martes, 10 de julio de 2007

Ay, los gatos (gatas) que en la noche lloran como mujeres a quienes se les ha ido un ser querido…

Imposible saber cuándo escuché por primera vez esa canción. Si fue desde esa vez primera que aquel grito me sobresaltó es muy probable:

"Hace tiempo que no he vuelto a verla
y ya no sé qué será de Noelia.
Por la noche la busco en la playa
y en el silencio yo grito:
¡ ¡ N O E L I A A ! !” *

A mediados de los setenta (siglo pasado ¡caramba!), en Nogales, una noche estuvimos mi hermana, mi prima y yo (niñas aún las tres) asomadas a la ventana que daba a la calle, oyendo primero el ruido de cajas y botes de lámina que eran pateados y tirados desde lejos, hasta que vimos a Pedro, aquel lindísimo muchacho de barba y cabello largo recogido siempre con cuidado en una cola: corría de un lado a otro, buscando a Ana, su novia, se asomaba a los corrales, hurgaba entre los matorrales, jalaba las ramas de los mezquites, lloraba, su cabello libre y despeinado volaba junto con su cabeza alucinada que ahora buscaba algún rastro, adentro de depósitos de basura, levantaba piedras, escarbaba buscando el olor… no olvido su grito antes de que la policía llegara a llevárselo: ¡¡¡ANA!!! Me llenó de pánico. Porque el amor.

Han pasado muchos años de aquello (no necesitaba decirlo). Hace unas noches platicaba afuera de mi casa cuando de pronto desde un auto que pasó, con desgarrada voz -no exagero-, gritaron: ¡¡¡MARÌA!!!


Lo que más me incomoda es saber que la sensación es la misma, igualita, es temor de que alguna vez escuche mi nombre gritado con tal angustia, es incertidumbre de no entender por qué alguien puede gritar así a quien ama, es un vuelco en el interior, el estremecimiento, la amenaza (“No sé qué hará ni si vendrá / mas yo la espero.”*)


*“Noelia” (A. Algueró / A. Guijarro), cantada (¡Oh sí!) por Nino Bravo



lunes, 9 de julio de 2007

Podría decir cualquier cosa. Hablar de personas que tal vez no conozco (o que sí). Pudiera decir de fantasmas, de caballos, de títeres extraviados. Tal vez intentar hilvanar un diálogo nocturno con la hoja, con la tinta, con la soledad. Decir que es medianoche y escribo mientras escucho a Chavela vargas…

Pero llueve y no puedo. Las gotas cayendo se escuchan como húmedos y perturbadores rezos y en la ventana la cortina cuando vuela trae consigo gotas minúsculas que pican en las piernas desnudas y el aire mojado mueve las campanas y no puedo escuchar y preguntarme por qué “ya ni llorar es bueno / cuando no hay esperanza / ya ni el vino mitiga…”

Oigo llover como insecto que se mete en un charco, temerariamente, dejando la vida y el mundo detrás. Sólo la lluvia y “yo no sé qué será de mi vida / que de mí no se acuerda ni Dios /ay, pobres de mis ojos / cómo han llorado / por su traición…”

Llueve y no puedo ni siquiera preguntarme el por qué de la dramática selección musical ¿quién me tiene escuchando letras tan dolientes y sin traguito mediador (o propiciador)? Tal vez fue la promesa, la caricia de lo nublado, los hermosos truenos, el relámpago, “aquel amor que destrozó mi vida / aquel amor que fue mi perdición / dónde andará la prenda más querida/dónde andará aquel, aquel amor…”

Llueve. La lluvia me concede escurrirme en arroyos oníricos, gotear desde los techos, sentir que soy bebida con ansia por la tierra seca de las macetas; ya no oigo esas làgrimas que parecen derretir las bocinas con su sal tan dulce... tal vez con su arrullo hasta pueda dormir escondida adentro de un pedazo de agua...
Dèjate encontrar cuando te busque en el profundo hueco de la lejanìa
porque escarbo con el deseo y rompo mi saliva en ello
dèjateme hallar
no sè contar hasta diez
ya no te escondas

sábado, 7 de julio de 2007

cuànto me duelen estas ganas
que te tengo
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viernes, 6 de julio de 2007

lunes, 2 de julio de 2007

Conocí a alguien una vez
que una vez dijo:
el olvido es piedra
y siempre corre en el arroyo.

Conocì a alguien una vez.

Su voz era un arroyo
lleno de piedras.

martes, 26 de junio de 2007

Semillas, granos, nueces

Porque él sabe, le pedí a Manuel me dijera la diferencia entre semilla, grano y nuez. Cariñoso como siempre, y con mucha claridad, me la dijo.

No entendí. Sólo me quedo con una casi certeza y es que todos: grano, nuez, semilla, pueden ser semilla (una, de hecho, lo es...)

Avellanas, almendras, piñones, castañas, pistaches, girasol, calabaza, sésamo, girasol, lino, trigo, anís…

Las semillas de la papaya tienen muchas aplicaciones, entre otras pueden ablandar la carne… no recuerdo haberlas comido, tal vez accidentalmente alguna vez, así como la de sandía, de melón, manzana, pera… (aunque no era mi intención, lo aseguro); e inevitablemente, (ya sabemos que nada es inevitable del todo) la del pepino, y de plátano.

Hay algunas que son mis preferidas: El amaranto y su cercano sabor al maíz reventado, el anís, la linaza y el ajonjolí, con su textura lisa, de joya minúscula.

Comerse un dulce de chilacayote y saborear esa semilla negra entre la pulpa azucarada y casi blanca es un placer… Comer el higo, el kiwi, la fresa (único fruto con la semilla externa), tunas, guayabas, granada, es saborear el gozo de romper y provocar ruidos con los dientes en esos munditos.

Ayer comí bellotas y me pregunto: ¿A qué hambriento o curioso morador de estas tierras se le ocurrió comerlas, cuándo, bajo cuáles circunstancias?

La bellota es ovalada, marrón y por lo general tiene un extremo puntiagudo. Según lo poco que de esta materia entiendo, la bellota es un fruto que es semilla, y está cubierta o protegida por una dura cáscara que cede frente a los dientes del comedor de bellotas. Comer esta semilla es una tradición regional (norte de Sonora) y es una actividad extraña, de temporada (a finales de junio, julio y agosto).

Las bellotas se recogen del suelo antes de las lluvias, después el agua provoca su pudrición (los recogedores expertos, “belloteros”, pueden levantar del suelo kilos –aunque los miden en litros-). Los árboles de bellotas (que no se llaman así, sino encina, roble o algún otro nombre para mí críptico) están desparramados en gran parte de la tierra de este pueblo y de sus alrededores. Ir “a las bellotas” es una labor reconocida, un trabajo cansado pero disfrutable, dicen, y hay técnicas para su desempeño: de rodillas, a cuclillas, acostado bocabajo o más comúnmente, sentados y girando hasta limpiar el pedazo alrededor y casi siempre con un costalito para llenar.

Es costumbre salvaje, según dicen, consumir con placer un fruto (que es semilla), tan amargo (aunque es dulce también), y tan, tan seco (nada qué decir). Con él se pueden preparar suspiros (para interesados en la receta, sólo pedirlo). Pero yo tengo una sugerencia: hay que comer bellotas –siempre que se pueda- acompañadas con una taza de café negro y endulzado… rico.

Muy rico y único.

Pd 1: Hay otras bellotas, más grandes, y definitivamente más amargas que son comidas alegremente (¡ja!) por los cerdos.

Pd 2: Para comer bellotas se necesita saber pelarlas (aunque no falta quién las coma sin tener la menor idea de cómo quitar la envoltura). Romper la cáscara con el menor daño posible (a la cáscara y al fruto-semilla). He conocido, pero ya pasó a formar parte de mi mitología personal a quienes pueden pelar cada bellota teniendo un puño de ellas adentro de la boca (es muy difícil explicar este procedimiento y no lo haré, aunque no por la dificultad)

Pd 3: Algunas bellotas tienen gusano. Hay comedores de gusanos. Se calienta una tortilla de harina y se colocan allí los gusanitos amarillos y gordos (ni parecen animales, sino mantequilla, dicen) y se les pone sal… se enrolla la tortilla y se come con todo y animalitos: también parte de la mitología personal.

Pd 4: Con los gusanos se pueden organizar concursos de resistencia y valor. Los valientes no son, como pudiera pensarse de mi afirmación, los gusanos, sino los concursantes humanos quienes los colocan en la corva o en la parte del brazo donde éste se dobla. Los gusanos, cuando sienten la opresión, muerden. Quien resista más tiempo con el brazo o la pierna doblados, gana (El gusano pierde siempre).

Pd 5: Con las cáscaras de la bellota se pueden hacer concursos para saber quién tira más fuerte y lejos con los dientes la cáscara. No es tan complicado describirlo, pero prefiero abstenerme (¿abstergerme?).

Pd 6: hay bárbaros que juegan a las guerritas con estos proyectiles que alguna vez protegieron a ese fruto y a esa semilla que se llama bellota y que mal mirada parece bala.

Pd 7: Sólo deseaba hablar de las semillas que truenan cuando son mordidas.
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jueves, 21 de junio de 2007

El infinito

Podemos asistir a más de un espectáculo por día
a más de cinco por la noche
comernos entero un gran suceso por segundo
hacer de un gran acontecer la gran noticia diaria
a cada minuto podemos tragarnos un verbo
conjugado en un presente imperfectivo

y el cuerno del gran secreto nos resonará
en las más recónditas veredas
de tu oído y de mi oído
te odia me odias te odiamos nos odias
un odio que resuene tierno
como con las alas rotas
como con la lengua yerta

un odio podremos oírnos por minuto
un odio por palabra
uno por cada uno
uno por persona
uno por cada corazón enteco y dolorido

(y todo nos lo llena el infinito).

miércoles, 20 de junio de 2007

Mariana y Santiago

Es noche primaveral, según el calendario (pero ya casi no, también según el calendario, porque el verano). Fresca y perfumada, solitaria y oscura. Voy caminando, la calle asciende durante más de cien metros.
Los miro caminar delante de mí, a unos dos metros; van tomados de la mano, ella habla sin parar y él voltea a verla y le sonríe, aunque habla muy poco.
Él es un hombre joven, viste camisa azul cielo y ella trae un vestido rojo que le llega debajo de sus rodillas y calza sandalias blancas. Él con su cabello muy corto y oscuro y ella con su largo cabello castaño recogido en dos trenzas. De vez en vez ella voltea y lo ve con adoración, o eso percibo en esta noche que ya dije cómo es, y que como tal, puede engañarme.
A mi derecha las casas, a la izquierda los autos que descienden, nosotros sobre la banqueta, caminando, subiendo una calle de este pueblo. Ella mira hacia mí, me sonríe con sus siete años felices y sé que los amo, a ambos.
La certeza de mi amor me picotea los ojos y me rezago un poco para que mis hijos no me vean llorar en esta, como ya se ha dicho, noche de primavera, llena de perfume fresco…

viernes, 15 de junio de 2007

Este es un fragmento de carta escrita en otro junio:

“No me siento nada bien. Estoy leyendo. Un libro que se llama De la Onda en adelante (entrevistas a novelistas mexicanos). Pero en realidad no leo. Quisiera salir corriendo-literalmente- a la calle, a una larga calle solitaria, a encontrarme al viento que oigo cómo grita y corre fuerte. Hace frío, qué curioso –es junio cananense-. Un rehilete que está en el jardín suena y suena al dar vuelta tras vuelta. Somos un rehilete, nuestros ruidos son las letras, las palabras ¿no crees? Pero allí –aquí, allá- estamos, indefensos, vulnerables frente a la menor agitación del aire, ansiosos de un breve soplidito para poder movernos. No quiero llorar. De veras que no.
Hasta parece que llueve. Rehilete pinche, engañando al deseo. 23 horas con tres minutos dice un locutor lejano y yo sigo viendo… nada, ni las paredes de esta habitación blanca. Sólo veo, quiero ver, hacia mí. Y no me hallo. Musiquita gacha.”

Y este es otro junio y lo único que cambiaría al tal fragmento es que el título del libro que no estoy leyendo, aunque pretendo, es Cosmoagonías, de Cristina Peri Rossi. Todo, incluyendo el viento, el rehilete, los deseos de lluvia y lo demás, están presentes.

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martes, 12 de junio de 2007

Noche cruel

sin tu mano
para sostener mi corazón
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sábado, 9 de junio de 2007

Borrador para siempre

Que no podías obrar en contra de tus convicciones (¿recuerdas cuánto nos divertía esto de “obrar”?). Tú estabas adherido (me gusta el término, oh, si, te queda) a la idea de que no existe el más allá. Enfáticamente negabas tal posibilidad. (“No seas terca, si insistes en que los fantasmas existen, volveré a jalarte los pies”, decías…)

Entonces…

Cómo se te ocurre llegar y despertarme a medianoche para darme tan espantoso susto, creí que me moría…. ¿por qué me haces esto, qué andas haciendo aquí luego de tantos años, acaso no sabes que estás muerto?

¿Cómo que no eras tú? No me digas eso. No me lo digas. ¿Quién era el que llegó y se acostò conmigo, enfriándome como un invierno anochecido?- ¿quién se metió en mi cama, poniendo su cuerpo a mis espaldas, sus piernas extendidas atrás de las mías haciendo que mi cabello en la nuca se erizara por el miedo?... No eras tú. ¿Te creo?

Me rehúso a dormir de nuevo.

miércoles, 6 de junio de 2007

el abismo es la voraz oscuridad
que come miedos

el silencio es abismo
y la mirada tenue de las aves cuando vuelan
es anhelante intención
de naufragios
en lo negro.

mis gritos nadie los escucha
porque el abismo no deja

martes, 5 de junio de 2007

"Cómo evitar el llanto en una tarde de árboles bañados de luz y viento. Antecede la imagen de dos niños descalzos a las cuatro de la tarde parados en una banqueta con cuarenta y ocho grados encima. Hermosillo se llama así. Desgarrador el sol y los camiones frenando en el corazón de la tierra de una colonia periférica." Carlos Sánchez
El primero que me mordió fue el diablo.

Era un día como cualquiera, afirmación que no dice nada porque ningún día es como ningún otro. Un día soleado, con excesivo sol debería decir, estoy diciendo.
No lo vi. Pero estoy convencida de que él sí me vio venir, ir, acercarme.
Encajó los colmillos en mi muslo izquierdo, con fuerza, con determinación, con ganas de joder. Me protegió, sólo es un decir, el pantalón de mezclilla que llevaba encima, o yo adentro de él, o él alrededor de la parte inferior de mi cuerpo. Me mordió y se quedó allí, mordiéndome eternamente, en una eternidad que duró algunos dolorosos y paralizantes minutos, durante los cuales, dos tres hombres que cerca se encontraban acometieron a golpes y periodicazos que también es decir golpes pero con un periódico, contra el diablo para que despegara sus armas de mi muslo que ya había dejado de pertenecerme y sin el diablo atenazándome no podía ya moverme, debo decir que con sus dientes tenazas tampoco pude. No grité, no dije nada y tengo que reconocer que el diablo tampoco ladró, gruñó, ni alguna de esas cosas que en esas y otras circunstancias un pinche perro mordelón haría.
Después, por consejos de señoras aparecidas de la nada, lavé la herida y me fui a buscar remedio y consejo a un hospital nada cercano, caminando yo, recién mordida bajo el implacable sol de un día cualquiera, que ya sabemos que eso no significa absolutamente nada, sino que no recuerdo qué día era. Por la conmoción pertinente al recién sucedido acto atrozmente canino, es comprensible que yo no me fijara muy bien dónde ponía los pies, dónde fijaba la vista, qué tanto me alejaba de las paredes y los postes hasta que un aparato de refrigeración enjaulado me sacó violentamente de mi ensimismamiento, abriendo una herida sobre mi ceja izquierda. Las heridas en el rostro suelen presumir de sangradoras, ésta no se quedó atrás, me encontré con roja máscara en segundos y para ayudarme estuvieron otros dos tres hombres albañiles que trabajaban arriba de un techo, quienes me medio limpiaron y regañaron. Luego me prestaron, en calidad de regalado un pañuelo limpio y así seguí mi camino infortunado.
Gracias al diablo tengo una cicatriz sobre mi ceja y gracias a que el mismo diablo estaba vacunado no me picaron feamente para agregar humillación a aquella agresión.
Gracias al diablo temo a todos los perros. Gracias a él y a otros dos que también me consideraron apetecible en otros días cualquiera. Uno, pequeño, se llamaba whisky, y por lo menos cinco veces encajó sus colmillitos en mis piernas a pesar de que procuraba caminar lo más lejos que de él podía. Ya se murió con todo y su record de carne humana por él mordisqueada.
El último y tercero no sé cómo se llamaba, pero como el diablo, era negro y también me mordió con todas sus ganas. O sabe ¿serán ganas eso que hace que los perros muerdan?

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lunes, 28 de mayo de 2007

El que con lobos anda


El lobo le enseñó. La primera vez fue el susto. Bajo los árboles nocturnos, y sofocada por el canto de los grillos de la pueblerina plaza de su adolescencia sintió su lengua primera. El corazón desbocado, la sorpresa, la maravillosa sensación. Después vinieron otras, muchas veces en las que ella y el lobo buscaban la oscuridad, las escaleras de aquel salón de baile en las que otras parejas también se refugiaron deseando aprehender el temblor, memorizar las olas. En la candorosa clandestinidad los labios aprendieron pronto las lecciones, y buscaron aquella otra textura con anhelo. Ella recuerda cómo en los sueños los labios se encontraban y llevaron a otros mojados sitios, probando los sabores uno y muchos que de la boca nacieron.

Alguien, luego de muchos años de aquella enseñanza preguntó, creemos que con asombro, quién te enseñó a besar, ella dijo casi con orgullo el lobo. Y así fue.

Pero los besos pasan, el aullido corre y nuestros colmillos son otros filos. Nosotros también.

Hace unos días encontró restos de aquel lobo. Seré breve al reseñarlo: estaba sin desearlo (prefiere fiestas donde también haya hombres, no sé ni por qué lo aclaro) en una fiesta para mujeres y al empezar el show travesti encontró, un tanto extraviada tras kilos (nótese la exageración) de maquillaje, la mirada cansada de un lobo viejo. En el maullido lastimero con que concluyó su representación se notó que él también la reconoció. Lo sé. Y no le importa: los grillos, aquellos, están muertos, la plaza perdida, los sueños ausentes.

Yo, para qué mentir, no me acuerdo de él, aunque a veces alguna saliva me recuerda su olor y el inolvidable dulzor de su lengua caliente.

jueves, 24 de mayo de 2007

El regalito


Me diste un gran regalo al irte
lo disfruté con emoción al recibirlo
enorme y luminoso
y con un moño ingenuamente lila.

Lo puse ante mis labios
para besarlo: se sentía fuerte
limpio y con sabor metálico.

Lo olí y supe que tu ausencia
estaba llena de aromas frescos
de mares y de vientos.

Al moverlo escuché una brisa
como de niños durmiendo:
ruiditos suaves y tiernos.

Me creí feliz y estuve
un rato con tu regalo bailándome
en las manos
pensaba que tu ausencia
era mi patrimonio
la mejor herencia.

Pero hoy no sé qué hacer con el paquete
su peso es algo demasiado duro
no sé dónde ponerlo
no hay mesa, ventana, ni persona que lo aguante
encima
no tiene entrada, ni salida
ni nudo corredizo, tarjeta dedicada, nada.
Me cansa con su aroma suave
mis dedos se enfriaron en el metal de su envoltura
el ruido no es el ronroneo de niños que duermen
sino el suspiro de la carne pudriéndose.

Ven, por favor
lleva tu ausencia lejos
regálala a otra gente
no me la des a mí.
Arrebátamela.
que no es mi santo ni cumpleaños
ni añonuevo ni nada que merezca festejarse
con un regalo
de tal naturaleza.

martes, 22 de mayo de 2007

El regreso podría ser
como un machete cortado
agonizando por la punta hueca

Porque suena a filo
a triste
a resbaladero

Sin embargo es la hoja
y es el desconsuelo

Es la mirada hacia atrás
la avanzada del cangrejo

Es lo blanco


Es el retroceso

sábado, 19 de mayo de 2007

Es difícil entender qué se persigue cuando el resultado que se obtiene es el miedo. ¿El miedo de los demás alimenta? ¿Qué: razones de poder, malabares de política, alguna enfermedad mental aún desconocida… ?

Puedo, tal vez, desgarrando mi entendimiento, forzosamente asimilar el que una persona desee sembrar pánico, asustar mucho, hacer que todo sea tan confuso que la gente no sepa qué hacer, a dónde correr. Disfrutar el desorden, gozar con el caos… Eso, casi lo entiendo.

Pero los niños, ya cuándo olvidarán la amenaza. Todo fue así (y no sé por qué esta necesidad de decirlo, tal vez crea que si lo escribo lo borro, lo convierto en signos y me tapo los ojos): luego del día de violentas muertes (más de veinte) y del sobresalto en este pueblo, llegó otro día, que se llamó viernes. A las diez de esa mañana comenzó la húmeda mancha del rumor, extendiéndose como oscuridad pegajosa a través de celulares, gritos, llamadas telefónicas, avisos radiofónicos. La gente corría, se resguardaba. Vi niños llorando abrazados a su maestra, jovencitas angustiadas, madres mortificadas… Toque de queda por unas horas, Cerrado todo: bancos, escuelas, comercios, hospitales, bibliotecas, changarritos…Las armas intimidan, las amenazas, aunque falsas, como lo fue ésta, también. Quién lo hizo. Para qué. Los niños aún tiemblan, se esconden abajo de la cama, no desean salir a jugar.

Más tarde, de regreso al trabajo, encontré gente bromeando sobre lo pasado: Un hombre que conversaba con otro dijo: es que me dañó el cerebro el toque de queda y yo sonreí… seguí caminando y mi sonrisa creció, hasta convertirse en una tímida carcajada silenciosa que se despeñó resbalando atroz entre las piedras y cuando llegué a mi destino, las lágrimas no me dejaban ver, me fui de boca hasta el helado despeñadero del temor… Es tan difícil vivir.

Trabajé.

Por la noche quise bailar, no estar sola, quise reír, hacer el amor, quise ser feliz… pero sólo logré hacer lo que en mi vida puedo hacer: escuchar música. Sólo dos canciones con Víctor Manuel antes de zozobrar hacia la cueva del sueño plagado de pesadillas... Vivir.

viernes, 18 de mayo de 2007

Hoy es viernes, se oyen sirenas
Para Carlos


La foto que me sobrecoge y angustia es así: una enorme mantis religiosa sostiene con sus patas delanteras a un colibrí y lo devora, desgarrándole la piel y los músculos del pecho con las mandíbulas…

No puede nadie entender.

Anteayer era miércoles. Muy temprano lo supimos. Muertos, desaparecidos, violencia.
Dicen los diarios, el radio, la televisión. Dice el rumor cada vez más escandaloso y sorprendido y totalmente cubierto por el doloroso miedo y por el doloroso dolor que la vida deja de ser preciada, que la vida vale tan poco que cualquiera llega y la tira en los caminos como si de basura se tratase. Parece ser que sólo basta cargarse de armas, mucho odio, autos costosos e impunidad. Y el resultado son personas golpeadas, marcadas, muertas. Uno, siete, once, 23… Las armas y los uniformes mostraron su poder intimidatorio todo el dìa. Patrullan las calles y el cielo. Se les ve ir y venir. Nadie se siente seguro frente a eso.

Ayer era jueves, estuve en la presentación de un libro*, el autor nos hablaba de que “la literatura es un intento de elevar el espíritu del hombre. El hombre es el hombre: la criatura máxima de la creación. Hay hombres buenos, malos y regulares”, también dijo y todos parecimos comprender, pero de pronto se oyeron las patrullas, ambulancias, sirenas varias que destrozan los mares de lo tranquilo y entonces todos los que antes habíamos creído entender, quisimos correr, saber qué pasaba, no saber, protegernos, estar escondidos. Porque nadie sabe quién es quién. Quién persigue, quien es el perseguido. Este juego de la violenta muerte qué fuerza nos obliga a jugarlo… Los helicópteros se encargan de que no sigamos preguntando por el espìritu del hombre…

El pueblo sigue siendo el pueblo, pero ahora es un pueblo asustado. Es un pueblo que está llorando y que no supo cuándo las reglas del juego de la vida cambiaron. Así nadie gana.

¿Qué nos hace ser humanos y creernos menos animales? Si todos somos campamochas comiendo vorazmente las chuparrosas


* el libro es Me lo contaron… Lo cuento, de José Jesús Terán Morales

jueves, 17 de mayo de 2007

Llueve, amor

El dedo humedecido
nada.

Llueve tras la ventana
y los arroyos corren
desde enfrente del sudor.

Llueve
las goteras empapan las almohadas
y la sábana me moja
los cabellos.

Llueve
de los árboles escurren pájaros
con alas derretidas.
la cera de mi piel
en gotas
tiembla,

Afuera llueve
los charcos profundizan los caminos
las manos se deshebran
buscando la ola
en este mar de espuma.

Llueve
el agua corre entre los surcos
mi boca recoge
el olor a tierra mojada
de mi caricia
sola.

lunes, 14 de mayo de 2007

Cuadro

alcantarilla oscura
repleta de estrellas
con la lengua de fuera
maniatadas
dentro de una noche
líquida y espesa
que nos cae del cielo
con la luna

miércoles, 9 de mayo de 2007

No hay dolor más atroz que ser feliz

Para el Sol. Para Pina.
Para Miguel A. Avilés.
“Y si sentís tristeza
cuando mires para atrás
no te olvides que el camino
es pa’l que viene y pa’l que va”


La luna era de octubre, de seguro fue bella. Todas lo son. No puedo, por más que lo intento (en realidad eso no importa, por eso ni es cierto que me esfuerce tanto), recordar cómo o por qué (vivía en Nogales) estuve en Hermosillo ese día (creo era 1986, gracias Sylvia), ni supe cómo llegué, llegamos, Pina y yo al Auditorio (en ruletero, supongo, y tampoco importa), pero allí estábamos, casi puntuales, y desde luego después de muchos que llegaron antes; eso lo supimos cuando entramos y todo estaba lleno, los conocidos, los desconocidos, allí: sentados, sentándose, buscando asiento; no había ni un solo lugar vacío así que nosotras nos apoderamos de un pedazo de escalón, decisión excelente porque con sólo unos 10 minutos sentadas allí alguien comenzó a sacar sillas y a ponerlas hasta adelante, enfrente de la que hasta entonces había sido primera fila y por supuesto Pina y yo allá fuimos a sentarnos en esa privilegiada posición, no lo creíamos, ya éramos dichosas por estar sentadas en los escalones, no suponíamos que la fortuna nos besaría esa noche más, mucho más.

Allí estábamos, entonces, dos afortunadas y jóvenes mujeres (alocadas e ¿ingenuas?, expectantes, gozosas): en primerísima primera fila, pegadas al escenario, a menos de medio metro, podíamos incluso recargarnos en él, tal vez lo hicimos (“Cierto es que hay muchas cosas / que se pueden olvidar, / pero algunas son olvidos / y otras son cosas nomás.”), Pina llevó una grabadora de reportero, nunca supe si grabó el concierto, pero su grabadora allí estaba, en el piso del foro junto con otras más, incluso alguien nos pidió voltear casete al terminar de grabar un lado.

Qué músicos lo acompañaron, lamento no recordar, ni la ropa que yo traía, ni mi peinado, pero sí lo recuerdo a él, vestido de negro, con su negro cabello untado hacia atrás, lloré cuando apareció en el escenario, tan, tan cerca… No sé con qué melodía inició, ni cuál fue su cierre (creo que no importa, y aunque podría inventarme ese recuerdo, no quiero). Cantó, claro (o tal vez no, qué importa), sus milongas, coplas, zambas, “El violín de Becho”, “Mariposa negra”, “Qué pena”, “Guitarra negra”, “Pál que se va”, “Stéfanie”, “Adagio”, “Nene patudo”… Tan cerca estuvimos que recibimos una petición inusitada del cantante, quien mirando hacia nosotras, divertido nos dijo: ¡aplaudan!, porque Pina y yo, con la boca abierta (así me gusta imaginarnos), no acertábamos a palmotear nuestra aprobación como hacían todos.

Se despidió de nosotros, de Hermosillo, de Sonora, de México (ya antes, en dos ocasiones años atràs lo habìamos visto y oìdo cantar), nos dijo que regresaba a su tierra. Aquel fue un concierto… ¿qué palabras puedo utilizar para poder decir: lindo, emotivo, gratificante, grande? Tal vez ninguno de estos términos alcance. No alcanza.

Salimos todos inmersos en la nube de la satisfacción y no puedo entender, o sí –ahora que escribo esto de la nube- cómo es que me encontré sola, niña perdida siempre, y no sé cómo es que llegué a la casa de Pina, yo, incapaz de saber del norte y del sur (alguien debió llevarme, no recuerdo). Querida Doña Julia, su mamá, me alimentó como tantas veces hizo… recuerdo que comí hígado encebollado, tal vez lo tengo presente tan claramente porque no lo como mucho: al rato llegó Pina preocupada porque nos extraviamos en esa confusión feliz, te busqué por todas partes, tal vez dijo; no te encontré parece que yo dije; nos saludamos como sobrevivientes, exultantes. Ella llegaba con una sorpresa feliz: me trajo el Sol, dijo a mi oído, creo que allí, en esa ocasión, en la sala de la casa de los papás de Pina, supe que él sabía mi dirección en Cananea y agradecí saberlo, supe también la fecha de su cumpleaños, que es la de mi hermana, nunca lo olvidaré pensé. Yo traía un casete de 90 minutos, en el lado A: Ella Fitzgerald, lado B: Mongo Santamaría, casete que Humberto me regaló (Que pena / que no me duela / tu nombre ahora / Que pena / que no me duela / el dolor.), preciado para mí porque además traía la caligrafía peculiar de ese hombre que casi diez años después en una habitación nocturna murió sin luna, tan solo y dolorosamente. El casete se lo presté al Sol, como manifestación de lo maravillosa que la noche era, también gracias a su presencia.
El Sol nos invitó a cenar, salimos rumbo al centro y en la Serdán entramos a un lugar con mariachis (qué absurdo, sé que lo pensé), yo no cené, ellos pidieron brochetas y los tres carnívoros hablamos de los sentidos. El Sol defendió (Quien te querrá / pregunto quien serás / la que yo conocía / no ha existido jamás.) la postura de que el sentido del tacto, mientras yo afirmaba que la vista, Pina tal vez que el olfato… qué sentido nos haría más falta en caso de perderlo, el Sol argumentando que la piel es el contacto, la barrera y la posibilidad de estar inmersos en el mundo (qué de asuntos profundos hablan tres amigos cuando han oído un concierto entrañable, se alimentan de carne y se meten en un sitio con el mariachi desbocado). Años después leí un libro que se llama Diario de una esquizofrénica, quiero que sepas Sol, que lo cuando leía te di la razón porque pensé: hace más de diez años el Sol dijo algo muy parecido a ese infierno helado que es no estar aunque estemos.
Al salir de ese lugar, calientitos por el jolgorio de la música bravía, y aderezados con la charla tan sabrosa y la emoción, aún, del concierto ("Stéfanie, yo ayer estaba solo / y hoy también / pero en mi cama / ha quedado el perfume de tu piel.”), nos recibió como en un sueño malformado la mala noticia: en esa callecita donde el Sol estacionó su auto (un pick up, recuerdo, con ventanita en la ventana trasera) alguien, aprovechando las sombras y la soledad, forzó la ventanita ya mencionada y robó. (discúlpame Sol, que no recuerde si la caja de herramientas, si alguna otra cosa… lo que recuerdo con énfasis es que se llevaron también el casete que recién te había prestado.
Humberto.)

No puedo oír el nombre de Zitarrosa sin que a mi memoria lleguen como brisa, como suave caricia, el Sol, los días aquellos, Pina, Doña Julia, el tacto, Ella Fitzgerald, Mongo Santamaría, Humberto… ¿Antes o después de esa accidentada cena fuimos y caminamos en un parque, con grandes árboles y flores, Pina cortándolas y el Sol diciendo que no, que las flores se mueren si las cortamos?

Alfredo Zitarrosa murió el 17 de enero de 1989 en Montevideo, Uruguay (“Que pensarás / a quien le dirás / que conmigo podías / perdonarte y llorar”)
Stéfanie
(
Alfredo Zitarrosa)
Stéfanie, no hay dolor más atroz que ser feliz.

Decías anoche: "óuvi-me, po- favó,* bésame aquí" (fonético).
Stéfanie, sé que tu corazón "fala yi mi"* (fonético).
Y eso es dolor, Stéfanie…

Stéfanie, yo ayer estaba solo y hoy también
pero en mi cama ha quedado el perfume de tu piel.
Te veo salir, correr por el pasillo del hotel:
la vida es cruel, Stéfanie…

Stéfanie, hay una sombra oscura tras de ti;
de tu ternura, recuerdo la mirada azul- turquí,
los pies calientes, tus palabras de amor en portugués,
pero no a ti, Stéfanie…

Sé más valiente; hazme saber si va a sobrevivir
entre la gente el color de tu pelo, Stéfanie...
Debes vivir la soledad que sales a vender;
sé más mujer, Stéfanie…

Stéfanie, yo tampoco te quiero, mas tu amor,
por el dinero, ha olvidado al obrero y al señor.
Esta canción que pregunta por ti, que no ha dormido,
es puro olvido… Stéfanie…!

* Expresiones fonéticas por "ouve-me, por favor" y "fala de mim", respectivamente, "óyeme (u oíme), por favor" y "habla de mí", en portugués.
(El texto presentado es trascripción fiel de como fue publicado en la tapa del disco Guitarra negra, España, 1977)

martes, 8 de mayo de 2007

No quiero que tu recuerdo siga diciendo mentiras
¿Pero cómo cubrirle la lengua cuando llega
Y me lame?

lunes, 7 de mayo de 2007

A veces siento miedo
de que un día
los pájaros que crías con esmero
me coman la cabeza

miércoles, 2 de mayo de 2007

Con Ugo
Eludible

Ahora
a duras penas sostienen su marcha
encabalgada
los minutos;
cuando, aquí,
las lunas enloquecen
ensordecidas por los ramalazos
muertos
de calles hechas polvo,
arroyos de silencio,
lodo,
cañadas.

Aquí, donde arrastré
las uñas en los cerros
para hacer que las palabras
en jirones,
encaminaran sus pisadas suaves,
amargadas,
sobre un papel grasiento
y en líneas temblorosas.

Aquí,
el verbo se ahorcó
colgando de las ramas
bajas
del mezquite;
así la lengua enferma
reptó hasta las calles
a tejer en nudos
la corbata de las decepciones.

Aquí se concluyó el deseo irrealizable,
se desbarrancó la prisa
de lentas huellas digitales
repletas de manantiales resecos
y despellejadas veredas
acariciadoras en espinas.

Aquí,
luego de rodar en abismos de piedras
y de aceras tapizadas de peatones:
mudos, callados
y cada vez más silenciosos,
vino a quedar sobre la vía del tren,
despedazada,
hecha trocitos,
la risa:
meros retazos de telas de colores.

Aquí,
el habla se extravió,
descoyuntada,
marcada paso a paso,
señalada con un dedo de fuego
lagrimeante
en cada salto,
en cada una de sus manecillas,
de sus ruidos tenues,
sus arrullos inaudibles.

Aquí el sol da media vuelta
en las mañanas
y desencantados frente a la nuca
atardecida,
los sonidos,
uno a uno,
se arrojan de cabeza a los canales
de agua sucia
a flotar con gatos muertos
y basura.
....................................

lunes, 30 de abril de 2007

Camino siempre. Si pudiera volar creo que lo haría, o nadar si tuviera que moverme en el agua o en un líquido sendero. No es el caso, así que camino siempre. Esta vez llevo colgada de mi hombro izquierdo la bolsa, una bolsa café llena de… no diré porque ni yo lo sé (lo supongo y eso es siempre suficiente), baste con decir que en ella también llevo algunos periódicos y muchas plumas, marcadores, monedas, llaves, y papeles.
Con mi mano, izquierda también, sostengo algunos libros (2), y carpetas (5). Mi mano derecha se ocupa de cargar una bolsa con pan dulce, y como no puedo apretar la bolsa muy fuerte, ni estrujarla porque el pan se maltrata, mi mano (derecha) se esfuerza más al contenerse, los dedos me duelen.
Camino y pienso. ¿Qué pienso? Sólo esto, que camino y que cargo cosas. Que me estoy cansando, que quiero llegar. Pero el camino, impertérrito, no se acongoja, ni se reduce, sólo allí está. Y hay que caminarlo para llegar. No puedo hacer que a mi pensamiento entren las flores, tantas, rosas blancas, rojas, lilas, amarillas y rosas…
Camino un poco más y siento que si no me detengo a reacomodar mi carga, ésta se me caerá e imagino el pan aplastado, los papeles que vuelan y llegan primero que yo pero quién sabe a dónde podrían llegar unos papeles liberados, dejados a su suerte… me conduelo de su incierto destino libre, los aprieto y sigo caminando, el hombro (izquierdo) me duele, las manos me molestan. Porque pienso en detenerme no lo hago y continúo. El camino también.
En una esquina, justo la que está antes de que la calle descienda, hay dos hombres jóvenes, sentados a la orilla de la banqueta, uno de ellos se levanta y me cuenta que son extranjeros, su acento es sudamericano (lo que puede indicar que son del sur de México, porque desde acá, todo lo que está al sur es el SUR), que los “echaron del otro lado”, dice, que necesitan un dinero para comer. Y todos estos pensamientos se me hacen rehilete y como se mueven tanto, no sé qué hacer:
· Y si les doy el pan que llevo… no, tal vez quieran comer otra cosa…
· Le pediré que me cuide los libros mientras busco en mi bolsa el monedero… y si decide que tal vez los libros son buen alimento y corre con ellos, mi pensamiento ríe…
· Puedo pedirle que me cuide la bolsa de pan un rato, sólo para localizar…
· Le daré mi bolsa (café) para que…
· Me sentaré con ellos y…
Pero mientras pienso y no puedo decidir, mecánicamente mi mano derecha pone en la punta de los dedos de mi mano (izquierda) la bolsa de pan… luego, toma los libros esa misma mano y de nuevo el pan, y con el mismo movimiento baja del hombro la bolsa café que está colgada del hombro izquierdo… después… la mano derecha coloca la bolsa de pan de nuevo en la izquierda y casi con el mismo movimiento hurga adentro de la bolsa café y saca el monedero… como puede abre el zíper y busca. Hasta entonces es que puedo hacerme cargo de la situación y ayudo a mi mano a encontrar. Todo esto, hasta que le doy al hombre lo que me pidió, deseando le sirva de algo… ¿cuántos minutos pasaron? Breves, pocos. Suficientes para hacer el reacomodo que ya urgía.
Sigo en el camino y no puedo pensar en esas nubes, tan oscuras, ni en la gente que también camina, que viene y que va; no puedo pensar en los hombres que dejé atrás, en su vida que es la vida de todos, emigrando de todo siempre. Sólo este peso y las ganas de llegar ocupan mi pensamiento, pero me doy cuenta, de reojo, de un auto que pasa con música a todo volumen, es un corrido de narcos, no deseo pensar en eso, la violenta muerte ha andado muy fronteriza en estos meses, cruzo la calle, volteo automáticamente hacia la derecha para evitar en lo posible ser atropellada y logro ver la iglesia, alta y blanca, de allá vengo, calle arriba. Sigo caminando, la oscuridad siempre me repele, me pone vulnerable, pero el peso que cargo puede más que mi blandura.
Camino y al cruzar la vía miro allá lejos el tren. No lo veo en realidad, sólo oigo su pitar profundo y alcanzo a distinguir la luz que se acerca, un auto se detiene, cuando paso junto a él, oigo la música, es un ritmo calientito, una voz dulce y masculina que canta y casi olvido la punzada en el hombro (izquierdo), mis resentidos dedos; pero continúo, desde que crucé la vía llegué a mi barrio y me digo que si cerrara los ojos sabría cómo llegar a mi casa, aquí he vivido siempre, sé cada casa, cada árbol y todos los hoyos del camino… Pero no, soy incapaz de caminar a ciegas (ni es cierto), me apresuro y unos metros más allá, llego por fin al sitio donde, luego de abrir la puerta y saludar, puedo poner el pan sobre la mesa, los libros, las carpetas, quitarme la bolsa, la chamarra y creo, anhelo, que sentiré más libertad sin todo aquel peso que encima traía.

No es así. El peso que me aplasta no eran esas insignificantes cosas.

No es.

viernes, 27 de abril de 2007

Ruido mojado

Llueve y llueve

El agua es un ruido cayendo a chorros
desde los techos
limpios ya de tanta lluvia.

Los higos relucen en lo oscuro
escurren su llorar profundo y dulce.

Escondidos tras los botes de basura
los perros sufren y se quejan
del húmedo correr nocturno.

En los arroyos callejones
hay latas desbordando líquidos y mugre
y algunos pétalos naufragan solitarios.

Adentro de las casas todos duermen
Comen
Leen, hacen el amor
O escriben.

Nadie ríe
esta lluvia es algo serio
y moja.

Son las inundadas once de la noche
el cielo truena y se acongoja
hace frío y todo duele.

Llueve y llueve.

martes, 24 de abril de 2007

Otra vez

Para Antonio

Viernes lluvioso de aquel final de julio. Salió de su casa metiéndose meticulosamente en todos los charcos nuevecitos. Aquello de chapotear una y otra vez sin remordimientos le recordaba épocas felices... o menos tristes. No es que estuviera triste, no mucho; de hecho, según estudios de científicos angustiados por el comportamiento y de acuerdo a estadísticas en las que ciertamente no creía, los seres como él no pueden gozar de la tristeza; no, sólo las emociones simples le llegan al corazón y la tristeza, como todos saben, es compleja. Como fuera, el tener los verdes ojos en esas condiciones no le ayudaba a prevenir el agua, menos si ésta se encontraba en el suelo, agrupada en pequeñas lagunitas... Entonces, tal vez no era meticulosidad el desapego por lo seco, sino resignación casi feliz ante la inevitable humedad.Si julio no se acaba pronto, o si lo hace (que lo hará, ya lo sabemos) pero agosto continúa como cascada viniéndosele encima, sus pies terminarán destrozados, lo sabe. El color ya se despidió del pie izquierdo y deja de a poquito el derecho desde la primera llovizna: tela de poca calidad. Y él, ¿qué puede hacer con la mirada al revés? Su única razón de ser es continuar recorriendo las calles de este cuento una y otra vez.
............................................

lunes, 23 de abril de 2007

Veo por la ventana los arboles que se mueven y mueven contra su voluntad ¿O será acaso su voluntad moverse? En qué momento decidieron meterse a la tierra y allí quedarse? La decisión del muerto. Parece que los árboles oyeron mi pensamiento, ahora se mueven queriendo acercarse y tal vez jalarme, meterme entre sus raíces y allí dejarme: apenas latiendo un poco, húmeda y caliente. Esto parece amor. El amor nos hace desear devorar al amado y como no podemos... (porque no podemos), lo besamos, lamemos, mordemos y ya sabes. El hablar es eso. El lenguaje que media entre el mundo y nosotros.
Es la boca, eso tan primario y satisfactorio de lo oral.

sábado, 21 de abril de 2007

Y miro por la ventana las palomas que caminan lentamente sobre un muro. Y me digo: ¿esto es la vida? Y me digo: esto es la vida ¿Qué le vamos a hacer?
Todo parece que se mueve. El gran engaño. Ni siquiera el parpadeo es cierto.
Ya lo han dicho muchos y mejor: ni siquiera estamos.
Yo sólo lo presiento. No me atrevo a sostenerlo.

viernes, 20 de abril de 2007

Gabriel, Miguel, Rafael, Arcángeles y Gudelia...


que apenitas llega con sus pasos lentos y arrastrando un fardo que nadie sabe, menos ella, qué sea...
Gabriel: ¿cómo es que llegas
Miguel: Gudelia tan mojada
Rafael: en esta noche oscura?
Gabriel: ¡Llegas y cómo
Miguel: Gudelia tan oscura
Rafael: en esta noche mojada!
Gudelia que, entre otras cosas, detesta la forma de hablar de Gabriel Miguel Rafael, los besa bruscamente, mordiéndoles la lengua con toda la saña que conoce, para que guarden silencio. La medida, por supuesto, no da los resultados esperados, pero sí los hace dejar de hablar y se dejan hacer, como siempre. Como siempre -piensas y continúas perdida en el oscuro hueco de tus sentimientos hacia los tres...
Nadie como Rafael para mirarte con esa ternura sucia que te estanca en un líquido caliente. Gabriel ya llora porque llueve, Gudelia y aún no te percatas de tu olor a cieno, de tu fangoso arrastrar la lengua sobre el muslo de Rafael, deshaciéndose, arena para tus castillos, globos espumosos sobre tus pezones.
Miguel, mientras tanto, suspira y se desmaya para que en la rutina de tus caderas ya despierte, de nuevo suspire y...
Tiene que ser así, ya lo sabes, ellos no cambian.
Gudelia: llegamos a la hora del alimento
Gabriel: ¿Pero cuál
Miguel: es esa
Rafael: hora
Gabriel: del alimento
Miguel: que has dicho
Rafael: Gudelia?
Gudelia: Depende del alimento
respondes golosamente, chupando un muslo bronceado de Miguel... Hablo del que se va por la boca, aclaran los tres (en esa curiosa y detestable forma de hablar que Gudelia)... precisamente, alcanza a murmurar con intenciones mucho más que claras Gudelia, dirigiéndose con mirada felina hacia Rafael. Tengo hambre, murmuran enojados (con esa curiosa y etcétera).
Les ofrezco en sal mis pechos, mi cabello envuelto en vino y mi boca olorosa a viento y a manzanas. Gudelia se levanta y extiende sus brazos desnudos.
Gabriel: No te burles
Miguel: las tripas nos gruñen
Rafael: ya nos vamos
Gabriel: a buscar
Miguel: algo para comer
Rafael: ¿que ya las tripas nos gruñen?
No sabes qué contestarles, sus repeticiones hartan tu deseo y el placer de tener a tu disposición por una sola vez al año a los arcángeles se esfuma, se disuelve en la torpeza de sus manos. Los cabellos se te enredan con enojo entre sus pies y los lastimas... Rafael se queja roncamente, Miguel y Gabriel se ufanan del aguante que a tus dientes. Y tú, lanzas un alarido casi satisfecho y los asustas.
Gabriel: Ya nos veremos
Miguel: en el próximo
Rafael: calendario

Sí, dijo Gudelia, guiñando el ojo zurdo y sacándoles la lengua: ¡Cómo no!

jueves, 19 de abril de 2007

"La facilidad de escribir cartas tiene que haber traído al mundo una terrible perturbación de las almas. Porque la que se va gestando es una relación con fantasmas y no sólo con el fantasma del destinatario. sino también con el propio (...) Escribir cartas significa desnudarse ante los fantasmas, cosa que ellos aguardan con avidez. Los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas en el camino." Franz Kafka
Poema para Mirna Elisa

Sentir un olor a jícama .....recién decapitada..... la lengua hacerse ríos..... de lágrima y de espuma..... los ojos llenarse de deseos..... de llorar..... quebrar jícamas de niña..... romper, correr..... echarse de cabeza..... por estas ventanas..... rejas de la jaula..... llevarme de la mano..... a la distancia..... el olor a jícama..... recién decapitada.

lunes, 16 de abril de 2007

Brújula

Te pedí indicaciones, imploré por el rumbo. Intentaste ayudarme con ademanes y mapas garabateados en el aire. Pero al percatarte de mi evidente incapacidad para entender el norte y el oeste de la vida, y el sur y el este de la muerte, como a niñita, de la mano, me llevaste.

Al placer.

Que yo buscaba.

sábado, 14 de abril de 2007

Ida y vuelta

Me fui de todos
desde ese lunes
lloviznado y sucio
de palomas

Al llegar a la segunda esquina
de la calle oscura
como la sombra de la tarde
me escurrí a la ausencia
no sin antes poner en la basura
los papeles rotos
y el olvido
que ya me lastraban
las cosquillas en el vientre

Me fui de todos esa tarde
y regresé
y he vuelto

y todos están
y nada se mueve
las puertas se cierran
con el rechinido de antes
las sillas
los silencios
los maullidos en los techos
son los mismos

Volví para todos
este día sin nombre ni memoria
y en la vuelta
quedaron rezagados
apenas los colores
y unos cuantitos recuerdos

Eso es todo

jueves, 12 de abril de 2007

Foto

Ya ves la lluvia caer sobre los techos y cómo se desliza acariciando al viento. Te agitas entre tu sudor y muerdes esa mueca que te sabe a ruda: quitas la mano de la caricia entre los muslos y recordando al tiempo que amamantaste en aquella arena fría te estremeces. Todo bajo la lluvia difumina su contorno, la luz se esfuma silenciosa, el verde es un recuerdo que también chorrea y tiembla. Salir no es nada difícil: tomar del suelo las manos que olvidaste levantar, soltar tu cabello para que nade, y convencer a tus pies para que te acompañen. Sales con tus mejores galas y te hundes con esfuerzo en la tarde líquida que, solícita, te niega cualquier posibilidad de olvido. Sentada encima de un tronco, pareces una foto sucia y definitivamente echada a perder, con tanta agua rodando, rodeando y metiéndose hasta por tu ombligo: tal vez de pronto te deshagas y pases a formar parte del arroyito turbio que en estos momentos está justo entre los dedos de tu pie derecho, esperando sólo una gota más para seguir corriendo.

lunes, 9 de abril de 2007

Instructivo


Consiste, primero, en sentir que no habrá ninguna otra cosa que puedas hacer. Luego mirar la cama con toda la angustia que has acumulado en las noches más solas y, lentamente, acercarte, separar las cobijas, sentarte en el borde, tomar la almohada y ponerla en las rodillas... Pones expresión pensativa y piensas, desde luego. Que vale más que te hagas a la idea, que tendrás que hacerlo tarde o temprano, que no dolerá más de lo que te han dolido algunas cosas menos necesarias y te acuestas suave, hasta quedarte como piedra lisa, con las manos a los costados, la cabeza sobre la fría almohada que, antes, colocaste cuidadosamente, los pies vacíos y duros como los dientes que ya deben estar castañeteándote, asegúrate de esto. Piensa, piensa sobre todo en eso de lo que te has perdido, en el café que podrías estar tomándote, acurrucado tu cuerpo junto al fuego; acuérdate del hombre con quien pudieras calentarte, de sus manos grandes, de su piel, su ombligo. Siéntete frustrada y luego: tiembla. Cuando ya no resistas el movimiento de tu cuerpo, encógete y cúbrete con las mil cobijas que habrá para sepultarte en esta noche fría y sola; colócate como un nudo de hielo y calor que ya se extiende, las piernas encogidas, las rodillas hasta el pecho, la cabeza inclinada hasta tocarlas y las manos sosteniendo todo, hasta el miedo. Después ya solo queda lo único que queda en esta y en todas las noches por delante: Cierra los ojos y duerme.

martes, 3 de abril de 2007

Líquido cuervo

Para Roberto, el castillo


Desde hace algunos días, no importa cuántos, a nadie le importan esas minucias numéricas, busco al cuervo. He caminado confundida, creyendo verlo entre las nubes, tal vez asustado. La rutina se me ha vuelto búsqueda del cuervo que, quizá perplejo entre las piedras, no deja que lo encuentre.

Esta noche anuncia, promete encuentros, algo nos toca con dedos aceitosos y fríos desde el aire, huele a tierra mojada, ese olor: así debe oler el cuervo. Soy desasosiego, así me llamo. Salgo al porche donde en medio de la perfumada oscuridad, se escucha. Música, de un radio lejano.

Me siento junto a un gato, por un largo rato no hablamos. Él espera, creo, encontrar en los tangos allá lejos, el recuerdo lejano de sus jóvenes días; yo, lejana, anhelo encontrar al cuervo. Creo que nunca hablamos.

No creo que haya a quien le importe saber el porqué de mi búsqueda. Que en realidad es una expectativa. Sé que lo encontraré aunque no lo busque. Igual no sabría qué responder si alguien me preguntara la razón de mi expresión aturdida y de sobresalto, todo se debe al cuervo que está pero no. No sé respuestas, sólo miro sin mirar hacia donde sé que está el níspero esperando porque los años le hagan algún día dar sus frutos, y me atraviesa casi con dolor la certeza de que todos esperamos, sé de quien espera la muerte, la noche, la luz, la quincena, el amor, la desgracia, el taxi, los hijos... no sé si alguien anhele por el cuervo.

Entre lo negro ¿estará acaso ese animal oscuro, mirándonos, curioso?. Sabe que lo busco, lo busco con afán de loca, con toda la cordura que me queda, le he dejado señales por días, soy como la babosa que se escurre frente a nuestra mirada, amparándose, según ella supone, en la ausencia de luz, mientras arrastra su desdén por la escalera de baba que la delata hasta en su ausencia. Alguien dirá, creo, nunca falta quien diga lo evidente, que la babosa no supone, y que la escalera aparece después de su deambular, y aunque es cierto, eso no importa, yo sólo quiero decir que busco la pluma negra, la voz que no es. No deseo encontrar correctores de estilo. La vida es una falta gramatical, un charco lleno de culebras acentuadas, un abismo de reglas ortográficas.

Por fin, allá, atrás de casas y de cerros, atrás de lo invisible, veo. El relámpago, uno, otro, y muchos, perseguidos todos por el trueno. Ahora sí va a llegar, maúlla el gato, o eso creo que me dice, antes de que un terrible retumbar nos haga callar a ambos. Tal vez el cuervo también llegue: me instalo con comodidad en la esperanza.

La lenta necesidad del descanso, cuando todos, los perros, los autos, los padres, madres, hermanos, tíos, primos y sobrinos, amigos y enemigos, millones de desconocidos, se preparan para dormir, para dejarse ir a ese otro mundo, de los sueños, está aquí. Me conmueve pensar en el ritual del aseo, del rezo, de los estrujones a la almohada, y cómo todos estarán repitiéndose una y muchas veces frente al espejo, somos un espejo comunal, lavo mis dientes al tiempo que otros cientos, miles, sus dientes cepillan con esmero. Cuánto esfuerzo por no entrar a la cama desvalidos. Jamás lo lograremos. Me consuelo suponiendo que el cuervo tal vez esté detrás de todos los espejos, me miro fijamente, lagrimeo, pero no logro ver más que un rostro confundido y a punto de llorar.

Me acuesto, cierro los ojos y luego... se escuchan como olas diminutas, así cual salvajes insectos derretidos, tomando por sorpresa una temerosa ciudad, son las gotas, están allí y acá, nacieron para mojarlo todo, hacer su territorio de cada rincón que antes estuvo seco. Llueve. Abro fuerte los oídos para que la lluvia, para que el cuervo.

Por un rato que se me antoja largo, pero que tal vez no lo sea tanto, me aferro al sonido de cada una de esas minúsculas olas encerradas, logro sentir su golpeteo al reventar sobre las hojas de la higuera, me duelo de su parto y casi veo cómo saltan, corren enloquecidas, desesperadas se apretujan, desparraman y derraman sobre la noche. Adentro de lo oscuro.

Y siento claramente cuando el cuervo se coloca con plumosa suavidad sobre mi cuerpo, dentro de mí, sus patas son mis pies, mis dedos sus garras, las manos se transforman, puedo, si quisiera, mover las alas, el cuervo desearía, tal vez, coger con estos dedos, quitarse de encima la sábana, algo estrujar. El cuervo líquido me arropa. Ya no tengo boca, mis labios son un pico que junto con la que fue mi nariz se dedica con fruición a soñar que grazna en esta lluvia oscura que por fin me lleva al sueño, volando, como el cuervo que soy, sobre el agua.


(No para de llover. Y tengo miedo. El cuervo ya casi no se va. Se ha convertido en sombra literal de mi cuerpo. No sé qué temo. Lo busqué por tanto tiempo. )

sábado, 31 de marzo de 2007

Nota a pie de pàgina

Suicida: Caracol que asciende al cielo
amparándose en la baba

huella que lo sigue
y lo penetra

jueves, 29 de marzo de 2007

Instancias para dormir un poco

Hazte lo más pronto que se pueda
veintisiete heridas
en la piel recóndita
del último cabello
de tu frente.

Donde más te duela y acongoje
colócate un boquete tierno
a jalones saca tu sonrisa
y échala en un vaso a nadar un rato
con la dentadura.

Pon las yemas de los dedos
de tu mano izquierda
sobre el fuego
y lanza un alarido suave
cuando oigas los gemidos
de tu carne ardiendo.

Tócate sin miramientos
la llaga de tu ombligo
y verás brotar a chorros el cansancio
cuando llegue la cosquilla.

Tal vez entonces
lentamente
los ojos se te cierren
y caiga tu conciencia como losa
sobre el sueño.

Y luego
duerme

sòlamente
un poco.

martes, 27 de marzo de 2007

Fructifica la memoria del niño
que fui
que fuiste
y arrodillado al margen
te hundes en el deseo de nadar
en aquella risa espumosa
que tenías
que tuviste.

Duermes.

jueves, 22 de marzo de 2007

El ángel torpe

Este poema abre la boca
y se le escapan palabras
que huelen dulce y nombran
con énfasis gusano, ajonjolí
y verano desganadamente.
Está pudriéndose.

......Ya estoy aquí frente al metal
......y al gancho
......tengo escalofríos
......es tarea muy difícil aceptar el rumbo
......que decide seguir la carne
............(¿mi carne…?
.............¿qué es eso?
.............¿es acaso este montón
.............de orgánica materia que tiembla?)
......Hermano muerto, voy a platicarte
......estaba conservadita para consumirme en el invierno
......adentro de un frasco cubierto con encajes
......y decorado con yeso
......pero…
......ayer la pedrada hizo que la luz
......de pronto la sintiera negra.
......Rodé con los cristales rotos
......por los escalones
......caracol escalera cuestionándome
......¿qué he hecho?
......¿cuándo pronuncié mentiras?
......¿dónde quedó mi rostro yerto?
......Como supondrás, nadie respondía
......ay, hermano, y qué bueno.


......Abrí los ojos al silencio y escuché la palabra
......falsa que hizo nido en mi vientre
......y me dije:
......Que se vaya a la madre el asqueroso anhelo
......de dar a luz en huevos
......el amor arrastrado con penurias
......en esos lodosos caminos
......que ya no recuerdo.

......Desde entonces, hermano ya desde cuándo
......bien muerto
......el espejo se cree que soy otra
......las muecas y los ademanes turbios
......que a veces ensayo frente a su mirada que mira
......quién sabe qué lejanos muertos
......nos consuelan a veces
......de tanto desolado panorama
......y tanto discurso sin acento.

......Bueno, te decía que el gancho
......penetró con lujuria entre mis omóplatos
............(hueso triangular situado…
.............¿mis huesos, qué es eso?
.............¿acaso este montón de orgánica
.............materia
.............que no tiembla?)
......provocó el derrame caliente de mi sangre dulce
......pronto entre mis nalgas corrían los chorros espesos
......no puedo negar que fue satisfactorio reconocer
......en tal empuje
......el grito enfurecido de tu miedo.

......Mas ¿de qué te sirve
......me pregunto
......tener un ángel expuesto en el escaparate del viento
......si ya ni siquiera intenta las alas
......ni las plumas las recuerda?

......Cuando mi amante toma en la punta de su dedo gordo
......la certeza
......de mi angelical prestancia
......carcajea su deseo
......y mi vientre suelta espumas voladoras
......¿qué le queda?

......Le soplo mi cálido aliento corrompido
......a una pluma sucia
......que habita debajo de la cama
......tiritando
......y perdida entre recuerdos de ausentes vuelos.

......Mira, mis terrenales sudores se evaporan
......flotan desde que soy ángel
......mis gemidos no se escuchan
......sino en otra parte
......no en este lugar de humo y de niebla
......¿Y qué más decirte si ni me oyes?
......Tu olvido ni una sola vez ha parpadeado
......desde que te hablo
......con esta lengua emplumada
......que poquito a poco me asfixia
......las ganas
......de tenerme.

......La luna se arroja de bruces hacia el pozo oscuro
......para protegerse de mi feroz
......embestida
......desde que soy ángel
......la lluvia me perfora las alas
......agujera mis intentos de vuelo
......no quiere molestar –supongo
......sólo quiere juguetear
......pero cómo y qué bien jode
......esta ausencia reversible
......que nos moja
......y cuánto.

La piel a este poema cada voz que pasa
se le resquebraja más
no puede ya bailar
lo intenta y llena los pasillos de polvo
de alas de ángel

si tan sólo pudiera tocar y ser tocado…

Su ombligo tiene la forma
de una flor carnívora
retacada de insectos moribundos.

Por eso y otros incontables desencuentros
sellaré con clavos blandos
el ataúd de este poema muerto
para que ya no cante
el pobre
que la lengua
le apesta.

miércoles, 21 de marzo de 2007

La soledad, a veces…

Este hueco enorme
plagado de espantos

Cuando en la memoria y en el pecho
se recuerda un desabrazo
que nos pisotea como a tierra
recién lloviznada

viernes, 16 de marzo de 2007

Dulce

Estás sentado frente a mí. (Pude haber dicho: estoy sentada frente a ti. Pude, tal vez, iniciar diciendo: sentados frente a frente…
Escribir es decidir, no cabe duda. Muchas otras actividades menos lúdicas también lo son. Otras menos desgastantes también. Algunas menos solitarias igual. Siempre hay que elegir)

Hay un libro sobre la mesa, y una taza con café muy caliente –esto lo sé porque vi cuando lo sirvieron-, el libro es de poemas –y lo sé porque acabo de regalártelo- el libro y la taza están abiertos, esperan por ti… ahora te inclinas y lees con el rostro empecinado que pones cuando quitas los velos que cubren las palabras escondidas tras los signos, haces que los significados floten hacia ti como suspendido se dirige hacia tu boca el vapor del café.
Levantas la taza y das un esbelto trago, volteas sorprendido a mirarme como si yo supiera qué es lo que esa porción líquida te dio y sonriendo dices: no tiene azúcar. Ahora te veo endulzando tu café, con delicadeza haces girar la cuchara que apenas se ve, envuelta como está con tu mano grande. Dejas el café tranquilizándose después del remolino que le regalaste y vuelves a la lectura.
Yo, como tú sabes, miro pasar las palomas, los niños, el aire.
Yo, como sé yo, te miro a escondidillas y saboreo cada fragmento endulzado de tu cuerpo, de tus movimientos.
Pasas la página, tu expresión parece ser de desconcierto, lees lo que calculo son tres versos más, tomas la taza de café y das un trago que me parece largo y muy caliente. Y dulce.
Dejas la taza, cierras el libro, e inclinándote hacia mí pones en mi boca las palabras. Usas tu boca con sabor a café para depositarlas, son como esos poemas calientitos que acabas de leer.

jueves, 15 de marzo de 2007

¿Cómo extender las manos en desuso
y pretender que te encuentro
en esta lluvia?

Todo está mojado.
La gota no perfora ni el silencio.

¿Cómo abrir los labios
sin sentir que me alimento
de tu ausencia?

lunes, 12 de marzo de 2007

Olvido

Simplificando:

dos fuentes cristalinas
donde orinen los murciélagos
un globo perforado
medio grano de azúcar
y un quejido
bastan

(si puedes
agrégale fisuras de cristal
y sal

tendrás con eso
suficiente)

sábado, 10 de marzo de 2007

Por esta ausencia que ya pesa

Porque ya todo esto no resulta
nio es dìa todo lo que està lleno de sol
ni hay noche cuando duermo
ni hay sueño ni gato ronroneando

porque ya los dìas no tienen ni siquiera
un poco de color
guardado al menos en un frasco

todo està frìo y el silencio
me queda demasiado lejos si te espero

y cuando estoy mirando el aire
nunca pasas
sòlo minùsculos desiertos
pasan aplaudièndome la ausencia

y me siento en el borde de la acera
a mirar en los arroyos turbios
esperando verte navegar y nada
ùnicamente pasan sin siquiera parpadear
indiferentes los insectos muertos
y enlodados barcos de papel
sin rumbo y sin pañuelo
que al borde del naufragio
me tiren un adiòs y un beso

lunes, 5 de marzo de 2007

Discurso de recompensa

Accederemos a todas sus demandas
satisfaremos
con larguísimas palabras
sus justísimos deseos.

Haremos con las eses y con las vocales
una gran palabra
que cubra sus solicitudes simples.

(para sentir las piernas apoyadas
para tener los brazos aferrados...)

Les daremos lo que quieren:
los bosques
las perlas encantadas
los sapitos.

Les pondremos a los ojos
esa muerte por la que suspiran
los sepultaremos
plantaremos flores
(y eucaliptos, por supuesto)

Luego están los agradecimientos,
ya lo saben.

jueves, 1 de marzo de 2007

Esta noche casi me convenzo
de que estoy inmune a las ausencias:

inmune a las ausencias
ausente del dolor
doliente acongojada
congoja de perderte
perder la sensación
sentir:
que ya estoy curada de espanto
en esta ausencia
y no necesito un diente de ajo
en el ombligo
en cada pérdida

lunes, 26 de febrero de 2007

...............Nieve
Estas nubes van que vuelan para nieve
se les ve en los pies las ganas
de quebrarse como jicarita de agua
dulce
se les nota
aunque lo disimulen
anhelos de caer remotamente
como plumas

no llegar al suelo nunca
sino al rato

se les nota
¿cómo te dijera?
el ansia de volvernos un poco más amables
con su frío caliente

Estas nubes no pueden ya disimular
los deseos que tienen de dejarse
ir
de ser un roce de blancura
en este invierno.

estas nubes de plano
ya no quieren
seguir siendo nubes.

viernes, 23 de febrero de 2007

Pastel
Al caminar hay varias opciones simples para la mirada; tres sitios en donde posarla. Una, hacia el frente y si así lo hacemos podremos ver árboles, autos, gente, casas. Otra, es dirigir la vista hacia el cielo y entonces lo que vemos son nubes, inventamos el color azul, creemos en el vuelo de los pájaros, se nos atraviesan los cables de la luz, del teléfono… hasta el arcoiris que en realidad no existe podemos verlo, (porque lo vemos es únicamente que existe)
A veces estas opciones se reúnen en una misma mirada y parece pastel de varios sabores: las montañas azules, verdes, gris oscuro, una capa de nubes, crema esponjosa que sombrea la tierra que hay debajo y la capa superior es un azul que sólo el cielo y nuestros ojos suponen.
La tercera opción es hacia el suelo, caminar mirando la calle, el pavimento, los charcos, hojas secas, lodo, excrementos. Así caminé hoy, elegí esta posibilidad porque las nubes me apabullaron, son tan hermosas y casi perfectas en su ser efímero que me sentí aturdida, y porque la gente, porque los autos, porque los árboles no me dijeron ven… Caminé, entonces, viendo la basura tirada, vidrios rotos, de colores, transparentes. De reojo veo el movimiento que me indica si hay que cruzar una calle, si hay que detenerse. Veo huellas en la arena, en el polvo, marcadas en el que fue cemento fresco, hay fragmentos de papel, escritura mutilada, números enlodados, insectos, trozos metálicos, chicles masticados, colillas. Así voy, clasificando aquello que piso o que podría haber pisado si no tuviera el cuidado de mirar. Cruzo una calle y a la mitad me detengo: una figura extraña atrae mi mirada, la amarra y me quedo anclada viendo: allí en el pavimento, donde hay manchas, goterones de aceite, hay otra figura, la analizo y descubro que es una rata.
Aplastada en el cemento, parece fundida en él, como si fuera un dibujo, una acuarela de grises… no, pastel con marrones y negro, con tinta rellenada, con hollín, coloreada con lodo. Una rata que tal vez recibió encima un auto, dos, un camión cargado, un autobús, un tren no pudo. Mide unos treinta centímetros o más, me impresiona su posición, como si posara, con su cola extendida, las orejas levantadas, los bigotes… y estoy mirándola y pensando que si miro al cielo jamás podré tener esta visión porque hasta los pájaros descienden en la muerte y cae también la lluvia y la gravedad nos dicta cómo hacer. He mirado perros muertos*, gatos, cucarachas despanzurradas en las esquinas, tanta muerte tirada, pero nunca he visto algún cadáver en el aire... Han pasado algunos minutos, me saca de mis pensamientos un claxon, estoy parada a media calle filosófica... mientras me escurro aturdida hacia la banqueta me pregunto si esa rata tal vez se detendría anoche a mirar cómo en la calle un pinacate yacía muerto, casi como dibujado entre las sombras...

*para saber de perros muertos, leeremos a Carlos querido en http://sonarquevemos.blogspot.com del día martes 20 de febrero de 2007: "Los perros que no ladran"

lunes, 19 de febrero de 2007

Negra pisada


Él despertó en la madrugada, el cuarto estaba totalmente a oscuras; escuchaba quejas, una respiración sosegada por el sueño, risas lejanas, portazos, jadeos, golpes, voces disgustadas. Pensó que no quería dormir o que no podía, se levantó de la cama y así como se mete un primer pie dentro del mar, pisó la madera crujiente y fría; se sobrepuso al impacto, intuyó el baño y hacia él se dirigió. Antes de llegar, tropezó con el atril y rápidamente lo sostuvo para que no alcanzara a caer y hacer ruido (todos los ruidos venían del exterior, sólo la sosegada respiración estaba allí, cerca), chocó con el lavamanos y se llevó entre los pies descalzos un zapato rojo (aunque, en lo oscuro, todas las pisadas); al localizar por fin y a tientas la puerta, la abrió, entró de reojo y con la mano derecha encendió la luz encandilándose. Por eso mejor cierro los ojos, para no ver lo aprendido: el tubo enlamado mal llamado regadera, la taza, las paredes siempre mojadas y verdes. Oriné. Al terminar, dio la vuelta y parado en el umbral entreabrió los ojos y entonces la vio con la escasa luz que salía de la puerta entornada del baño y que la mojaba de penumbra: estaba acostada. Se había corrido un poco a la orilla, buscando el calor repentinamente perdido entre las brumas del sueño cuando él se levantó: medio cubierta por las cobijas, su rostro casi oculto por espesa sombra, un trozo de la camiseta blanca con la que siempre duerme y que sabes es la única prenda que la cubre, un muslo, la pierna derecha. Intuyo, por la posición de esos fragmentos de carne visibles, que su cuerpo está con los brazos abiertos, permitiéndome imaginar la noche que afuera se escucha. No tengo sueño –piensas en despertarla y hablar con ella. Yo no quiero hablar –susurras y por un instante de duda casi apagas el deseo junto con la luz sucia. Lo piensa mejor y se encamina a la cama sin mover la puerta, pera verla sin despertarla con claridad o ruido. Ella duerme pero siente mientras vaga por las calles del que sueña, que algo va a pasar. Casi sientes en tus sueños cuando él llega, te mira desde su estar de pie y despierto, y lo imaginas, casi lo sueñas, rubio, casi hueles su ombligo que un poquito más rozarías con tu lengua, hasta sentir en tu saliva su estremecimiento cuando le mordieras el vello rizado. Pero estoy dormida mientras él llega y pensativo, me ve desde arriba, antes de decidir sentarse suave a un lado de mi pierna. Suave para no despertarla, mi mano derecha llega hasta su pierna; no dejo de mirar su rostro, por si abre los ojos. Subo mi mano poco a poco por su pierna tibia hasta llegar a la parte interna del muslo visible, la cobija se hace a un lado, sin ruido y ella se mueve un poco ¿y si despierta? De pronto siento frío ¿dónde está la cobija?... hay una mano que me cubre y arrulla sin apenas moverse. Duermes. Ya se tranquiliza, su respirar es lejano. Duermo. Toco con aparente descuido la oscuridad de su cuerpo, está caliente, se estremece y cierra las piernas. Pero las separas de nuevo, esa puerta que sin cerradura estorbosa permite que tu mano se adentre, se mueva sobre los muslos. No me importa ya si despierta, pero no lo hace, sólo cambia su respiro y, desde muy lejos, casi se queja con calor. Ahora está metiendo la mano debajo de mi camiseta, un roce caliente y breve en mi ombligo, lo suficiente para suspirar y continuar subiendo. Mi mano se mueve sola hasta llegar a su piel caliente que me espera bajo la camiseta y se eriza mientras la toco; su cabeza se mueve en un quejido ronco que me impulsa a meter la otra mano y apropiarme de la carne firme y redonda que me encuentra mientras la busco y oprimo suave los pezones duros… Mi quejido casi me despierta pero sigo flotando mientras sus manos acarician el cuello, mis pezones, el cabello que se mueve de un lado a otro. Él se inclina, su cabeza busca entre las piernas abiertas y las manos se mueven debajo de la camiseta; se oyen portazos, risas, pisadas corriendo y cerca, mucho más cerca, quejas, respiraciones aceleradas. Con toda la sed busco el líquido, que corra entre mi lengua; quiero el líquido, beberlo. Sientes su bigote, la suave barba acariciando los muslos y no puedes despertar, aunque quisieras verlo mientras te mueves y tus manos no logran tocarlo, moviéndose arriba y abajo, errando en el calor de su piel que se te escapa. No ha despertado, aunque quisiera, lo sé por sus manos que a veces rozan mi espalda y no pueden permanecer en la caricia, se van al sueño y ella no puede ordenarles que se pongan en mi cabeza, que busquen mi cuerpo; esta noche es húmeda y caliente, quiero ya estar en ella. Él se mueve para reposar su cuerpo encima de ella, entre sus piernas que con llamas lo atan. Ahora entraré a esta oscuridad caliente y me perderé junto con ella. Al penetrar con fuerza en esta noche mojada, ella abre repentinamente los ojos. Él duerme a su lado, el cuarto está a oscuras, se escuchan quejas, una respiración sosegada por el sueño, risas lejanas, portazos…

sábado, 17 de febrero de 2007

Volver

Nadie tendrá como destino ese lugar

Jamás

No irán hacia el pasado tus palabras
ni las mías
que en algún lugar remoto
de lo que ya no está
se encontraron y recogieron juntas
migajas de felicidad
en el suelo de ese parque
aquel
que ya no está
que no estará


Una manta ahumada es el único recuerdo
del señalerío
que te enviaba
que te envié
cuando deseaba

lunes, 12 de febrero de 2007

Infierno Copretérito

No puedo imaginar qué haces cuando duermo. Los grillos cantan, se dice que cantan, ya sabes, esas cosas figuradas. Estás junto a mí en la cama, tu rostro no me dice nada, es la imagen de la relajación aunque ocasionalmente parece que parpadeas, sonríes o haces pucheros. ¿Qué haces tú cuando yo duermo?, tendrías que dormir, no puedo asegurarlo. De seguro también tú crees que duermo cuando tú lo haces.

Tal vez no duermas. Tal vez te pones a pensar ¿en qué piensas? Estoy dormida y tú estás pensando en tu trabajo, tus amigos, en tu día que ya se acabó, que ya se fue para siempre, piensas en esa manía detestable de los días que se van, no vuelven. Me has platicado que todo va bien, pero yo pienso en tus ojos apagados cuando hablas, en el tono tan cansado y de seguro me estarás mintiendo, no quieres preocuparme. Quisiera ser un grillo. Cantar nomás porque sí. En la noche, entre los árboles. No mirar tu respirar, no estar al pendiente de tus ojos que miran no sé qué colores cuando duermes.

Te levantas, tratas de no despertarme, no lo haces, te paras frente a mí, me miras fijamente, me haces muecas de repudio… no puedo creer que estoy imaginándolo, tú no eres capaz ¿o sí? Me miras mientras duermo y quizá sientas ternura, amor, dolor ¿por qué te dolerá mirarme? Te parezco lejana ¿puedes ver en mí a aquella mujer de hace unos años? Creo que los grillos lloran, no tienen lágrimas y por eso optan por el ruido.

Cuando hacemos el amor antes del sueño, estarás despierto en la satisfacción ¿frustrada? ¿Pensabas en otra?, acaso la añoras, reniegas de haberme tocado, entrar en mí cuando quisieras vivir en ella. Otra mujer en nuestra cama, no puedo creerlo. El chirriar de los grillos está enloqueciéndome. No te has movido, descansas, ajeno a mi pesadilla.

He despertado, algunas noches, sobresaltada, buscando tu presencia y allí estás, dormido. Creo que cierras los ojos cuando sientes que voy a despertar, finges como un experto. ¿Desde cuándo fingirás todo conmigo? Pero no, despierto y siempre estás dormido, roncando incluso. Deseo abrazarte, asegurarme de tu existencia, con tu piel anclarme, pero temo que me hables entre sueños cuando sientas mis brazos y digas otro nombre, o alguna palabra que me lastime.

Los grillos parece que se callaron ¿se dormirían también? Tendría que despertarte. Verte a los ojos, encontrar allá escondidos tus pensamientos, preguntarte con quién soñabas, pedirte que me lleves a tu sueño, rogarte que no me dejes tan sola en esta almohada, naufragando entre las sábanas que para ti son barca que te lleva… ¿a dónde te vas remando para alejarte de mí mientras duermes?

sábado, 10 de febrero de 2007

Nube deseada

Me soñè tierrita seca bajo un inclemente sol de mediodìa
y pensè en ti al despertar, de mañanita

miércoles, 7 de febrero de 2007

Quién sabe cómo reconoceré mi aliento
mañana que despierte removida
luego de este húmedo penar
que me ha llevado de la mano
por tantas veredas cristalinas
y llenas de agujeros fríos

Después de este soñar contigo
quién sabe si podré quitarme
el llanto de la cara
y levantarme para un mismo día

martes, 6 de febrero de 2007

Todos los caminos
que llevan al mar
son húmedos
son llanto
gota
lluvia
saliva
...............y charco


Todos los caminos
que vienen del mar
son secos
son desierto
grieta
arruga
lagartija
...............y cacto

sábado, 3 de febrero de 2007

Con ella en el espejo


Un rostro sorprendido te descubre
despide señales agobiadas
mueve sus alas con furor
tratando de llegar a ti.
Acumula en tu mirada
avaricioso insecto
gestos.

En los párpados anidan barcos
caricias perezosas
recorren tu silencio.
Con su mano en el cabello
caballo marino
flotando
te peina.

Gota de mercurio volcada en el viento
en sus pupilas
se reflejan chispas delatoras
te espía.
Fogata apagada con llanto
envía mensajes
noticias te llegan de lluvias remotas.

Tu imagen revive tras el hueco líquido
cometa exiliada de húmedos dedos.
desconoces ese guiño cruel
que te cierra un ojo
tu ojo
ido para siempre a la otra orilla
arena silenciosa hundida en la niebla.

Cajas de madera repletas de grillos
resuenan en la noche turbia.
puedes ver tu eco en esta luna
que te reproduce y castra
quebradiza arruga
penetras dormida
y callas.

Frente a ti la boca
interrogante muda
murmura.
perfecta copia de tus labios
casi
lago congelado
botella con un niño muerto adentro.

No puedes dejar de hacer
lo que el simulacro transparente dicta.
Lengua cristalina
serpiente de río
de perfil el ser
de las dos
cabezas.

jueves, 1 de febrero de 2007

sQuisiera ser un fiordo
que nadie supiera lo que soy
y si alguien lo desea saber
tenga que ver en algún diccionario
para averiguarlo

perdería interés
porque
quién quiere tomarse tantas molestias
por alguien que es un fiordo
que quisiera serlo