miércoles, 3 de enero de 2007

Sombras nada más

Estás acostado mirando el techo. A tu derecha, la luz suave de una lámpara que no recuerdas haber encendido (ni apagado, por cierto). Volteas a tu izquierda y ves la pared en la que tu perfil recién se ubica con desasosiego. La sigues viendo de reojo, distingues tus lentes, las enormes pestañas, una gran nariz que no parece tuya y, más abajo, la boca que ahora abres lo más que puedes. Levantas la mano derecha y la bajas con el dedo índice dirigido hacia el hueco entre tus labios. No has dejado de ver la pared donde también estás tú viendo un techo ausente. Tu dedo negro baja y entra en tu boca abierta. Te sorprendes al darte cuenta de la transparencia que es tu boca. Mueves el dedo dentro del orificio húmedo y tibio; tu dedo se mueve, lo ves moverse dentro de la cueva oscura y sientes cómo la lengua te acaricia la yema, la lame y rodea casi con avidez. Hasta entonces, cuando la ternura rueda de tu dedo y de tu saliva hasta el ombligo, te permites un pequeño vómito metafísico entre tu vida y la mía. Las lágrimas no tienen sombra, puedes deducir a tientas al apagar la luz.

3 comentarios:

Lezbyk dijo...

Visito y leo... sueño y viajo... quiero y extraño... sonrío y ya no puedo dejar de hacerlo... aún...

Feliz Año Nuevo... Besos... ;-)

Fab dijo...

humedo, definitivamente,

... ahora doy un atento suspiro

que rico.


gracias!
abrazsos.

Máximo Ballester dijo...

Me encantan estos instantes tuyos.
El clima que logras con sensualidad y calma. Y reconozco como muy mio, me pasa, esa luz echa palabra o frase que me atraviesa y surge antes de apagar la luz. Acertado y bello.


Un beso muy 2007, como un brotecito.