viernes, 7 de marzo de 2008

El país de marzo
En la foto está una niña, de pie. Tendrá tal vez 5 años, no más. Pulcra, lleva un vestido sencillo, a cuadros, retocado en color verde, calcetines con discreto olán, zapatitos blancos algo puntiagudos, no mucho. En su cabeza cabello lacio oscuro, peinado en dos colitas algo paradas a los lados. Su expresión es peculiar, extraña, rara, difícil, no hay sinónimo que diga de lo que su cara expresa. Enojo, quizá. Mira un poco con la cabeza baja y sus ojos hacia arriba, sus labios carnosos están haciendo una mueca parecida a un puchero, parece que ya lloró.

Sin embargo no es eso lo que me detuvo en la foto, sino lo que atrás de la niña hay. Un pequeño librero de madera pintada de blanco. En el librero no hay libros, hay algunos juguetes, fotos (una de las fotos es de la misma niña, sentada en una andadera lo que hace pensar que la tomaron cuando apenas tenía cosa de un año). Y también hay revistas, de algunas se ve el título, son revistas de las llamadas “del corazón”.

Cuando éramos niñas, mi padre compró para nosotras, mi hermana y yo, una enciclopedia (Mi Amigo, creo). Suceso maravilloso que no describiré. Entre sus tomos traía uno de Literatura Universal, mitos, leyendas, cuentos, poemas, fragmentos de novelas y como regalo cuentos en edición de lujo y formato muy grande, Alicia en el país de las maravillas, las mil y una noches ¿y? (no recuerdo). Mi padre y su amoroso cuidado.

Puedo afirmar que lo que primero leí fue esa enciclopedia, una y otra vez, del principio al final y del final hacia ninguna parte. Intercalaba su lectura con las revistas, con las de monitos, “Alarma”, de vaqueros.
En Cananea no había bibliotecas (de lo que así se llamaba no hablaré) y librerías, al igual que ahora, sólo había puestos de publicaciones periódicas que se llamaban pomposamente así. En la secundaria y preparatoria solamente recuerdo haber leído en libros de texto fragmentos de los clásicos, literatura universal en trozos, rompecabezas de los grandes escritores (y fotonovelas “Rutas de pasión” donde me aficioné a los niños de tipo italiano, tan bellos, y a las historias de amor, a sufrir…)

Ya para terminar prepa alguien a quien amé fugazmente (porque sus “ojos verdes como la albahaca”) me regaló un libro, Leonorilda eleva el pensamiento a las alturas, de un pintor, Felipe Orlando, novela ganadora de un premio nacional… Sé, sé que nadie la ha leído (ni siquiera quien me la regaló, de pronto me percato), aunque en ella aparecían (aparecen si alguna vez vuelvo a ver mi ejemplar) personajes extravagantes y hasta entrañables, el viejo que hacía almanaques con tripa de gato para saber del clima, la poetisa de la bacinica de oro, la vía del tren, los vagones… aquel pueblo. Pasó tiempo, no mucho, y me topé con aquel otro libro: El país de octubre, de Ray Bradbury… cuánto lo disfruté, una y dos veces, tres, tal vez cuatro… no más. Lo tengo al alcance de mi mano, a ver si algún día puedo tirarme de cabeza al mundo aquel, de amantes que flotan en las alcantarillas, enanos en el tiempo del espejo.

Esto que cuento fue antes de la academia. Oh, la academia .

Continúa…

4 comentarios:

Mari dijo...

Ay, sí, El país de octubre...

"El país de octubre... donde siempre está haciéndose tarde. El país donde las colinas son niebla y los ríos neblina; donde el mediodía pasa rápidamente, donde se demoran la oscuridad y el crepúsculo, y la medianoche no se mueve. El país que es principalmente sótanos, subsótanos, carboneras, armarios, altillos y despensas alejadas del sol. El país que habitan gentes de otoño, que sólo tienen pensamientos otoñales. Gentes que pasan por las aceras desiertas con un sonido de lluvia..."

También recuerdo mis primeras enciclopedias, llenas de colores que ahora parecen tristes colores. Y enormes diccionarios.

Y mi primer regalo, a los diez años: "Mujercitas". Ya te conté de eso.

El libro que me enganchó definitivamente con "el leer" fue "Las doradas manzanas del sol." Catorce años, creo recordar.

Qué cosas lindas me hiciste volver a sentir al escribir lo que escribiste!

Mostra! (es un piropo, jeje)

Besos
(comentario retobado, no quiere cargarse...)

Máximo Ballester dijo...

Vengo a desarte un Feliz día de la mujer aunque fue ayer.

Mi deseo de felicidad para vos siempre.

(voy a pasar a leerte y a comentarte después)

Un beso ahora.

Buch dijo...

A mi me llamaban la atención las aventuras trepidantes, los sucesos locos,...tendrás que hablarnos algun dia de lo que eran las bibliotecas en cananea ¿eh?.

Máximo Ballester dijo...

Me quedé colgado, atrapado en tu relato, estoy en Cananea, resalto la maravilla de los libros, en mi caso fue el Fahrenheit 451.

Espero la continuación.
(Que hermoso poema me dejaste en Aforismos)

Un beso.