lunes, 22 de enero de 2007

Está nevando. La nieve es un rehilete de espuma. Es agua disfrazada de estupor.

Nevó anoche y hoy las calles son un peligro peatonal. Nieva desde hace horas y yo me pregunto cómo haré para caminar hasta mi casa, si permitiré que la nieve sea mi guía, si caeré en las aceras, sobre el hielo, si mi rostro se cubrirá con la impasible máscara del frío, si podré algún día decir la nieve.

Porque no hay palabras que digan cómo cae, cómo se posa, cómo cubre hasta los hilos, cables, alambres sin la menor violencia. Cómo uno quisiera limpiarse, quitarse la ropa y los zapatos y penetrar en ella, que es dulce, que es blanda, que parece no estar fría.
Pero está.
Y voy hacia la ventana y observo fascinada los pinos cargados, algunos abiertos (no hay otra palabra, están abiertos) porque no soportan tanto blanco peso y pasa algún ocasional andante y no puedo saber cómo se siente porque camina como estatua blanca, y pasan autos, todos blancos y no sé a dónde van, de dónde vienen…

La nieve no cesa y me voy a caminar, a perderme en esa blancura que desconozco a dónde me llevará…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

qué lindo suena ese intento de decir la nieve

y nieva?

Máximo Ballester dijo...

Hoy puedo decirte que ha nevado frente a mis ojos. Tan bien lo has descripto, tan bien lo has sentido.

Un beso, no un disparo de nieve.

Fab dijo...

meto los pies en la nieve.
me quito los guantes
cierro mis ojitos, sonrio de linea
voleto hacia arriba, suspiro.
y extiendo mis palmas.

Fab dijo...

volteo