martes, 13 de octubre de 2009

Viento del norte, ven y sopla, que quiero navegar
En martes no te cases ni te embarques.

Ni en mis más locos desvaríos tengo en mente alguna de esas dos opciones.
Decíamos en este mismo espacio hace no sé cuánto... lo busco, lo busco (ya lo encontré y habla de los viernes 13, más bien), pero también constato que para ser trece el martes, este mes tuvo que empezar en jueves. Sólo enero y octubre, meses con 31 días. Y lo dicho, no importa pero qué bueno tener esas certezas (cuánta semejanza tiene esta palabra con cereza y no sólo en lo evidente)

En la mañana de este día de no barcos y no bodas, fui a un Jardín de Niños. No lo conocía, me gustó mucho que tiene un quiosquito, la directora de la escuela me explicó que es porque antes del Jardín, allí fue una placita de barrio. El barrio del Cementerio Viejo... en casi todas las casas espantan, dicen.


El mes o la semana del libro o de la biblioteca, no sé. Más de ochenta niños de 3, 4 y 5 años. La directora me presentó, les dijo que escribo libros (¡wow!). Me dieron un micrófono y me pidieron que les hablara, les dije que les contaría un cuento, se entusiasmaron con grititos revueltos con palabras inaudibles (sí oía las palabras, pero no las entendí). Les conté un cuento de ratoncito en bote de vela y de vientos que llegan y soplan ¿cómo? ¡así!!! gritaban los niños, inflando las mejillas y soplando, fuerte, moviendo árboles y casas y montañas... Y al colorado colorín, la puerta de la casa se abrió y ¿saben quién salió? ¡una ratona!! gritaron, qué previsible soy, jaja. Después inventamos un cuento colectivo pues dijeron algunos niños que lo que más les gusta de la escuela son ¡las matemáticas! LLegó el Uno, dije y era un número solito, solito, nadie jugaba con él, después llegó el dos

-y era un peleonero, número malo, dijo una niña desde su mini silla

-el tres traía las pelotas para jugar, continué... y el cuatro

-estaba glandote -un niño

- el cinco no quiso jugar con nadie

-número malo, la misma niña

- y luego llegó el seis

... así, hasta el diez que era grande, grande y corrieron todos tras él-

Les hablé del gran tesoro que son los libros, que hay que cuidarlos, no romperlos, no tirarlos al suelo, ni mojarlos, etcétera, como una bibliotecaria se los diría

Dije gracias por invitarme (ya no encontré qué más platicar a los niños) y además ya ni caso me hacían

La directora, como retroalimentación de la sesión les hizo preguntas

¿De qué se trató el cuento que Isabel contó?

Un niño se puso de pie, pidió el micrófono y con sus cinco años: "el lobo sopló y sopló y sopló..." encantador

pregunta:

¿qué otro cuento oímos?

Yoyoyoyo, muchas manitas levantadas, niños y niñas incluídas, una dice: "¡de las letras!"

Así da un chingo de gusto trabajar...

Martes trece. De octubre.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

te recordé mucho ese martes,
recordé los martes trece en que estaba pendiente del silbato del cartero, el momento de escribirte.
Este martes escribí unas tres líneas en mi agenda mientrtas estaba en una junta... qué importa ahora qué decían; sólo traté de dejarlas en homanje a nustros martes trece de siempre.

un abrazo hoy que nos llegó un tiro de gracia con balas de salva gubernamentales. "...(aquél, no nosotros) tiene todo mi apoyo".

Máximo Ballester dijo...

Ja ja! Qué divertido Josefa. Te imaginé contando.

-Yo quiero que me cuenten un cuentooo!!!
¿No te podés venir a Argentina?

Jueves diecinueve. Está muy lindo y en una de esas llueve.

Beso de había una vez.

Buch dijo...

Las certezas inútiles, (En eso se diferencian de las cerezas o picotas, que éstas nunca lo son)son cálidas y cariñosas, y acompañan mucho. Y no son abundantes.
A la gente capaz de contar cuentos para niños, se le quiere más. Te imagino hinchando los mofletes para soplar y me convierto en uno de aquellos niños, deseando con toda el alma correr mil aventuras en botes a merced del viento.

Qué bueno que estés.