martes, 23 de enero de 2007

Chingaquedito

Anoche soñé con nieve, me dice Omar.
Así, como si Nieve fuera una mujer, se me ocurre pensarlo.
Como si Omar soñara a aquella mujer de cabello blanco que todos alguna vez hemos soñado, aunque no siempre la nombramos Nieve.

Y recuerdo cuando alguna vez soñé con Dragón, tal vez sólo era un incendio que volaba el que soñé. Y lo nombré Dragón y recordé su escama dorada sobre el pecho rojo, y los ojos verdes que en el sueño me miraban invitándome a volar y a quemar enemigos de papel.

Ayer la nieve me cayó encima, despacito, como caería el vapor si cayera, como se desplomaría un suspiro (los suspiros de bellota se deshacen en la boca). Parecía que no me tocaba, como si rozara mi ropa y resbalara flotando hacia la nieve acumulada del suelo, como si dijera con su boca de algodón: shhhhhh, shhhhhhh, calladita, no corras, no te haré nada, sólo te acariciaré, déjame, no me detengas, shhhhhhh. Y yo caminaba por las calles blancas que poco a poco se dejaban reinvadir, sin darse cuenta, como yo, que metiendo los pies en la blandura casi ni cuenta me daba que los pies se humedecían a pesar de calcetas y zapatos, shhhhhh.

Y despacito me cubrió, penetró dulcemente en mis guantes, mojó mis manos, el gorro, la cabeza, heló mi nariz, las orejas, me llenó de frío. Y adormecida por su tentaleo lento llegué aterida a mi casa y allí me percaté de pronto de lo mojada y fría que estaba, de que casi no sentía los pies, los dedos, la nariz. Sin embargo sonreí porque disfruté. Fue tan sabroso ponerme a disposición de Nieve, esa, la que Omar soñó. Shhh, duerme. Nieve llegará a arroparte.

2 comentarios:

feimingjun dijo...

hello Please try the following updated web browser,Very handy,Immediately free download!

Anónimo dijo...

Debe ser un arrullo sabroso ese de la nieve...disfrútala...y gracias por regalarnos esas palabras...ahora no solo la soñaré: tal vez utilice la poca nieve que tengo guaradada en mi recipiente de caudalosos e incontrolables recuerdos, para acordarme de la nieve de Cananea (lugar donde las palabras se congelan y luego hay que comunicarse con señas...para luego en el verano hablar frenéticamente un monólogo colectivo que dura hasta el próximo invierno)
Salud
Omar Navo