miércoles, 12 de septiembre de 2007

(Desamparo epistolar: crónicas)

Adivinanza

Son las doce y 35 minutos. Hay aquí unos chavos leyendo en voz alta, dictando, creo, acerca de Neptuno, un pequeño planeta helado, sumido (palabra que provoca confusión y cambian a hundido, ja) en la oscuridad por ser el más alejado del sol… bla, bla y bla. Una mujer muy joven está sentada sola, tiene el cabello largo, negro y ondulado: muy largo, muy negro y más o menos rizado, trae un vestido sin mangas que le llega a las rodillas pero con una abertura por el lado izquierdo; al sentarse cruza la pierna y la abertura se va hacia arriba, casi hasta donde el muslo empieza, sus muslos, piernas y demás extremidades (je) son largas, es muy alta y morena… imagínate su pierna larga y morena cruzada dejando ver hasta… trae zapatos ¿dorados? con tacón alto y sin medias; es delgada y enfrente de ella está un joven que busca y busca en una enciclopediota, baja y sube tomos y no he podido pillarlo mirando a la joven ni siquiera de reojo y eso me gusta, este chavo definitivamente me cae bien. Ahora él se pone de pie y se va a los estantes del fondo, indiferente al espectáculo. Ella también se levanta, viene conmigo y pregunta una babosada, lo que no confirma ninguna regla, por supuesto, pero que hace que se me quite un poquito la envidia.


Adivina en qué momento de lo anterior te mentí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Puede ser en todo, jeje.
¿no?

Buch dijo...

El famoso ¿Pa qué, pa cagal-la?

Pero danos algo más...¿Hasta donde?