martes, 15 de julio de 2008

Lunares

Para Elmer. Para Pina.
Y Bruno. Para Sylvia.
Y Guadalupe. Para Carlos.
Para Abigael. Para Elmer
Para Pina y Bruno
Para Sylvia y Guadalupe
Para Carlos. Para Abigael.



“Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro.”
Albert Einstein

Por muchos años viajé de Cananea-Hermosillo-Cananea. Una o dos veces por quincena: después de más de cuatro años seguí viajando, ahora de Nogales-Cananea-Nogales, otros tres años. El tramo carretero Cananea-Imuris fue recorrido frecuente. Ya no. Me lleno de temor cuando lo hago. Casi el mismo temor siento de que en una noche oscura me muerda una araña y me lleve arrastrando envuelta en una telaraña hacia la muerte, o que un gato me saque los ojos, o que un día despierte muerta en otra parte (es decir, que no despierte)… La formación doméstica, lo que nos enseñan o cargamos desde nuestra infancia es algo así como lunares ¿para qué quitarlos? Son parte nuestra, gotitas de pintura que nos hacen distintos. Mientras el lunar no sea gigantesco (racismo, sexismo), lleno de pelos (mata un guacho, no digas groserías), peligroso (no leas mientras comes o viceversa, si te embarazas no salgas al eclipse o viceversa), pueden ser parte de lo que somos como lo es nuestro aroma, nuestro sabor. Tener miedo a los relámpagos, a los truenos, amar el olor a tierra mojada, el café negro, el café en leche, odiar el café, creer en los fantasmas, en la honestidad, en los duendes, ser mentirosos, creer en Dios.


Viajé. A Guaymas. Para llegar allí tuve que recorrer el camino a Imuris ¿quién y cuándo y cómo me convirtió en este ser miedoso? Tanto que casi lloro en cada curva, en cada trailer rebasado por el camión. Dos veces, ida y vuelta. Por ver a los amigos vale la pena. Y valió la pena. Oh, sí.

Festival Mar Bermejo se llamó. Lindo nombre. Viernes lleno de fiesta, baile, música, jolgorio, deseos de divertirse. Los ojos se nos iluminaron al mismo tiempo que el alma copechi alborotada que nos une en la amistad. La bienvenida de Pina y Bruno; saber que Carlos y su hijo, Abigael, están en Guaymas desde un día antes; más tarde llegaron Sylvia y Guadalupe. Nadie se quejó, nadie disgustado por la espera, todos expectantes por el momento feliz del encuentro, solamente. Comer juntos sabequé. Cenar también y casi todos juntos comida mexicana (nomás eso faltaba, estar en una feria de pueblo y comer hamburguesas o hotdogs). Tertulia riquísima a un lado de la alberca del hotel, cervecita, relajación, calor pegajoso. Plática que saltó gozosa de los espantos, la pérdida de los seres queridos a la existencia de las lagartijas besuconas; de la ciencia a San Agustín; de las mamás, de los papás, de los fantasmas de radiosonora, de lo sobrenatural, hasta llegar a los zancudos…¿Qué es más importante, querer o que te quieran? Mis amigos me quieren. Elmer también. Y eso ya es maravilloso. Quererlos yo a ellos es maravilla doble. Y los quiero un chingo.

Sábado, desayuno sobrecogedor, jaja, wafles preparados por Pina la experta, y sabe cuántas cosas más, bellotas y un gusanito que acabó muerto a manos de Guadalupe. Regreso a Cananea, lluvia en el trayecto (“Sonora llovida, tierra consentida de dicha y placer…”). Camino a Imuris… huy, huy, qué miedosa me he vuelto.

En el frontón de la Iglesia de San Fernando de Guaymas dice: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

Y para que esto no sea lo último que en este texto escribo (que se oye como si yo lo dijera), debo decir que Manuel, guaymense a quien sólo de pasadita y por una coincidencia miré y besé casi de reojo en el hotel, me dice que tenía para mí tortillas y queso cocido… hmmm, qué rico

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¡qué bello abrazo!
va otro igual, uno que hasta la tercera ley de Newton avale.

Buch dijo...

Eso sí que es pasarlo bien. Lo he notado en lo no cuentas. Has pintado el marco con tanta precisión, que el cuadro no hacía falta.
¡¡Envidia me dais, sinvergüenzas!!

... dijo...

En verdad fue muy agradable esta coincidencia propiciada, Gpe y yo estuvimos agusto porque nos hicieron sentir entre amigos. Sería bueno propociar la convivencia mas a menudo!
Josefina... José... ¿De cuantas formas te llamó el maestro de ceremonias? Jejeje
¡Un abrazote para tí, Elmer, Pina y Bruno!

Carlos Sánchez dijo...

este es un lindo texto. te abrazo siempre josefa.

María dijo...

ahora, cuando estoy triste, tengo un nuevo lugar para refugiarme y es tu blog! Antes me iba al poemario de benedetti o a perderme en libros de ciencias, aún lo hago... pero ahora vengo a leerte!

Siempre te digo lo mismo, verdad?
Es que me sorprende encontrarme en tu feeling, un cachito de mi, mi universalidad espejeada en tus letras!

un día vendré a leerte y ya no me sorprenderá lo que ahora, espero sea igual o mejor la sorpresa!

saludos, besos y abrazos!