martes, 9 de enero de 2007

Lo confieso como si fuera algo vergonzoso (pero no lo es, claro que no, aunque pudiera serlo, si me esmero un poco), hay algo que me produce placer: conocer la letra de quien me interesa, porque es como atisbar su despertar y atraparlo en el instante en que se mira en el espejo y no se reconoce. La escritura manuscrita es una lluvia de símbolos personalizados que nos dicen de las personas más que sus palabras y podemos tirarnos como motita de polvo y ponernos a gozar bajo y sobre esas gotas de tinta en el papel, oh sí. Lo hago. He sido polvo lloviznado. Soy.

Cómo olvidar aquellas cartas (las que ya nadie envía) en las que desde aquellos lejanos días y antes de abrir el sobre yo revisaba el remitente y buscaba el temblor o la firmeza, interpretaba el uso de tal o cual color de tinta, las mayúsculas, minúsculas, faltas ortográficas…

Y ahora, cuando es tan difícil ver de alguien la letra, tengo a veces que recurrir a artimañas como pedir direcciones que nunca usaré, pedir que me firmen de recibido, que me escriban una receta, que me den el e-mail, el teléfono, el nombre de una canción, a veces, frustrantes veces, no sé cómo conseguir un pedazo de palabra escrita, un trozo de vida plasmada en unas letras manuscritas…por eso me gusta tanto que dediquen un libro para mí, sí, más que ninguna otra cosa, por la letra…Aunque, claro, me parece que estoy mintiendo un poco en mi afán de describir mi amor por esas líneas, curvas, ángulos, puntos, círculos...

Pero la pretensión de la
grafología de averiguar, por las particularidades de la letra, las cualidades psicológicas de quien la escribe no es lo que me interesa. No, no, yo no pretendo eso. En realidad nada pretendo, sólo acercarme. Sólo conocer, sólo saber que mi amor está encaminado. Sólo tocar de cerca a alguien a quien la mano nunca tocaré, quizá.

Saber quién te enseñó a escribir que haces esa ene tan extraña que no parece letra, quién te enseñó a trazar las letras de derecha a izquierda, quién permitió que aprendieras a escribir trazando las letras de abajo hacia arriba, cuándo renunciaste a que tu letra fuera bella y decidiste dejarla en funcional…

Quiero saber por qué son tan redondas todas tus vocales, incluso el punto de las íes y las olas de la u, por qué escribes tan chiquito, por qué tan grande, por qué arrastras la ese, por qué no tildas la eñe
Saber por qué casi rompes el papel con la pluma, por qué casi no distingo tu letra de tan leve que es tu trazo

Hay letras que no olvido y reconozco rápidamente, la de Pina, otras inconfundibles, la de Conrado, de Casildo, la amada letra pequeña de Humberto (escrita hacia la izquierda y hacia la derecha, con tal desorden), la de Santiago, letra de zurdo (que tanto me gustan los que con la izquierda escriben, verlos escribir me maravilla). La bella y cuidadosa letra cursiva de Abigael (sé su secreto para hacerla)

Omar con su ge mayúscula como seis, el Roberto, letrita tierna y dulce, que se ve como dibujos de pájaro en la arena…

Y tu letra, para mí tan nueva y ya como tatuada en mi memoria, con mayúsculas abiertas, libres…

¿Quién me manda una cartita, quién me recadea, quién viene a firmar un libro de visitas…? ¿quién me da el regalo enorme de su letra?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Es cierto.
Y no hay libro más gris -por importante que sea- que aquel carente de la firma del dueño, de una dedicatoria (en caso de haber sido regalado por alguien más), o al menos fechado. Si éste lleva aun la etiqueta del precio el detalle resulta ya una emoción chispeante. Conservo muchos con el precio de Librolandia, la Gandhi o de Contrapunto 14, El Partenón, etc, pero lo que más pesa en las primeras páginas es aquel derroche de letras reunidas para la dedicatoria.
Vuele hasta tí en recuerdo a tal emoción lo que aquellas letras dejaron para siempre en este recuerdo que será eterno.

JeJo dijo...

Mi cuesiva es suave e inclinada levemente a la deracha. Hago mayúsculas con arabescos raros. Y marco a veces el papel fuertemente con la pluma como tallando piedra.
Con ella te saludo y te agradesco.
Un placer que te extiendas te aseguro.

Volveré.

Manuel Parra Aguilar dijo...

A veces reflejar lo qe uno dice no es realmente ser uno. Ay, ignore usted lo anterior, pues simplemente tomo el pretexto para saludarla.

Máximo Ballester dijo...

Mi letra es a menudo desprolija. Ya me lo decian en la escuela. Y mas cuando tengo una idea, la idea de un poema, ahi vuelco las letras como desde un vaso, derramadas.
Despues si, lo paso en letra mas bien chica y busco que quede lo mas lindo posible. Despues viene el Word. Ahi se fugan las ultimas dudas y tachaduras.

Escribo a mano pero en imprenta. Con anotaciones en los margenes.

Algo mas acerca de mi desnudez?
No, supongo que no. Seguro no te deje satisfecha pero te he dejado al menos una aproximacion. y este





beso.

César venegas dijo...

Vaya, si la letra es fea, tosca, y hasta sin orden,me imagino a un hombre, pero si sé que es mujer, la imagino fea, pero si la letra es redondita y ordenada, seguramente es de mujer y de mujer bella, nunca asocio esa letra hacia los hombres. Yo escribo feo, digamos que a veces la idea va tan de prisa que con mi letra me esfuerzo por alcanzarla. Me sieno triste, nadie me ha enviado una carta y "mi" cartero me mira con desconfianza, le propongo algo a uste y a quien desee hacerlo, usted paseme su correo y yo le envio mi direccion y viceversa, va pues, pavesa_tintamar@hotmail.com, si no le gusta la idea, no se preocupe, de igual forma me gusta leerlo (a) aunque su letra sea garamond, times o arial o courier o bla bla bla

GUADALUPE dijo...

Cuantas nostalgias esas antiguas cartas, de parientes de amigos y aun desconocidos ojala no olvidemos la destreza de escribir que nunca sera igual una cata a un e-mail!!
BESO TIPEADO