viernes, 15 de junio de 2007

Este es un fragmento de carta escrita en otro junio:

“No me siento nada bien. Estoy leyendo. Un libro que se llama De la Onda en adelante (entrevistas a novelistas mexicanos). Pero en realidad no leo. Quisiera salir corriendo-literalmente- a la calle, a una larga calle solitaria, a encontrarme al viento que oigo cómo grita y corre fuerte. Hace frío, qué curioso –es junio cananense-. Un rehilete que está en el jardín suena y suena al dar vuelta tras vuelta. Somos un rehilete, nuestros ruidos son las letras, las palabras ¿no crees? Pero allí –aquí, allá- estamos, indefensos, vulnerables frente a la menor agitación del aire, ansiosos de un breve soplidito para poder movernos. No quiero llorar. De veras que no.
Hasta parece que llueve. Rehilete pinche, engañando al deseo. 23 horas con tres minutos dice un locutor lejano y yo sigo viendo… nada, ni las paredes de esta habitación blanca. Sólo veo, quiero ver, hacia mí. Y no me hallo. Musiquita gacha.”

Y este es otro junio y lo único que cambiaría al tal fragmento es que el título del libro que no estoy leyendo, aunque pretendo, es Cosmoagonías, de Cristina Peri Rossi. Todo, incluyendo el viento, el rehilete, los deseos de lluvia y lo demás, están presentes.

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5 comentarios:

Mari dijo...

Te dejo besos.
Alegres, aunque silenciosos.

Anónimo dijo...

Me gustaría ser el destinatario.
Lo soy, sólo con leer la carta.

Francisco Javier dijo...

Sabenos que el estilo es perfecto, y no sabemos aun cual es. ¿Pequeñas almendritas amargas a la miel? ¿O caminos que nos dejas a medio explorar?
Un gusto leerte.

Buch dijo...

O sea Fj es Buch, ¡¡que lío!!

Mari dijo...

Buch, FJ, =D

Jo, besos menos silenciosos.