemente.
Así está la cama
sostenida por aguajes dulces.
Así estamos tanto
que flotamos
y la silla...

5

Que se cae la casa
con todo lo que tiene adentro
con todos los gemidos
su piso
y sus helechos.

Se derrumba nuestra casa
el espejo empañado
y el espacio lento.

Se nos cae y las almohadas
nos asfixian
las veredas húmedas
que llevan hasta el sueño.

6

Y a pesar de no dormir
y no tener el aire suficiente.

Aunque tenemos la ceniza
hasta en la lengua
la lluvia en el cabello
el papel aleteando en los oídos
el respiro encristalado en la mirada
y el ombligo lleno de agua.

A pesar de los derrumbes diarios
de las explosiones tenues
y del llanto...

7

Un candado de vapor helado
impide que salgamos.
no deja que corramos
cada uno por su lado.

Este candado con su llave adentro
no permite que perdamos
de los ojos
uno
al otro.

viernes, 13 de octubre de 2006

En el hipocampo

Quiero un tren

Quiero un tren en la memoria
y no lo tengo

No puede mi recuerdo
hacer llegar al puerto enmohecido
ni el naufragio
ni la sal
que no sentí en la piel
porque no tuve
nunca fui, no he sido
náufrago, sirena
ni ola nunca tuve

Hurgo en el pasado
desentraño oscuras imágenes
hay ríos, serpientes gorgoteando
que me dicen que no están, que no estuvieron
y rostros ajenos con mirada de fotografía vieja, dolorida
y ni un solo tren
en mi memoria
ni un ahogo en la profundidad salada

Las casas de mi infancia
y los relámpagos
ruedan por los arroyos llenos de polvo caliente
pero en la herrumbre del tiempo
no hay trenes
para poder por fin largarme de esta ausencia
que me cansa

Quiero un tren y no lo tengo

El tren con remolinos y ventanas
redondos o cuadrados agujeros
sepulturas de paisajes y recuerdos

Quiero un tren.

jueves, 12 de octubre de 2006

A Humberto Lavín

La sal de los inviernos

Nos llevará algún tiempo.
Cualquier memoria requiere
más que un silabario
entumecido
en las paredes de los cuerpos.

Parece que no sirven ya
los puentes
ni el añejo miedo a los suicidas
impide que calcule cuántas melodías
has escrito
en el infierno
o en el cielo si compones
si te encuentras
si aún.

Hay verbos y palabras imposibles
que no dejan.
Letras y sonidos
angustias y significados
rasgando las velas con las uñas dulces
para que no zarpen
las naves.
Para que sigamos.

Aquí.

La nieve es blanca
las sombras suelen ser oscuros
jirones de terror nocturno
que rondan por los callejones
el viento sopla
los perros mueren solitarios
las espinas pinchan
nosotros caminamos
otros duermen
despacito
algunos ríen.

Las tardes son ancianas silenciosas
tejiendo despedidas
la noche es un lugar
lleno de ruido
no hay nada que pueda llamarse
descanso.

Los carnavales
allá en la lejanía
presumen su amarillo.
Aquí
vestido de nubes cargadas
con olvidos
el gris lo cubre todo.

Elijo con cuidado las palabras
las bautizo con significados aparentes:
astrolabio: azul amate
barquillo bermellón: borato
escribo con espejos
guayabas y gardenias
humedecidas humaredas
tortuga-torre, torrencial-trasbordo.
me envuelvo en los sonidos
parece que enloquezco
ya no entiendo:
frontera, profuso unisonar
félido, cajones, silepsis, vegetar
lastre necromancia
ver (de) fenecido.
Muerto.
Difunto.
Cadáver y qué más.

En el recuerdo eres añil rocío
que agoniza a mediodía
el olor a sal de los inviernos.
el frío del metal.

Nos llevará algún tiempo.
porque la música ya nunca.
porque tus manos jamás.

miércoles, 11 de octubre de 2006

Una vez hace algún tiempo en ese lugar llamado fábula donde los animales hablan y nos enseñan moral, a una mamá cuervo se le perdió un hijito, así que anduvo buscando y preguntando hasta que alguien (otro animal, claro) le pregunta cómo es el cuervito perdido y ella responde: “es chiquito, mira con ternura, sus plumas brillan como el sol, es más bello que un cisne… Ah no, yo lo que vi fue a un cuervucho flaco, bizco y con pocas plumas, iba por el río… “¡Es mi hijo, es mi hijo!” –dice la mamá cuervo corriendo a encontrar al cuervo más bello: el suyo.

Cuando una madre ve a su hijo se desconecta la zona cerebral donde se encuentra la capacidad de juicio crítico. Hasta Mariana lo sabe con otras palabras desde hace tiempo, ¿sabes que tú eres la niña más hermosa? le pregunto… sí, ya sé ¿y cómo lo sabes? Porque cada mamá tiene al hijo más hermoso del mundo, el de ella, me dice. Si continúo explicándole así la vida, como si de literatura se tratara, sospecho que nunca me creerá.

Esto pasa en menor medida con los amigos también, no vemos sus defectos, algo se nos desconecta cuando los pensamos, hablamos con ellos o los miramos. Mis amigos son casi perfectos (guapos, simpáticos, talentosos, casi los mejores), me complace tenerlos. La diferencia es que la zona cerebral del juicio crítico no se desconecta permanentemente con ellos. De eso no quiero hablar.
Con los hijos sí es para siempre la desconexión. Santiago será siempre el niño, joven hombre más bello, siempre que yo lo vea. No hay otra niña tan linda como Mariana y así será siempre. Para mí.

Y me pregunto. ¿Qué pasa cuando amamos? ¿El ser amado (ohohoh, lugar más común no encontré) tiene acaso defectos? … Es hermoso, es bueno, gentil y dulce… y además es muy inteligente, mira bonito, huele bien, su voz es sexi.

¿Qué más pedir a nuestro cerebro?
Las estrategias para la preservación de la especie dan esos alicientes y más, tienen razón.

Mejor un poema:


Manos

Soñé que era un pulpo
y en ese lugar oscuro
hueco húmedo y callado
que desconozco
y que soy yo
por dentro
tres fuertes corazones
se agitaban locamente

soñé que era un pulpo
y que podía moverme
en las aguas de un mar frío
con la fácil apariencia
de embriaguez
en los ahogados

soñé que era un pulpo y que podía
llenar la vida con tinta
al ritmo entusiasta de mis ocho
tentáculos

pero he despertado y no encuentro
ni adentro de mí
ni en la piel mojada
ni en la cama
algo que por su color o movimiento
o que en su mirar denuncie
a un corazón latiendo

pero he despertado y mis manos
que sólo son las dos de siempre
únicamente pueden
con torpeza
derramar regueros de tinta
en los papeles ya muertos


Quisiera poder
de nuevo
dormir

martes, 10 de octubre de 2006

En esta noche dulce

ni el perro reconoce el olor
de mi gemido.

Parece que el mundo se volteó
de espaldas
esta noche calurosa
para no mirar ni de reojo hacia el lugar
que habitan mis pisadas

En esta oscuridad enmielada
no me reconoce la luna
ni mi voz, ni las palabras

En esta noche de regreso
cuando paso
y aspiro el perfumado murmullo
del olvido
soy una especie de fantasma
clandestino
un vaho que no es
sino rumor difuso
solitario



Ven

A ver si vuelvo a sentir algo
a ver si con tus manos
me transformo en polvo lloviznado

Ven
a ver si con tu voz
sobre mi lengua
me vuelvo agüita azucarada

Ven
A ver si resucito
con tu aroma



Parecen iguales (pero no)

Éste:

Te tomo y te desgajo
entre mis dedos
escurres jugos ardorosos
que se caen
de gajo en gajo


Y éste otro:

Exprimo con los dedos torpes
de mi mano sabia
el jugo
que cuelga a jirones
de los gajos
en que te conviertes cuando
exprimo con los dedos sabios
de mi mano torpe...

Anochece la lluvia entera
y me dispongo a soltar los nudos
para recordar tus gotas

lunes, 9 de octubre de 2006

Vocal bucal


Un camión repartidor de refrescos se llevó consigo un poste cercano a mi casa y nos dejó sin luz (quiero decir sin música, sin leer, sin escribir, sin tele, sin luz en la mesa… con sólo unas velas en mi casa oscura a mediodía). Así estuvimos todo el sábado y parte del domingo. En la tarde del sábado, bajé a mi recámara a pensar, a descansar, recostada en mi cama… así estaba cuando oí los pasos cautelosos de Mariana que llega y se acurruca en mí, la abrazo y me dice estás dormida, no, abre la boca me pide al tiempo que busca mis labios con sus dedos siempre dulces, sin desconfianza obedezco y ella mete… algo ¿qué es?
Allí me doy cuenta por primera vez de la oscuridad, de lo oscuro que está el mundo, de que no hay luz, que no veo nada, que tengo en la boca algo que no sé qué es. Es pequeño, unos centímetros, mi lengua me dice que es una cuenta de collar, pero también me dice que tal vez sea cristal, aunque luego rectifica y me dice que no, no es frío, parece pulido, no tiene aristas, pero no es redondo, forma hexagonal… tal vez. Le doy vueltas en la oscuridad caliente y húmeda de mi boca, mi lengua no lo reconoce, envía señales confusas, temo morder porque parece demasiado sólido ¿qué es? Pregunto a Mariana, y ella sólo ríe quedito… Y decido apretar los dientes en el desconocido objeto, lo hago con cuidado, y al hacerlo, adentro de mi boca se derrama el placer, es dulce y líquido.

¿Te gustó, quieres más? Sí, claro, respondo apabullada por las sensaciones y Mariana de nuevo con sus siempre dulces dedos me da a comer un puñado de granos.

De granada dulce y roja (granate).
De granada sostenida y líquida.

Aquí está muy oscuro dice. Luego se va.


Va un poema sin dedicatoria (y sin título):


Cansada de tenerte
tanto y tanto
............................harta detenerte tanto
de nadar en tu saliva
............................en versos detenerte
tanto y de tanto tenerte
............................en mis deseos tanto
exhausta de tenerte
............................en mis dedos detenerte
de tenerte sólo en sueños
............................y en mi lengua
........................... tanto detenerte
entre mentiras
de tenerte
............................tanto

sábado, 7 de octubre de 2006

Esta noche quisiera
más que nada
tener tus ojos cerca
poder poner mi boca sobre ti
y morderte.


Ve tú a saber

Ve tú a saber, amor
de dónde sacaremos filo
para cortar tanto ombligo
que anda suelto.

Ve tú a saber, amor
si el tiempo
retornará a secar
el llanto de los perros.

Ve tú a saber, amor
cuál de los nombres
repicará con armonía
en este lodazal de tu memoria.

Ve tú a saber, amor
cuándo estos dedos
podrán estrangularte
dulcemente.

Ve tú a saber, amor.



Llueve

Me tiro de cabeza
a darme un chapuzón
entre tus piernas

viernes, 6 de octubre de 2006

Por favor, platícame
cuéntame ese cuento de mi muerte
dime que aún no llega

quiero que tu lengua certifique
mi respiro
mis palpitaciones

muerde esta manzana que es mi cuerpo
y dime
declárame en la vida:

viva



No eres tú el que moja mi entrepierna
no eres quien me vuela en los límites del desconcierto
no eres tú y sin embargo
contra esta certeza de saber que no eres tú
no sé quién sea éste
que yo quisiera fueras tú.

Porque si tú no eres
quién es éste
que moja mi entrepierna
y tiene en su lengua tu textura



Si cuando mojas el dedo gordo
de mi pie en tu boca
pudieras hablar
tal vez dirías:

Qué sabor salado
que ternezas me esculcan
el recuerdo
cuando lamo la tierra
que juntaste
en el camino




Mi corazón es liviano
es pluma de buitre
manchado.


No sé qué voz escucho
que me dice susurrando y en sollozos
que me tire
que me estoy tardando

que el abismo
nunca espera



A veces siento miedo
de que un día
los pájaros que crías con esmero
me coman la cabeza




Todo se me está muriendo
te invitamos al café

Corta este diente de león

También



Trituré incontables hielos con mis dientes
muchos limones chupé
y mil y otras gotas lamí

Tú a mi boca ¿qué le ofreces?

lunes, 2 de octubre de 2006

¿Habrán enmudecido los atardeceres o yo estaré más sorda cada vez?
Hace años que no sonambuleo. Los caminos a ciegas ya no atraen mis pasos.

He sido barco
naufragado sin tu piel
sin tu sudor en diez tormentas
en veinte tempestades sin tu lengua
en mil noches serenas
sin tu bandera me hundo
sin tu faro estoy perdida
sin timón
que me contenga he sido barco
naufragado
¿Cuándo vienes
y me coges
mano?
porque estoy al borde del abismo.
Y tiemblo


No hallo, no puedo
no sé
no quiero
no encuentro
no veo
no entiendo

no me queda claro el mundo
no aprendo a vivir
me muero viviendo
Mis amigos

El puente espera
tiene fríos los pies
hundidos en el agua
desde hace mucho tiempo

Las piedras que lo forman
crujen porque los días
con furia las golpean

Hay que apresurarse
cruzar a los niños
nuevecitos y calientes
y dejar atrás el recuerdo
lo tantas veces dicho, el estorbo

Ya la luna sale
el puente se ha desvanecido
aullando lo vimos
desaparecer

Quedamos solitos
ante el mar y el viento
mirando nuestras largas uñas sucias

No hemos muerto porque somos muchos
los que no hemos podido cruzar
eso parece suficiente

Lo es.

viernes, 29 de septiembre de 2006

Los amados

No tienen ya nada que decirse
la última palabra voló cual diente de león
quemada por el sol de algún verano

y buscan entre el lodo y el silencio
gestos
miradas
o saliva

que puedan compartir
hoy que es invierno
siempre lluvioso

cuando te fuiste
me quedé como ventana
abierta

y el mar llegó de pronto
se metió poco a poco
me dejó salada
y fría

para siempre

camino y siento que me miras

no sé qué mirarás
si el cabello
mis zapatos
las huellas que los pies avientan sobre el lodo
las nalgas, mis piernas o el vestido

lo que sea que ahora mires
no volverá

nunca

contigo

Fui la flor, aquella...

Perdida para siempre de tu olfato
ajena de tu tacto para siempre

Alguien pasa y tira piedras
Yo no sé de dónde vienen las pedradas

Todos ríen
A todos les cuentan cuentos

(Cuentos que son como pedradas
en los humedecidos techos del invierno)

Alguien pasa pateando piedras
tratando de esquivar el ruido
de mi llanto

Entibiado como palomita
en las manos memoriosas
duerme el deseo
que por ti movió mi vida

alguna vez

Un día

No creo en fantasías
ya no más

pero a veces
me asaltan
en cualquier esquina
los perros
y son silenciosos animales
que no ladran
sólo me babean
me llenan todo el cuerpo
de sus inmundicias transparentes
y no quiero creer que estos perros existen
pero tampoco que son
producto de mi fantasía
porque ya no creo en fantasías

dejé de hacerlo
hace algún tiempo

anoche dejé de quererte
de improviso

ahora estoy como tortuga
liberada del caparazón
al descubierto
sin ese fardo encima
pero expuesta, desvalida

desde anoche
no tengo escudo
ya no te quiero más

miércoles, 27 de septiembre de 2006

A veces somos afortunados seres besadores. Y sabemos que cuando los labios besan mucho se inflaman, palpitan y sentimos que no son nuestros (y es que, siéndolo, no lo fueron, y recuerdan esa otra pertenencia)… están adormecidos, rojos, vivos. La lengua se supo apreciada, la saliva conoció otro sabor (es tan dulce ese otro sabor), viajó hacia otra boca, mojó dientes que siempre le estuvieron lejanos en un espacio que ahora pudo recorrer a su antojo. Después de besar, rozar, oprimir, tal vez lamer, y morder, los labios, la boca, los dientes quedan huérfanos. Es como la lluvia, podemos decir cuánta agua, preguntarnos cuándo parará, decir tal vez estamos hartos... y basta sólo un día de sequía para extrañar ese derrumbe cristalino... ¿no lloverá ya nunca?

La boca si no besa experimenta en la epidermis los recuerdos y de pronto está rozando al aire,queriendo que el aire la bese... todo pasa y a veces ni nos damos cuenta...

Total, si no besamos a los labios no les pasa nada, se van acostumbrando al desapego, a un mismo sabor, a adormecerse de otra forma. Pero nosotros, si nuestros labios ya no besan ¿qué hacemos?

Sólo una cosa se me ocurre: llorar

martes, 26 de septiembre de 2006

A las dos

Caminar es algo que hacemos bien, con ganas. Así, íbamos de mañana, Mariana y yo caminando cuando al pasar una esquina, sentí que ella volteó, presentí su sobresalto y no dije nada, dio dos tres pasos más y volteó de nuevo, buscó mi mano y me dijo mamá, la sombra de aquel muchacho tiene cara… mi estómago dio un vuelco, vi ante mí la posibilidad de una maravilla, en un instante pensé qué hacer o no hacer nada… y entonces volteé.

En efecto, sentado en la banqueta, un escalón más bien, estaba un joven, atrás de él, su sombra, oscura como debe ser, con rostro como no debe ser… Flotando en el asombro nos detuvimos las dos a mirar.

Y entonces me di cuenta, aquello no era sombra. Era otro joven sumergido en la sombra proyectada por el edificio frente al que estaban; acuclillado atrás, casi en la misma posición del primero, en la casi oscuridad, sólo se le veía en su cuerpo oscurecido el rostro en penumbras.

Quise no haber descubierto el truco, quise no habérselo dicho a Mariana, pero por el susto se lo dije.

Aunque sé que ella, al igual que yo, disfrutó con emoción ese momento de fantasía que la rutina diaria nos regaló. A las dos.

lunes, 25 de septiembre de 2006

(Evodio en la nieve con la mujer de Ugo)

“Insistió en llegar a comprar nieve… Pero si está nevando, dije débilmente… No importa, allí está abierto, vamos, a Ugo le gusta mucho. Vendían en recipientes individuales, salimos de allí con tres.
Antes de llegar, oímos el sax. Las notas desgarraban la mañana como intentaba hacer el sol. Entramos al calorcito del departamento, ella con su alegría desconcertante, yo sin saber, como nunca supe, qué hacer, qué decir. Te trajimos nieve, amor… Veo cómo Ugo se levanta, pone el sax en el atril, me da su mano cálida y su afecto… y besa a su mujer, la que pasó la noche conmigo, la que se sienta sobre la cama a comer nieve y nos invita a que lo hagamos también, mientras se quita de encima el abrigo, el gorro, la bufanda, los guantes…
Ellos se convidan cucharaditas de sus vasos, luego se lamen uno al otro, una gotita aquí, otra más allá, hasta que se olvidan de la nieve y se pierden en los besos, largos, húmedos, calientes y las manos… Cuando empiezan a desvestirse, me convenzo de que olvidaron mi presencia y empiezo a escurrirme hacia fuera. Me acuclillo en el suelo nevado, como perro con sarna y solo. Helándome y sin sentir.

Me comí la desconsolada nieve que yo mismo escogí con pedacitos de nuez melancólica, sus lágrimas me supieron más tristes que el olor salado del saxofón cuando llegamos…”

De Evodio, el diario

viernes, 22 de septiembre de 2006

Otoño

Íbamos a subir la calle, volteé como lo hago siempre, como siempre debo hacer, para ver el tráfico que allí es sólo en una dirección, de bajada. Allá arriba, como a cien metros pude ver la iglesia y el sol que diariamente nos encandila a las siete de la mañana, medio escondido atrás de algunas nubes grises. De la iglesia salieron volando palomas, diez, veinte, creo que eran más… un gato pasó frente a nosotras y me disfrazaré de gato negro, me atravesaré en el camino de todos para darles mala suerte, dice Mariana gozando anticipadamente con su mirada pícara… la miro admirada y digo casi con desgano , esos son cuentos no te creas… ay, mamá, ya sé me dice ella, más asombrada por mi aclaración a destiempo, luego se ríe. Y me recuerdo no ponerme en su camino cuando ande maullando negramente queriendo asustar. Mi gato de la buena suerte.

El viernes como hoy es de mala suerte y un martes no te cases ni te embarques, ni pases nunca debajo de una escalera, ni tires sal, ni quiebres espejos, ni saques la lengua, ni comas amapolas, tampoco debes mirar al camino de frente, ni picarte la nariz, ni enamorarte de hombres con bigote…

No te levantes con el pie izquierdo, dicen. Santiago es zurdo y amo eso. Los murciélagos siempre dan vuelta a la izquierda cuando salen de una cueva y qué importa saberlo. A mí sí me importa. También me importa que son las once once, no puedo dejar de percibirlo. El número cuatro, o el dos duplicado o cuatro veces el número uno...

Las palomas que salieron volando hoy a las siete de la mañana eran un buen augurio. Eran diez o muchas más. El sol apenas se veía entre las nubes grises y el gato blanco que se nos atravesó también llevaba frío como nosotras, en este primer día de otoño.

miércoles, 20 de septiembre de 2006

Plof

Las siete de la oscura tarde, o de la noche temprana. Llego a la casa y está cerrada, no hay nadie; es tan poco usual este fenómeno que no tengo llave, nunca he tenido. Así que me instalo sentada en una silla del porche, a esperar, viendo hacia el jardín y a la gente que pasa y me doy cuenta de que todos van hacia abajo, entrando al barrio después del día. Antes de que la noche nos alcance corremos a refugiarnos a la cueva, digo casa, digo calor, compañía o váyase a saber qué van persiguiendo los hombres y mujeres que por aquí pasan, entran a este barrio, recogiendo las migajas de tiempo que hace horas soltaron para que los ayudaran al regreso.
Oigo las peras caer. Es un sonido peculiar, desagradable, suenan plof. Así nunca hará al caer una manzana o un membrillo, el durazno menos que casi nunca cae. Pero la pera, a la menor provocación ya va cayendo hacia el suelo, en su vocación de desastre inminente se deja robar lo intacto con tal de sentir la velocidad esa única vez, la caricia del gran golpe, plof…

Cerca de mis pies cayó una pera, pequeñita como lo son todas de este peral, peritas de San Juan les llaman, la veo detenidamente, con desconfianza y decido levantarla para verla de cerca, la limpio, intento olerla y casi sin querer la muerdo, la piel es muy delgada, frágil y la pulpa… inofensivamente dulce, solita se va deshaciendo entre los dientes, sin masticarla, en tres o cuatro mordidas se va… y allá está otra pera que ha caído, la recojo… otra más…

Ha pasado casi una hora y aquí estoy esperando, y me pregunto angustiada: ¿me quedaré por siempre en la oscuridad, sola, con frío…. y comiendo peras que ni me gustan?

martes, 19 de septiembre de 2006

Mojar la oscuridad
“Querernos cuando llueva
para que llueva a gusto”
Tomás Segovia
"Anoche soñamos que llovía..."
Pina
Y luego, inventé la lluvia. No duermo fácilmente y hacía más de una hora que tú sí dormías, terca y apaciblemente. Eso parecía. Y lo decidí:
Hasta que cayó la primera gota: tímida y lejana. Las otras vinieron después, con desenfado y ritmo. Las escuché caer unos minutos, sentí cómo mojaban las hojas de la higuera y resbalaban a la tierra seca, sentí en las manos el descender de cada fragmento acuoso, derritiendo el paisaje, mojando la oscuridad, deshaciendo mi tacto.
Llovía y te llamé: Amor, está lloviendo. Te sentaste somnoliento y escuchaste, oíste las gotas, oliste la tierra mojada, dijiste qué frío, me medio miraste y acostándote acurrucado, de nuevo te dormiste. Amor –insistí, tienes que cerrar la ventana, el agua se está metiendo. Logré que abandonaras el lecho (el hecho helecho) y cerraste casi con enojo la ventana. Chin, ya me mojé, murmuraste y caíste de cabeza al sueño retomando tal vez el otro sueño, en el que yo no estaba, o sí. Pero claro que no estaba: en esos momentos hacía llover.
No quiero despertar, hice llover tanto hasta que logré cerrar los ojos e irme... deseo disfrutar mi merecido descanso. Pero despierto. Y aún duermes, te sacudo brevemente: amorcito, ya es es hora.
Entre bostezos me miras, qué extraño, anoche soñé que llovía y me pediste que cerrara la ventana... dices acusadoramente.
No, lluvia de dónde, está un solazo (me solazo en tu desconcierto). Ya levantémonos.
Y cubro con la sábana al destaparme el breve charco que ha quedado junto a la ventana.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

"...what a wonderful world."


Para Omar Pimienta, porque siempre lo recuerdo cuando veo una bella planta con flores rojas que se llama arete y que mi madre trajo hace muchos años de Tijuana, desde la Col. Libertad.

La noche toda ha sido llovida. Al levantarme, descubro maravillada que estamos adentro de una burbuja nebulosa. Salgo al porche trasero de mi casa y viviendo en la madera hay charcos que no esquivo, me asomo al corral y abajo me espera un gozo: las flores, brocados, laureles, geranios, madreselva, rosas, trompillos morados, lilas, azules… el verdor es un tigre que me salta encima, me engulle y permite que en su interior flote con los frutos, el árbol de arándanos tan esbelto y cargado de bolitas anaranjadas, la granada y sus rojos regalos llenos de sabrosos granos llenos de jugo, los duraznos, el membrillo amarilleando, las peras que caen todo el día, que se derrumban por las noches. Y los higos.
En todos los corrales se desborda el verde y en los jardines se está derramando el perfume, mientras la niebla se convierte en manto que nos envuelve húmedamente. Estamos adentro de una de las más bellas canicas que he visto.

Yo soy el durazno, así se llama un cuento que una flor nos narra acerca de su nacimiento, cómo crece y cambia de color , su madurez, el posterior traslado a un mercado multicolor, la elección de un niño que lo compra entre todos los otros coloridos y olorosos frutos, cómo es comido y saboreado por el niño, que siembra la semilla, lo cuida, riega… y vuelta a empezar, a la flor…
Liquen, musgo, hongos, moho, hierba, quelites, zacate, girasoles, dientes de león hacen que los caminos con Mariana se extiendan como si nunca fuéramos a llegar, oliendo, acariciando, conociendo nombres níspero, inventándolos patas de gallo, poniéndonos aretes florales (lo hice muchas veces, de niña). La confetidura siempre nos atrapa con sus ramos, somos florecitas. Chupamos la miel de la madreselva, somos abejas.

He comido tantos duraznos, mi fruta preferida, diría Mariana con su afán de clasificar, que estoy segura de que huelo a durazno, abro la boca y siento que exhalo el aroma de lo que tanto he comido durante dos meses o algo así. Los duraznos han estado a mi alcance diariamente, duraznos de a de veras, de casa, con taco rojo, con pulpa blanca, con piel amarilla, con gusano, dulces, sin gusano, ácidos, blandos, macizos, en mi casa, en los corrales de las casas vecinas, vendidos en la calle, o casi regalados, o regalados por amigos y parientes… Soy el durazno.

martes, 12 de septiembre de 2006

Sólo existen 5000 tigres

“Un huracán de tigres contra el mundo,
eso será el final; una rayada hoguera,
alguna lluvia de colmillos mayores,
un torrente de zarpas,
un resplandor solar hecho cuchillos
navajas libres de barbero.”
Eduardo Lizalde

Pero ¿y mi tigre? Estará adentro de ese número y por mí espera como me dijo. O será de los tigres que ya no están contando. Ni números ni letras. Tal vez los tigres que ya no están en esta tierra estarán en Plutón… quién sabe a dónde fueron. Yo deseo que mi tigre no se haya ido muy lejos. Para estirar la mano en alguna noche de estas y poder tocar su zarpa siempre tierna.

lunes, 11 de septiembre de 2006

(Evodio mira a las mujeres bailar sobre el polvo)


"Las mujeres se descalzan y yo tiemblo. El polvo rodea sus dedos, acaricia los poros sudorosos y los cubre.
Ellas bailan desaforadamente, con pasos ebrios entre la polvareda y yo ansío, con burbujas anhelantes en la saliva, lamer sus uñas, recoger de entre los dedos la textura lodosa del polvo y el sudor mezclados con el baile…"

De Evodio, el diario

jueves, 7 de septiembre de 2006

"recuerdo que vagué y bailé desnuda
en almohadas y sábanas que nunca fueron mías
porque buscaba escapar
de los amaneceres crueles…”

Ía L.

miércoles, 6 de septiembre de 2006

Para Pina, un fragmento que le gustará de un cuento de Hans Christian Andersen:

A la mañana siguiente le preguntaron como había dormido. "¡Oh! terriblemente mal¡" respondió la princesa. "¡Casi no he podido pegar ojo en toda la noche¡. ¡Dios sabrá lo que había en la cama¡!he dormido encima de algo tan duro que tengo el cuerpo lleno de magulladuras y moretones¡!Ha sido algo espantoso!.
Así pudieron comprobar todos que era una princesa de verdad, ya que tan solo una auténtica princesa puede notar la presencia de un guisante a través de veinte colchones y veinte edredones. ¡Solo una auténtica princesa puede ser tan delicada y sensible!.
De modo que el príncipe se casó con ella, seguro de haber conseguido lo que buscaba. En cuanto al guisante, lo guardaron en la cámara del tesoro, donde debe seguir todavía, si nadie se lo ha llevado. ¡Y esta sí es una historia auténtica y verdadera


Y colorín, colorado...

martes, 5 de septiembre de 2006

Mentiras, 1

Esto me lo dijo una amiga:
Hay niños que dicen que quieren ser bombero, buzo, enfermera. Yo no recuerdo nunca haber deseado ser de grande doctora, ni salvavidas, cocinera, policía, maestra… sé que deseé para mi futuro una casita cerca de algún mar, tener muchos amigos, ser bonita, pintar, ser feliz, esos deseos… no soñaba con profesión u ocupación alguna. Nunca, nunca quise escribir, nunca me dije: “cuando sea grande quiero ser escritora…”
Y sin embargo, aquí estoy, después de todos los años transcurridos; reviso minuciosamente lo que estoy haciendo y descubro con sobresalto que escribo: escribo siempre. Lo único que hago es escribir. Cuando camino por la calle no camino, escribo con cuál palabra mi pie derecho se mueve antes que el izquierdo, pongo una coma antes de cruzar la calle, un punto y aparte al llegar a mi destino e inicio un nuevo párrafo… no miro las nubes, pienso cuáles adjetivos usar para describirlas… y si topo con un perro muerto, mi único temor es no encontrar el verbo que mejor me haga decir aquélla muerte allí tirada… cada mano que muevo para avanzar, la escribo antes, el camino es para mí un cuaderno…
La escuché detenida y cortésmente. No pude decirle que mientras ella hablaba yo me entretenía en construir el borrador de lo que me decía, eligiendo las palabras, colocando con fruición una coma aquí, otra allá, punteando cual si bordara, buscando con afán adverbios para ubicar su narración, coloreando con adjetivos por mí seleccionados sus sustantivos. Pensando aquí va un guión, aquí intercalo exclamaciones, pendiente de acentuar correctamente. Intercambiando las palabras que ella me dice por las que yo uso siempre, como lo hice en los anteriores párrafos. Ja, si mi amiga ni siquiera mencionó el término palabra, ella dijo, literalmente: “siento que no vivo más que cuando puedo hablar de lo que estoy viviendo”, ya luego me explicó por un buen rato su desesperación cuando no encuentra cómo decir su vida.

Y yo me descolgué por esa idea, me resbalé de inmediato por la posibilidad de hablar del hecho de que yo no vivo más que cuando no puedo describir lo que vivo. Cuando no sé qué es lo que siento, cuando algo me maravilla tanto que no puedo vaciarlo o transformarlo por lo menos no de inmediato en palabras, es cuando estoy viva. Todo lo demás es literatura, puro invento.

lunes, 4 de septiembre de 2006

Tango blandengue

Me levanto aún dormida alguna noche y en la penumbra espesa y fría, me muevo a tientas, buscando, con los brazos extendidos del sonámbulo, del que lleva cubiertos los ojos para jugar la gallina ciega, tratando de hallarte en el universo onírico donde empecé a buscarte. Topo contigo. y te reconozco, allí estás, con tus brazos fuertes que me abrazarán. Apoyo mi cabeza en tu pecho y suspiro porque por fin llegué. A un puerto, yo, barquito de papel que soy, me siento anclada porque tus manos me sostienen, me liberan de la oscuridad, me llevan a aguas seguras, aspiro tu olor dulce, suspiro y me relajo, buscando que me acunes.

Pero inevitablemente despierto. Y es de madrugada y estoy allí, con la frente apoyada en una pared que no me toca, ni me protege ni me da calor, y adolorida, cansada, regreso a la cama, al mar violento del insomnio.

sábado, 2 de septiembre de 2006

Erizada ventana
"El erizo dormía y dormía y sólo despertaba para el desayuno. lamía gustoso un poco de leche, miraba en derredor, muy contento, y se volvía a dormir.", Ludwig Askenazy

Las ventanas son un espacio mágico. Pueden abrirse y pueden cerrarse, pueden seguir siendo ventanas sin realizar ninguna de estas dos acciones. Sirven para ver y para dejar de ver. Pueden usarse para entrar o para salir. Para acercarse a la lluvia, para alejar un poco el calor.

Ahora, sin embargo, me pregunto cómo sería quedarme frente a esta ventana, mirando solamente, sin entrar ni salir, sin sentir frío ni calor, mirando solamente cómo las estaciones pasan y son sólo ráfagas, cómo pasa la vida, cómo se mueve el mundo, cómo corre el tiempo, cómo vuela la nube, como cae la lluvia… solamente mirar.
Hacerme yo misma una ventana, así como en un cuento que se llama “La colina del erizo” y que leí ayer, antier, sabe cuándo, para Mariana. El erizo en cuestión decide, según sus palabras y por amor quedarse “como una colina en el jardín, no necesito más.” Sobre la colina en que él se convirtió creció un musgo verde, brotaron flores amarillas y fresas silvestres.
Convertirme en una ventana, con marco apenas para sostenerme, ser invisible, estar allí, sólo mirando, que de mi cabeza broten cortinas blancas de algodón, dejar a veces entrar la lluvia, permitir que el viento me traspase, no dejar que el frío entre, eventualmente mirar cómo los pajaritos llegan o se van, negarme al polvo, abrir mis brazos para el sol.
Y estar allí, sólo mirando.

jueves, 31 de agosto de 2006

me tomo y descompongo en partecitas por la noche
después me acomodo bien portada como niña buena adentro de un frasco silencioso

para resguardar mi piel de los antojos
mientras tu tacto llega

miércoles, 30 de agosto de 2006

Un poema de Zoé Valdés:

Dientes


Oh, si él me besara con besos de su boca.
Cantar de los Cantares

No podemos seguir templándonos sin besos
los dientes son necesarios
tu respiración atragantada con la mía
tú transitando por mis encías
no es verdad que a los dientes no llega el amor
también son sensibles
en la rapidez de las lenguas las trampas se disuelven
todo el cuerpo esclavo de esa zona
mi saliva en tu esmalte
Cuando chocan los dientes ay brevemente
yo he sentido en mis muslos ay
el verdugón que levantan esos latigazos
no podemos seguir templándonos sin besos.

martes, 29 de agosto de 2006

Placerío


Para el Sol
siempre un placer en la memoria

Cuando llueve, llovizna, nieva o graniza sobre los charcos turbios, los charquitos cristalinos, los arroyos revueltos, los hilos de agua transparentes, ¿qué es lo que se nos regala al contemplar el movimiento, la inquieta humedad, el vaivén, los remolinos y tanto líquido andar?: placer.
Igual pasa con algunos atardeceres dulces (de amaneceres no sé mucho, lo siento), anocheceres luminosos, charlas, contactos espirituales, cercanías carnales, caricias, toques, algún roce a la parte más secreta de otra persona, y también todo aquello que en algún momento solemos nombrar amor, aunque después le llamemos con palabras menos placenteras

Pero luego, a veces, uno no sabe qué hacer con tantos placeres oscuros, placeritos de arcoiris, placerotes grises o morados, redondos, espinosos, cuadrados, blandos... que ha acumulado en cajones, baúles antiguos, alacenas, cuartos fríos, cuartos oscuros, habitaciones acojinadas… placeres, placeres, los mínimos que se nos dan con las pequeñas cosas, una voz en el teléfono, alguna frase dicha en el momento adecuado, aquel aroma que nos da recuerdos, el durazno que comemos, el higo primero, la bellota dulce, el adiós bien dicho, los amigos

Y uno piensa si sería posible regalar. Y busca entonces saber el camino, reconocer las veredas, las señales de cómo el placer le llega a alguien, y elige, desenrolla uno pequeño por aquí, desenvuelve aquel más grande, despierta al que se había dormido. Y ya el placer desempolvado, se le da uno, dos, once placeres, grandes o pequeños a otra desprevenida y vulnerable persona...

Entonces no pasa, como uno había anticipado, que nuestros placeres disminuyan, no, el placer de dar es de los más voluminosos, llega y nos aplasta un rato, nos apabulla, engolosina, embadurna y va de nuevo, la sensación, placentera por cierto, de no saber qué hacer, dónde poner, cómo acomodar…

En ocasiones uno piensa si algunos placeres podrán tal vez deshacerse, desbaratarse, deshojarse, deshilarse… eliminar el placer que nos dio leer aquel libro, el exquisito de mirar aquellos ojos, cancelar los placeres chiquitos, o los demasiado grandes.
En la desesperación del atiborramiento de placeres, uno incluso idea la manera de intercambiar, y planea estrategias para lograr convencer a alguien de darnos un placer chiquito, esponjoso, a cambio de este grande, dulce y extravagante que tenemos por allí desde hace años... Llegaría, estoy segura, otro: el placer de conseguir lo que deseábamos...

Y este placer de las palabras dónde lo pongo que es tan grande que me ahoga, este placer que busco y encuentro de enhebrar una palabra con otra y otra más, hacer nudos, cadenas, escaleras, lianas, amarras, anclarme en una red llena de letras...

sábado, 26 de agosto de 2006

Si me paro frente a la ventana que da al sur podré después decir que vi la vida pasar. (Supongo que puedo afirmar lo mismo si me siento). Veo que un hombre carga, arrastrándolo, un bloque de hielo; pasan autos, que con gente adentro se mueven hacia el oeste, hacia el este; algunas personas cruzan la calle, de norte a sur, de sur a norte; gritan algunos niños, señoras detenidas en la acera, conversan. Llueve repentinamente y se ve la vida correr, y los arroyos pasar. Eso es la vida.

Si volteo y miro hacia el norte, de espaldas a la ventana, veré también adentro de este local la vida: hay gente sentada, parada, leyendo, otros escriben, se rascan, estornudan. Alguien toma un libro, se oyen las teclas que son aplastadas, las luces están encendidas. Una pareja cuchichea allá lejos. Eso es la vida.

Ahora, si yo estoy parada (o sentada que me parece ya dije que no hace diferencia la posición) en medio de la vida, la de adentro, la de afuera, la de los puntos cardinales, no logro explicarme cuándo podré salir de esa línea que me mantiene viendo.

Y tratando de escribir lo que veo.

jueves, 24 de agosto de 2006

Carta encontrada en una papelera de reciclaje y que pide respuesta:

“A veces la memoria se niega a revelarnos algunos caminos. La mía, sin embargo siempre ha conservado vivos los días, aquéllos, en que compartimos el espacio escolar, por llamarlo de alguna forma.
No sé si me recuerdes, yo casi te veo entrar por el pasillo de altos Estudios, con tu cabello largo y tu mochila. Oh, sí. Casi te veo.
¿Cómo estás? Supe que has trabajado mucho en tu carrera. Supongo que serás diferente, así como todos cambiamos pero en el fondo seguimos siendo, ya ves, los mismos.
Yo estoy en este pueblo, trabajando también. Sigo escribiendo, como hice siempre. No sé si alguna vez te enteraste.
Ojalá, de verdad me gustaría mucho, respondieras a este mensaje. Deseo que estés bien, que la felicidad para ti no sea algo ilusorio.”

¿Es acaso demasiado cursi? Sí, claro que lo es. Pero no es razón para no responder… ¿o sí?

miércoles, 23 de agosto de 2006

martes, 22 de agosto de 2006

lunes, 21 de agosto de 2006

sábado, 19 de agosto de 2006

la palabra se empecina en llegar, siempre está, allí y aquí, nombrando todo
no sé de algo, alguien, sin nombre, sin definición.
cómo decirlo sin palabra de por medio
no podemos navegar en esta oscuridad de luz hiriente sin el barco de la palabra

nos hundimos en el goloso universo del monólogo tristón fabricado con palabras
ya hay 59 y 3 números
soy con palabras

viernes, 18 de agosto de 2006

¿por qué le da por creer en las palabras dichas por los demás cuando ella misma miente tanto?
clinc got clanc gat clinc got clanc, gat, sentada en su cama oye cómo las gotas caen sin pena, sin alegría, sólo se dedican a eso: Caer
ella para caer tiene que disfrazarse con el dolor, arroparse con la felicidad, atragantarse con la locura... siempre temió volverse loca, ahora tiene pavor a la cordura
¿nunca enloquecerá?
teme que no
y miente

miércoles, 16 de agosto de 2006

"Se dice que los escritores nacen de la herida de Lo Incomprensible en la infancia."
Héctor Manjarrez

martes, 15 de agosto de 2006

Los ojos son para llorar, entre otras ocupaciones tanto o más importantes. De ser así, por qué llorar lastima tanto, se sienten los ojos aporreados, doloridos. Cansamos nuestros ojos de tanto usarlos, pero son para eso, no pueden estar cansados de mirar, llorar ¿o sí?
(Claro, pienso en los pies y lo que se cansan de sostenernos, caminar, movernos de aquí para allá. Nada es eterno, pues).
Pero los ojos, cuánto lloramos antes de que caduquen, cuántas palabras leerán nuestros ojos antes de renunciar a traducirnos lo que los signos dicen… Estos ojos enrojecidos no responden...

Porque cuando las ganas de llorar (que no son ganas, por supuesto ¿quién puede tener ganas, deseos de permitir que la vitalidad se le salga en gotas, además saladas?) se tienen, es difícil controlar el impulso, que dicen es descanso, desahogo, aunque sepamos que no es así, que luego viene la hinchazón, el no poder con esos ojos que lloraron tanto, leer, escribir, acercarse al mundo, cuidar de no caerse, prevenirnos de perecer atropellados por un auto, no podremos dejar de pisar excrementos por la calle…

lunes, 14 de agosto de 2006

Sombrar

Me estoy quedando sin sombra, lo que querría decir algo así como que estoy sin sosiego, sin lo que deseo… Estoy desombrada

y la sombra es la oscuridad, la falta de luz, entre muchas definiciones

las sombras me llegan, y son tantas
mis favoritas:

la sombra de Peter Pan, que ha tenido que ser cosida al cuerpo que la proyecta
los eclipses de luna, los de sol, que nos hacen ser otros, perdernos
la sombra de los muertos, ¿será fantasma el ver tu sombra a cada rato, Humberto?
La sombra de los árboles, cuando no hay rayos
la sombra de mi padre, que yo, niña casi siempre, espero me defienda
el amor entre sombras, reales y figuradas
la sombra de las nubes sobre las montañas,
la sombra de los móviles infantiles proyectados en la pared
la sombra de los rehiletes, de los papalotes dibujada sobre el pasto, de los molinos de viento, de los insectos voladores
la sombra de las pestañas de Mariana en sus mejillas cuando duerme

el eco es la sombra del sonido
la palabra lo es del pensamiento
y la caricia es del deseo
Ya casi no tengo sombra

sábado, 12 de agosto de 2006

Caminar sola es caminar solamente.
Caminar con Mariana en cambio es mucho más: es oírla hablar incansable, alegremente, saltando, mirando.
Caminar con Mariana es caminar en compañía del entusiasmo, gozo, curiosidad y asombro.
No podría acercarme a describir lo que pasear por estas calles sabatinas de la vida junto a Mariana se me regala.
Tengo que agradecerlo:
Gracias.

jueves, 10 de agosto de 2006

Liquen mármol musgo moho limo hongo henequén y lirio
Brígida tal vez o papalote
Remolino casaca trillador
Quizá molino sal taza y humedad
Caracol

Estrella está muy feo solidario y arcabuz también
Y qué decir de marinero persiana o círculo
Cuadrado rectángulo qué feas palabras al igual que perro dinosaurio,
Tirador mascada...



Lo que es no poder decir nada

miércoles, 9 de agosto de 2006

Lapso

le estorba el aire, ya sabemos que está afuera pero también está adentro de uno, cómo quitarlo de encima, cómo sacarlo, cómo olvidarse de él

le estorban las montañas, las que se ven, las que han desaparecido atrás de la humedad, las que se veían ayer, las que allí de seguro aún están hoy

y como se dice que sucede después de un pase mágico ¿cuál mago, cuál conjuro? Así como si las palabras hubieran sido: “mercurio, obsidiana y laurel, desaparece para siempre”, ya ni siquiera está
ya no se encuentra
a dónde se ha ido
por cuánto tiempo

casi diez años se le fueron
¿a dónde se va el tiempo cuando no lo usamos, esa pelusa de la que Cortázar habló?
¿a tantas horas muertas cuándo les llegó la descomposición?

porque todos esos minutos extraviados apestan
no dejan vivir

eso, a fin de cuentas, se llama pasado

(y no lo recordaba)

martes, 8 de agosto de 2006

Como una sanguijuela


A veces me siento como una. Porque me da por oír y no devuelvo, las historias alimentan mi imaginación, el deseo de escribir. Porque cuando alguien me cuenta y se abre las venas y me obsequia su sangre y su argumento sin que yo se lo haya pedido, qué puedo hacer. Yo chupo, me atiborro de vidas, personajes y tramas ajenas.

Se dice de alguien que es lento caracol, que tiene risa de hiena, corre como un galgo, que es fiel como perro, húmedo como babosa, ligero como colibrí, bello cual mariposa. O feo como sapo.
¿A quién no le habrán alguna vez preguntado: qué animal te gustaría ser, si pudieras elegir, si reencarnaras, si fuera un sueño, una película, si fueras sólo palabras en un cuento…?

Un perro, definitivamente, no
Ni vaca, ni yegua, no lombriz, nunca jirafa
No ballena, golondrina, avestruz, delfín tampoco
Algún moralista animal de alguna fábula. Jamás

Tal vez un unicornio, el Ave Fénix, un dragón, alguna araña
O el Minotauro, la serpiente quinta en la cabeza de Medusa
aguamalas o jejenes (en plural)
Los sapos, arañas, lagartijas, que escupió la bella y soberbia hermana del cuento de hadas
Quizá el Gato con botas, la golondrina del Príncipe Feliz

lunes, 7 de agosto de 2006

Ositos

“tres ositos en la cama y el pequeño les gritó:
no quepo, háganse a un lado,
los demás se movieron
pero uno se cayó…”
canción infantil

Fue difícil desde el primer día, la primera noche digo. Cómo dormir, cómo acostarse, posición, lugar… Esa misma noche despertó sofocada, era mucha, demasiada piel al lado suyo y enfrente, atrás… con cuidado para no despertar a nadie, se movió, quiso destaparse, no pudo hacerlo. Fue su decisión dormir en medio.
Sólo una cama, cómo decir no a quien pide cobijo por una noche, dos, poquito tiempo mientras me ubico, la sonrisa mentirosa luego de hablar por largo rato hasta que no se pudo soslayar más el tema. Los celos. El drama. O casi.
Acostaditos los tres, el Humito hacia la orilla, la invitada a la pared, Lía en medio. No puede evitar recordar aquella canción infantil, los nervios traen la carcajada fuera de lugar a su boca.
Ya dormidos, o no. Las manos se mueven, las piernas cambian de posición, la cobija nos calienta, se habla en sueños, se pide. Se da.
El despertar. Nadie quería eso y cómo salir de los engranes, que los llevan arriba, abajo, encima, a un lado, con manos, la boca, las lenguas que se reconocen, el camino tantas veces caminado.
Aquello no podía durar ¿qué se hicieron todas las horas de conversación que antes Lía y el Humito disfrutaban? Con la invitada se acabaron.
A la invitada no le gustan los hombres, siempre lo ha dicho como tarjeta de presentación, pero ha descubierto que la piel de ese hombre en particular se siente diferente, es suave, es dulce, casi es como la de Lía, quien al percatarse de este ajeno reconocimiento, se sorprende inundada por el ardor de los celos y recuerda el montaje aquel que hicieron cuando él insistió tanto para que fuera ella, la invitada, quien cerrara el acto mordiendo una naranja, devorando, le dijo: quiero que la ataques y que al morderla, su jugo te chorree por el rostro y tu cuello, lo recuerda excitado al describir cómo los pequeños dientes harían trizas la piel cítrica y la lengua lamería las gotas que habrían brotado después de la feroz embestida, esa lengüecita… oh, sí, lo recuerda, aventó los celos a la basura tan rápido como aparecieron (o eso creyó, oh). Pero esa lengüecita ahora le hace daño, a Lía, a quien persiguió tenazmente sin nada conseguir. Y ahora, que puede tenerla, compartida, la lastima. El Humito tiene su explicación, los celos le ha dicho, de no tenerla para sí sola… Pero todos, los tres están ahogándose en los turbios arroyos de los celos. El humito cuando se baña cree que ellas harán qué cosa mientras él se pone jabón caliente en su imaginación. Lía mastica por horas la sensación de que la invitada y él se hacen uno cuando ella sale a trabajar
Fue hasta mucho después cuando se dieron cuenta de que ya no estaban solos, de que el precio no querían pagarlo. Entonces se escondieron para hablar, se miraron a escondidas, se citaron en otras partes para poder besarse con sólo dos bocas y dos lenguas y reencontraron aquel amor que se les había extraviado.
Ahora no saben qué hacer con la invitada, tendrán que decírselo ¿correrla? ¿Echarla afuera, a los perros, a la calle nevada? No seas melodramática, dice el Humito, pero tampoco él se atreve.

viernes, 4 de agosto de 2006

Encerados laberintos
Una isla. Ni siquiera sabía que hubiera tierra diferente a aquella. Cómo presentir continentes, penínsulas, litorales, golfos... Quién puede imaginar la existencia de algo llamado Mar Rojo, Negro, Muerto... En los segundos que la caída duró quiso aprehender toda la geografía. Intentó creer que podría apresar el mundo y en la laberíntica soledad del aire sólo eso alcanzó a desear antes de hundirse con desconsuelo en la sal que líquida, lo saboreaba.

miércoles, 2 de agosto de 2006

Es una certeza.
Hay días, muchos, en los cuales ella no se quiere. No se quiere nada.
Cuando dentro de ella pululan como por su casa, porque es su casa, desvalidos, locos, enfurecidos seres que de pronto brotan abriéndose paso entre su mirada, gritando el llanto, cuando hay agujas que le pinchan lo que es ella en su revés (su anverso pudiéramos intercalar), descoloridas espinas que nadan en la saliva, chapotean en el sudor, van y vienen pinchando, marcando, hiriendo con sus filosas caricias.
Pero ella, aún en esas horas, muchas, cuando no se quiere nada, ni quiere de ella conocer nadita, sabe guardar la compostura.
Y a veces hasta escribe.

martes, 1 de agosto de 2006

lunes, 31 de julio de 2006

Huélliga.

(Huella que deja el pie en la tierra.)

Sólo basta un descuido y por la apenas y sabe desde cuando entreabierta ventana de las ocupaciones diarias, de pronto ya estamos pensando… Sí, allí estamos, o allá, dejamos la biblioteca, nos alejamos de ver a los niños que con su seriedad feliz pintan el cielo, la tierra y el infierno: y cuándo una paloma se atravesó en la mirada, y como su revoloteo nos puso en otra sintonía. En ésta.
Qué me hace pensar en tus manos. En la sensación gratificante de que tu mano grande cubra mi cara. Pienso en las huellas de tu mano…
Y ya estoy en otro sitio. Buscando el por qué y el para qué de las huellas. Y no hay tal. Están, se usan para. Sólo sé que esas líneas, arrugas o dibujos, a su vez son huellas del caminar de los mundos líquidos que nos rodearon antes de nacer. Los ríos, arroyos y cascadas amnióticos hollaron nuestra piel, fueron las caricias primeras. Son cicatrices del amor mojado.

(Huella.- Rastro, seña, vestigio que deja alguien o algo.) Tenía que decirlo.

viernes, 28 de julio de 2006

De venirse
a los amorosos digo:
deben irse

El ruido mojado
que nace de la noche
lloviznada

cómo me despierta enfangada y manoteando tu recuerdo
cuánto desearía que tus manos me salvaran del insomne naufragar
en este mar de gotas dulces

jueves, 27 de julio de 2006


Un verano interminablemente caliente.

Fueron las últimas vacaciones pasadas con sus primos, en California.
Lentas, amodorradas las mañanas; espaciosas comidas a media tarde con parientes, vecinos, gente buscando qué hacer sin mucho esfuerzo, un lugar y espacio donde vaciar ese tiempo que a veces, ya casi nunca, nos sobra.
Allí conoció a Leonel, luego de que como todas las tardes después de la extensa comida, los padres ahuyentaban a los hijos. Que se fueran lo más lejos posible, pero cuidadito, decían, en una inútil y rara vez escuchada advertencia.
Y ella recuerda que la casa de madera blanca de su tía había sido construida con escondites a granel que siempre les despertaban a manotazos las rojas ganas de jugar “¡a las escondidas!”, gritaba siempre alguien, se mencionaban las reglas, siempre las mismas, siempre diferentes, y el juego se desenrollaba como una alfombra roja por la que desfilaban gritos, sobresaltos, empujones, llantos, carcajadas silenciadas con algún pellizcón de los más fuertes y represores.
Aquel día. Ella lo recuerda como si de una película vista repetidamente se tratara. Todo como aquí lo he contado. Y como seguiré:
Corrieron a esconderse, ella no sabe cómo se le ocurrió meterse a aquel enorme ropero donde estaban colgadas algunas invernales prendas, detrás de ella entró Leonel, con su cabeza de león, sus garras y colmillos que imaginó despedazándola. Quiso salir, pero ya habían entrado 3, 4, 5, no sabe cuántos más, ni quiénes. Buscando borrar la incomodidad movieron piernas y brazos, las manos encontraron su cuerpo acurrucado atrás del olvidado invierno, quién la tocó primero, nunca lo sabrá, después lo hicieron todos. Las manos eran olas subiendo y frotando, lastimando alguna de ellas, con temor alguna otra.
Dijo no, dijo qué tienen, dijo suéltenme, dijo voy a gritar. Cuánto sería, diez ardorosos minutos solamente. Quizá más, ella no quería que la tocaran. Ella no deseaba que dejaran de acariciarla.
Susurros, alguien dijo ya me voy, otro dijo yo también. Salieron como gotas encandiladas hasta que sólo Leonel se quedó ocupando todo el espacio que ella no ocupaba. Leonel que la miraba en la oscuridad con los brillantes y felinos ojos. Leonel que se ocupaba de revisar para reconocer esa piel de ella que alguna vez había soñado, Leonel que bailaba alguna melodía flotando en el mar de los ahogados, Leonel besándola, a ella, a quien no había nadie besado. Un beso grande que le quitó la ropa que ya ardía, una lengua que entró en su cuerpo y aún ahora se mueve en su vientre cada vez que toca un abrigo…
(quiero continuar)

miércoles, 26 de julio de 2006

¿Y si se seca? La observación después de todo no era tan absurda o infantil, todos quisimos decir sí es cierto, tal vez para cuando lleguemos el mar se seque. Como Mariana casi temió.
Cuánto calor para llegar a Kino. Y para acomodarnos. Las tantas personas que éramos, todos convertidos en líquidos y humeantes, con el puro anhelo de encontrar la sombra frente al mar, el alimento junto al mar, de encontrar ese montón de sal y agua que se viene y que se va…

Mariana conoció el mar. Y el mar la conoció, conocieron sus pies yendo y viniendo las olas, la arena de la playa, las gaviotas. Oyeron sus carcajadas las conchitas, y sus gritos las algas. Mariana fue feliz el domingo en el mar. Santiago disfrutó con ella. Yo fui feliz viendo la felicidad de mis hijos.

(Pero el mar es aquello que nos espera
luego de nuestra playa que creemos es eterna
Y nos abrigará después de todo el frío
y de la ausencia
Seremos un pedazo de alga, un granito de la arena
que está allá, en el fondo
sin sentir, sin ver, sin nada
una partícula más entre millones…)

martes, 25 de julio de 2006

“En mí / sólo existes / de regreso / De otra manera / Ocupas lo nombrado / Lo de antes"

"Hablar de uno / avergüenza / Se pierden / los momentos / sacudiendo mentiras / Nos miramos / y sabemos lo que somos / Y eso / Eso jode"

Jacqueline Goldberg


Inventamos constantemente. A diario. En ocasiones creyendo nuestros embustes; otras, carcajeándonos. No sabemos decirnos, construimos para eso el andamiaje de las palabras.
Así, porque no puedo (me duele, lastima, cansa el intentarlo),decir quién soy, tejo con esmero, paciencia, y pulcritud, máscaras de materia lingüística, una para cada ocasión, para cada día, para cada interlocutor. Esto me sirve para no mirarme. Para que no me miren.

miércoles, 19 de julio de 2006

Algunos poemas casi ajenos
¿En qué momento dejamos de ser público entusiasta / para ser parte del show / y la rutina diarias?

Soy eclipse anulado / no hay gallina / que se eche a dormir en mi presencia


Anochece la lluvia entera / y me dispongo a soltar los nudos / para recordar tus gotas


De Ugo

No aprendí del ajedrez / más que tus dedos / moviendo los alfiles

Ven

A ver si vuelvo a sentir algo / a ver si con tus manos / me transformo en polvo lloviznado

Ven / a ver si con tu voz /sobre mi lengua / me vuelvo agüita azucarada

Ven / A ver si resucito / con tu aroma


Al morir
en el recuerdo aglutinado
quedará tu mordida sigilosa
no habrá sangre escurriendo
ni nube deshilada
sólo canicas rebotando
estarán allí para olvidarme


te tiré al polvo / te aventé al olvido / pisoteé con silencios / tu recuerdo


Qué será de esa piedrita / que se llevó el río / y que tuviste feliz / entre los dedos

dónde están tus dedos / devorados /con paciencia / en los gusanos de la muerte

qué fue de tu felicidad

aquélla / que fue mía / cuando fui una piedrita /
feliz entre tus dedos


martes, 18 de julio de 2006

Estas no son palabras, son colores. El cielo pistache, la cera de carne, lunar plata, humo de espejos y alas, sangre cobriza, arcoiris fronterizo…

Quiero contarle a alguien. Decirle del nombre del rojo cinabrio. Hablarle de elefantes y dragones, de la sangre que se derrama en la tierra.


El cielo es lila o gris, las gotas no tienen color, se resbalan en el incoloro vidrio de las ventanas, los árboles son el verde moviéndose, la barda ploma sólo se moja. Llueve.

Leo y leo acerca del color y descubro a un cervecero británico que debió vivir en Sonora y que creó, gracias a su cerveza, el tintómetro de Lovibond.

En otras, muy distintas palabras y estilo, un libro me habla de por qué veremos siempre un corazón rojo, una hoja verde, un cielo azul, aunque esté en penumbras, casi a oscuras. Tus ojos tan dulces, tu lengua siempre húmeda, las palabras iluminadas...

Me maravillo de saber que: No existe el negro, es sólo una sensación no un color.

Y el libro que tal vez nunca terminaré (porque sé que otros libros me están ya jalando con más fuerza), es Los lenguajes del color, de Eulalio Ferrer.

lunes, 17 de julio de 2006

“Ella era ciega y él sordo.
Ninguno de los dos se dio cuenta cuando el otro se fue.”


Ámbar Past


Ella era mujer y él hombre
Ninguno de los tres se dio cuenta cuando el otro llegó

Ella era virgen y él soñador
Ninguno de los dos se dio cuenta cuando el otro murió


Ella era luciérnaga y él oscuridad
Ninguno de los dos pudo calentarse jamás

No me da para más. O sí. Pero por hoy prefiero abstenerme. Y decir que trabajar con niños es muy fácil pero tan difícil. Es decir, sigo en el plagio, pero otro

viernes, 14 de julio de 2006

Dos poemas sin dedicatoria (dedicación -diría el Gato)

Suave te toco, amor.
Dormido

Estás como en tinieblas
suspendido en el sudor
del deseo indiferente
casi
del sueño
en que me sueñas
te sueño
y nos soñamos

Ambos a uno

Sueño contigo
sueñas conmigo
y estamos en mutua compañía
en nuestro dormir
en esta cama
silenciosa
que no sueña
ni soñamos



Todas estas horas que me paso recordando
tu mordida
el olor dulzón de tus axilas
la mirada que tuviste
al irme...

Todo este sabor salado
y escurrido
me revienta el alma
y el deseo
de que el tiempo no transcurra

Que no siga transcurriendo
y se devuelva
que volvamos a estar juntos
mi amorcito
mi dolor pa’ siempre

Pd: Recado para el Sol: no puedo creerlo: toda esta semana he salido con una sombrilla.


jueves, 13 de julio de 2006

Conocí a Mary en la central de autobuses de Hermosillo un jueves, mientras esperaba por un camión a Cananea. Se acercó y vi sus dientes blancos, me impresionó su cordialidad, la belleza y lo limpio de sus ojos, la inteligencia en sus palabras... hablaba de dios, me cuestionaba por mi vida, exigía tiernamente que yo le respondiera; temí no llenar sus expectativas y enmudecí mientras ella desplegaba un rosario de calamidades que nos esperan, que esperan por ti, dijo, si continúo pecando y como ejemplo del pecado de la carne me señaló un taxista rubio y flaco que afuera esperaba por clientes y de él me dijo: lo conozco, sólo quiere sexo, su destino es el infierno. Pasó casi una hora contándome cómo una vez, sólo una vez, énfasis conmovedor en este dato “me convenció, me tocó con sus llamas lujuriosas”. Y cómo ese hombre sin amor ahora finge no reconocerla, ha de creer que voy a hablar de él, me dijo, ni loca que estuviera.
Mary decía del cielo, el paraíso... la biblia. Me dejó esperando ya no supe qué y me regaló una revista. La vi mientras se iba agitando su mano, despidiéndose de una pecadora como yo que ni siquiera pude responder si creía en Dios.
Todavía tuve tiempo de ver cómo el pecador taxista se carcajeaba con amigos, allá afuera.

miércoles, 12 de julio de 2006

“Temes
que yo diga un día
en cualquier esquina
que tú fuiste mío
en una aventura
donde no hubo amor”

Canción: “Temes”

Hay que escribir algo al respecto. Lo haré mañana, ya que sea jueves, ya que sea 13…


Pd:Se aceptan sugerencias

martes, 11 de julio de 2006

“Las mujeres buscan en sus camas
algo que no es hombre
Ni mujer
Algo que los hombres tampoco encuentran”
Ámbar Past

Se camina porque se busca.
A veces el camino es cruel y solitario.
En otras ocasiones caminamos sobre almohadas, encima de las plumas, y cada paso es pura miel.
A oscuras creemos avanzar, a veces con la luz nos encandilamos creyendo que hemos llegado.
Pisamos con cuidado para no ensuciar a veces, a veces para no lastimar a los que se han tirado de puro agobio dolorido, a veces para no lastimar nuestra pisada con la espina, siempre hemos de ser caminantes cuidadosos.

Pero vamos y vamos caminando como si de verdad creyésemos que caminar nos hará llegar. Como si caminar nos ofreciera la posibilidad de encontrar. Como si al momento de encontrar lo que no sabemos que buscamos lo pudiéramos reconocer y decir hasta aquí llegué, no necesito más caminar, ni buscar. Lo he encontrado.

No. Algo que no es hombre ni mujer, ni es seco ni mojado, ni de aquí ni de allá, no es tiempo, no es espacio... Algo que no es. Algo que nunca encontraremos.

Anoche no dormí. Casi no pude. Los sueños no dejaban que buscara. El sobresalto no me dejó encontrar. La soledad me picó toda la noche los ojos.

lunes, 10 de julio de 2006

Para Omar, bibliotecario
“Te diré un secreto –continuó, mientras caminaba junto a ella-. Hay una sola cosa en el mundo que me da miedo.
-¡Y cuál es? –preguntó Dorotea-. ¿El granjero Mascón que te hizo?
-No –replicó el espantapájaros-. Una cerilla encendida.”

El mago de Oz, L. Frank Baum

Igual, supongo, podría responder un libro, ni modo que de quemazones no sepa, enterado como está de incendios, intolerancia y miedos (que es lo mismo). Un libro sabe, más que un espantapájaros (que, además, tiene la cabeza rellena de paja, como sabemos), lo que es la combustión, la historia, la ignorancia, cómo es que las llamas crecen, cómo alimentamos hogueras con papel…
Pero si yo fuera un libro, que nunca lo seré, y no sé si decir: afortunadamente, o por desgracia, temería si no igual que al fuego, sí de una manera muy cercana, al agua.
Al agua que moja y devora la tinta, al agua que convierte en pulpa al papel.
A la lluvia temimos por estos últimos tres días. Un ruido tremendo, que sonó a golpe, porrazo, quebradura, caída, desastre, nos gritó que algo había ocurrido en los techos de esta biblioteca. Visitas de expertos en techos, escaleras, y el anuncio, desde el viernes: “si llueve se va a meter toooooooda el agua”, nos dijeron. La rotura de lámina ubicada encima del depósito de libros, del centro de cómputo, de los archivos. Nada hicimos porque nada se podía hacer. Sólo pensar en los libros flotando, hundidos, nadando, naufragados en la lluvia de este verano.

Lunes: láminas nuevas, martilleo, deshacerse de lo roto, desgastado, viejo, y muerto. El anuncio: “ya quedó listo”
Y a pesar de los truenos, de las nubes negras y gordas, de las lloviznas que son precursoras de, no llovió. No cae el agua. Nada nos moja.

Ahora, como no soy un libro, desgraciadamente, o por fortuna, mi temor es que no llueva. Y saldré a las calles de mi corazón a cantar, a pedir porque la lluvia, a bailar para que el agua vuelva.

Pd: Mariana me ha pedido por tercera ocasión que lea para ella El mago de Oz. No quiero saber por qué le gusta tanto.

viernes, 7 de julio de 2006

¿Qué venía a escribir?, díganme, dedos (puedo decir teclado, pantalla, letras, y nadie responderá): ¿qué quería decir?

Porque pasado un rato lo olvidé porque el viento, porque un papel, porque los libros, porque pensé cuánto falta para noviembre y me dio gusto, porque supe que es viernes y me asusté, tomé agua, vino a mi memoria algún durazno, me pregunté qué pasa con los muertos, con algunos. Me olvidé.

Despertar es recordar nos dicen. Pareciera que en el sueño o en el dormir nos olvidamos de nosotros y es tan fácil irse, caminar otros caminos, dejarnos como asunto ya solucionado en una carpeta, aventar nuestro cuerpo en una cama para olvidar cómo es el tacto de esa piel, cómo es que vemos con aquellos olvidados ojos ahora cerrados, no recordar sino hasta la mañana cómo la sombra nos persigue sin cansarse (por lo menos no aparenta estar cansada). Al dormir no estamos. El olvido es eso.

Despertar sería lo contrario, pero en algunos casos no se puede, ya no hay marcha atrás. Lo olvidado ya no vuelve.

jueves, 6 de julio de 2006

¿Qué año sería, el 69 del siglo pasado? Tal vez. Mientras el país, mi hermana, otras niñas y yo jugábamos a la escuelita, con la seriedad con la que los niños juegan, sentada como alumna aplicada en un cajón de madera en el corral de mi casa, sentí que me miraban fijamente. Volteé y vi primero el cabello rubio de un niño que apenas alcanzaba a asomarse por encima del cerco trasero. Me cerró un ojo. Me espanté tanto que dejé el juego tirado. De allí en adelante ese niño me espantó durante todos los periodos vacacionales en los que llegaba de visita con los vecinos, sus tíos.

En los setenta, a finales de esa década, hubo en Cananea una discoteca, la primera de este pueblo, se llamaba “Crazy Horse”. Allí, el niño que diez años antes era pequeñito y yo que en ese entonces jugaba más que antes, bailamos… No rompas mi corazón

1994. Fila larguísima mientras veíamos las nubes que más que presagiar amenazaban con derramar su lluvia sobre las elecciones. Y lo hicieron. Qué votación más inútil, salieron a tirar su voto adentro de las urnas personas que nunca antes lo hicieron… allí, cuando el diluvio anunciado llegó, todos o los que pudimos, corrimos hacia un sitio para escampar… la tía de aquel niño me contó, me dijo llorando: anoche a Raúl lo golpearon, está muy grave. Llamé a Hermosillo. Creo a Pina, le dije visítalo, no sé, el tiempo nos lleva a inventar, casi ni estoy segura de los sustos, los bailes, los besos, las pláticas, las cartas que me envió, las que yo le envié, las fotos, su rostro cuando fue niño. Estoy cierta de que se murió. Oh, sí. Se murió.

Pinches elecciones tristes, es todo cuanto de ellas recuerdo. Inútiles, llenas de agua corriendo como pocas veces por las calles y la triste, lamentable y dolorosa muerte del Raúl, “Caballo loco” para siempre.

La tristeza está aquí otra vez.

martes, 4 de julio de 2006

¿Qué es la lluvia sino agua que cae, agua que se despedaza, que se va, que no se queda? ¿Qué es la lluvia sino horas de mojada placidez y desencanto?

Una lluvia que se antoja dulce, como nieve de arándanos, o de níspero, de higos… o lo que es lo mismo, otra versión de “¿y tu nieve de qué la quieres?”
Como si pedir fuera tan fácil. Como si después de algunos años uno creyera en el pedir. Como si al pedir realmente esperásemos respuesta.
Dar, en cambio, sigue siendo fácil. Y natural. Como dejar que los frutos caigan, que las hojas vuelen. Dar es como llover.