lunes, 18 de diciembre de 2006

Gotas


Cagar. Con todas mis fuerzas. Terca, empecinadamente lo intentaba. Mi rostro rojo lo decía. El sudor corriendo por la frente, también. Mis gemidos deben haberse oído hasta la calle... Entonces escuché caer la primera gota, la otra y las demás: la lluvia... Con un repentino vacío cardiaco, desnudo, me puse en pie y me recargué en el marco de la puerta a ver pasar la lluvia. Pero sólo veía el agua resbalar de los techos, rodar sobre las hojas de los árboles más altos... el agua chisporroteaba al zambullirse entre los charcos diestros que con prontitud nacieron... Y te recordé: tus ojos limpios, los labios mojados, el cabello diminuto sobre el cráneo casi redondo. Y eché de menos tu lengua. Extrañé con goteante olvido tu ombligo en mi saliva... el perdido olor de tus axilas removió mis tripas y regresé a sentarme. Aquí estoy, perdido en la añoranza de tus dientes en mi sangre, y satisfecho porque, retacado en la lluviosa condición del día y el fangoso recuerdo de tus nalgas duras, puedo, por fin, suspirando, cagar.

2 comentarios:

Lezbyk dijo...

Desde adentro llueve ausencia...

Besos... y Kleenex Cottonelle... ;-)

Máximo Ballester dijo...

Excelente, muy divertido, pero ademas profundo. Quien no se ha cagado ante el mas simple y minimo entusiasmo.


Un beso, no laxante.