viernes, 21 de septiembre de 2007

Puente 2

Muertos.

El puente es un lugar especial, sitio que flota y no está. No es el remitente ni el destinatario de nuestros caminos. Es un cordón umbilical que une y separa.

Hay una fotografía que siempre atrajo mi atención, en ella se ve el Puente de Arco, por la calle, aún de tierra y piedras, caminan personas, una mujer con rebozo, un carro jalado por animales, también hay hombres con sombrero, niños, parece que todos se han quedado en un cuello de botella atorados en el arco, algunos voltean hacia arriba casi sin querer, mirando, parece a toda la gente que desde la altura a su vez, mira. Hay que poner mucha atención y así veremos, casi al centro del arco (pero no), frente a las grises montañas del fondo a un hombre oscuro que está como levitando, sus pies arriba de las cabezas de los que van por la calle y, por fin, enfocando en esa imagen que alguien quiso guardar (y consiguió hacerlo) hace casi cien años, notaremos la cuerda que viene desde arriba del puente y que sostiene del cuello al hombre que por supuesto no levita: está colgado. El pie de foto dice que el 9 de junio de 1919, a las 4 de la madrugada fue ahorcado Toribio Caballero por orden del Gobernador de Sonora; la orden la ejecutó el Capitán de la Guarnición de la Plaza. Había robado el Banco de Cananea.

En el periódico El Tiempo, “Diario Independiente”, del martes 10 de junio de 1919 dan la información completa, rechazan el castigo y sobre todo condenan que haya sido en la vía pública, se lamenta el autor de la nota de que muchos niños juegan “al ahorcado” y entre muchos argumentos más, se afirma que: es un acto, el de ahorcar, absolutamente horripilante y se presta muy preferentemente a la crítica de los extranjeros…” (¿Preocupándonos la opinión extranjera?). Y más adelante concluye del espectáculo ofrecido: “Ayer, estupefactos, presenciamos con los ojos desmesuradamente abiertos (…) La verdad debe abrirse paso, aunque nos hundamos en el insondable abismo del desprestigio universal… El silencio sería otorgar; decirlo, tal vez sea el remedio.” (No puedo detenerme en este envidiable estilo por ahora)

Un puente por lo general, si no es mero adorno, tiene altura considerable.

Y por su condición de lugar para acortar distancias, y su potencialmente peligrosa altura un puente es como una pistola tentadora frente a un suicida.

Tal vez por la posibilidad tan a la mano es más común que alguien que desea acabar con su vida no se tome una sobredosis de pastillas en su casa o se corte las venas en la intimidad, sino que se lance a ese otro mundo de la muerte, y es que un puente es la manera también de franquear barreras, aquello que nos sirve para alcanzar un propósito (Independientemente de lo respetables o no que puedan ser las razones que un suicida tenga).

En este puente del que hablo, además de Toribio Caballero, quien no se tiró de él, sino que de él fue colgado, no ha habido, afortunadamente (sé que no es asunto de la fortuna) y salvo dos accidentes mortales, sólo un suicida.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

siempre las apariencias...

jose fá dijo...

Anónimo: tal vez no entiendo...

Máximo Ballester dijo...

Me encantaron tus dos puentes. La descripción precisa entre indagaciones puntuales.

Un puente une también dos orillas:

de San Isidro a Cananea va este beso, poeta querida.

Anónimo dijo...

me refiero a la que mencionas que se publicó:
"... y se presta muy preferentemente a la crítica de los extranjeros…”.
A eso me refería al afán de siempre respecto a las apariencias.

Buch dijo...

También las higueras son para los ahorcados. ¿Te parece que ser ahorcado redime más que morir de otra manera? A mi en cierto modo sí. Son las épocas, j.f. son las épocas, ya se sabe que no hay que mirar el pasado con los ojos del presente.
Me voy al puente 3, lleno de curiosidad...