sábado, 23 de agosto de 2008

Escribir es recordar

Carrizos Rojos (2)

En un principio lo que me llamó la atención de él fue su ropa, traía una camisa blanca de algodón bien rica, fresca y siempre húmeda, y andaba con una especie de turbante también blanco. Cuando nos saludó supimos que no sólo parecía gringo, sino que lo era. El Steve (Elestiv).
Hablaba ya sabes cómo y nos dijeron es poeta y vive en el defe y ya. Parece ser –lo supimos después- que todos en la bahía suponíamos que él estaba en uno de los campamentos y nones, estaba solito, en los manglares, parte derecha del campamento mayor, lejos, con sólo un sleeping bag (esebe, en adelante). Más o menos se comportó dentro de los parámetros “normales” en carrizos rojos, es decir, le puso a todo pero sin hacer desmadre; en el primer taller recreación literaria no participó, en el segundo, según dicen los que saben, llegaron a la bahía unos policías a inspeccionar (yo ni cuenta me di –ni del taller ni de los polis-, así que tú sabrás) y él, muy disciplinado, agarró una libreta y se sentó, sin levantar la vista y trabajó, mientras los polis seguían allí; todo parece indicar que las armas que portaban los servidores públicos (esepe) lo amedrentaron; cuando la legión de esepes amantes de la poesía (¡cómo no!) se retiró, él mandó a la madre el taller, claro… El jueves estuvo con nosotros, Casildo, Marco y yo, jugando a algo que él llamaba con un nombre raro (los pedos de los nopales, me parece recordar) y estaba clavadísimo en ese juego que consistía en eliminar del español el femenino, sólo se permitía decir La Mar, de allí en fuera, cualquier artículo, adjetivo o etcétera femenino dicho sin darte cuenta, te hacía merecedor de un castigo que era un concha, al final quien reuniera más conchas, perdía….yo ni hablé, no lo dijo, pero presentí que lo femenino (yo) no podía hablar tampoco, me limité a verlos, oírlos y reírme (si hubiera intentado participar hablando no sé si hubiera podido hacerlo, además). Bien, el caso es que notamos que un poquito como que se disgustaba cuando un regla no se entendía del todo. Después de un ratote jugando (bolsillos llenos de conchas), se fue, parece que un tanto enojado, claro que a nadie le importó. El viernes, clausura y baile, Elestiv anduvo por atrás de los campamentos, del música y los luces, gritando como águila y volando como. Te digo, tampoco nadie pareció extrañarse de tal (¿tol?) conducta que en otro sitio que no fuera ese bahía, por lo menos hubiera llamado la atención, pero aquello estaba lleno de locos y quien se preocupaba. El sábado por la mañana Elestiv andaba ya por ahí gritando y enojado, cuando pasó por nuestro campamento gritó bola de putas (dos conchas para él), o algo así y ni pedo, nadie dijo nada; al rato fui a buscar café y me lo encontré: andaba todo lleno de lodo, en lugar de sobresaltarme pensé se cayó en los manglares por allá y seguí mi camino, pero antes me di cuenta de que estaba todo café, cubierto, desde el cabeza, pasando por sus tupidos barbas y su pelo largo, su ropa blanco lleno de lodo que le chorreaba hasta los pies y nadie se preocupaba, te digo… Más al rato, Casildo y yo íbamos decididos a bañarnos (no juntos, aunque así suene) con el cubeta, el cuerda, los toallas y demás a caminar hasta el pozo y así lo íbamos haciendo cuando de pronto nos gritan que no avancemos, que hay un loco atrincherado, armado y con su territorio de caza delimitado (¡así nos gritaron!). Fue muy loco, Casildo se enojó, yo creí que bromeaban y seguimos caminando, entonces nos salió al encuentro el psicoterapeuta (un mujer reteloco con unos hijos loquísimos… sabíamos su oficio porque lo traía anotado en un gafete) No avancen, nos dijo y repitió lo del emboscado (para entonces yo pensaba en alguien con granadas, metralletas, lanzas y etcétera, Casildo aún seguía enojado) pero nos regresamos, el mujer psico ya iba de carpa en carpa gritando: “todos a la zona de plástico” (¡imagínate, eso gritaba!) Todos nos mirábamos preguntando dónde es eso, nadie se movía, ella se dirigió al Joel, ayúdame no me creen, sí, yo te ayudo dijo él (no pudo la psico arrimarse a mejor árbol, imagínate el sombra –ya me he ganado uno dos o tres conchas, lo sé)… el caso es que empezamos a conjeturar quién será pensamos en los hijos de la psico (ya me cansé de jugar con Elestiv), en otro chavo que andaba por allí y que decían era esquizofrénico pero ni siquiera miraba, es decir fijaba la vista en ti pero tú sentías que eras invisible, sólo estaba allí sentado, moviendo una pierna y la mano o caminando con paso raro por la playa, pensamos –te decía- en medio mundo… tal vez si Joel mismo no hubiera estado también inmerso en la conjetureada hubiéramos pensado en él, jaja, el caso es que nadie se acordó del águila loca que la noche anterior gritó tanto… y sí, era Elestiv, que juntó piedras y palos y tiraba a dar; según dijeron después, porque la psico se lo decía a quien le preguntara y a quien no también, que el chavo éste, pirado, había estado en Vietnam, que dos años preso, que torturado y con psicosis de guerra, que estaba bajo tratamiento y todos pensamos –afirmación aventurada, pero la sostengo- tratamiento el que se estuvo dando aquí, parece que traía su reserva particular de pastas, los entendidos –muchos- decían que esas piradas apenas con ácido… pues sabe, como el sábado ese delestiv pirado nos veníamos, todos empezamos a desmontar el escenario, recoger del circo carpas, animales y emprender camino: empezaron a llegar las pangas por nosotros y, por otro lado, empezó la organización de brigadas para buscarlo , la psico con un potentísimo sedante para suministrárselo cuando lo agarrraran. Empezaron las pangas a llevar poetas a Cerro Cabezón y delestiv nada, nos fuimos nosotros casi los últimos y nones, no había razón de él, nosotros estábamos en Cerrocabezón y el montón de gente que aún quedaba en bahía de carrizos rojos también llegó y ninguno podía dar razón. Nos fuimos a Corerepe y en la noche llegó alguien que nos dijo que no lo pudieron atrapar porque Elestiv agarró para la sierra y nadie lo alcanzó. El día siguiente nos regresamos a Hermosillo sin saber en qué había terminado todo… hasta días después (yo ya en canapas) nos dijeron que habían tenido que llamar a las autoridades (cosa que desde el principio todos trataron de evitar (poli con poeta mala mezcla) y que fueron a pie y en helicóptero y apenas así lo cercaron, atraparon, sedaron, sacaron de, metieron a cárcel y no sabían qué hacer con él, según parece se lo llevaron por fin a México todo pirado aún; dicen que Elestiv es yerno de un político bastante influyente con muchos billetes y poder sobre todo, así que no ha de haber habido tos ¿no?... Para esto –como dicen las viejitas- no te dije que ese sábado que Elestiv nos ganó el pozo, muy temprano, nos mandó un recado con un chavito, que estuviéramos pendientes porque nos mataría o algo así dijo… a los de Sonora ¿tú crees?
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¡Aguas: viene Elestiv!
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

vive aun elestiv?

Máximo Ballester dijo...

Leyéndote te vuelvo a recordar.
Y me envuelvo en tu bella prosa. Cuánto tenés para decir y contar y dar. Me encanta.

Y un beso, de regreso.