miércoles, 8 de octubre de 2008

El rebote

Por Buch

En la cama (y dónde se me ocurrió ejemplificar… en realidad puede pasar en cualquier lugar, un avión, caminando, en la playa, hasta bañándonos) sucede eventualmente que, de improviso, sin aviso (improviso es, precisamente, sin aviso ¿no?) previo (todos los avisos son previos, si no…) que permita protegernos, beber menjurjes, untarnos bebedizos, bajar o subir el puente levadizo (de levadura, que también hace que la masa se levante)

¿Cómo describir eso que llega?, lo que como humedad se cuela y de pronto nos hace saber que ya no estamos donde estuvimos segundos antes (pero si yo no deseaba moverme del instante confortable; pero si yo no quería pasar puertas que no abrí; pero si esta ventana me basta y sobra para ver el mundo…)

¿De dónde llega de pronto y sin anuncio el hueco en el corazón en el estómago, ésa: la nostalgia?

O el aturdimiento claramente etílico de que gozamos a veces, luego de meses de no embriagarnos. O el mini viaje repentino de alguna droga que hace mucho. O la sensación de placer por las caricias que ya no… Eso es el rebote
.
Y los maravillosos libros que de pronto llegan flotando como significados aerostáticos y nos hacen creernos en medio de argumentos oníricos... el rebote literario
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Y las emociones de aquélla canción, de la voz que alguna vez acompañó nuestros dolores, otros dolores que de pronto nos duelen como si hubieran renacido de entre las cenizas, melancolía fantástica y de rebote
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Y escribir como si estuviéramos poseídos por creencias ajenas y desconocidas, vivencias que suponemos ajenas, y que son jirones de recuerdos que nos llegan de rebote arrastrando el sentimiento de tiempos ya idos

Y esas las lágrimas que aparecen y que ya están rodando
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(no ruedan, en realidad, más bien corren, porque no giran al desplazarse, se mueven progresivamente de un lado a otro, aquí es del ojo a ¿a dónde se van las lágrimas? Si estamos acostados, las lágrimas corren hacia las orejas, muy desagradable sensación; si de pie o sentados, las lágrimas pueden quedarse en la ojera si es muy profunda o seguir por las mejillas y terminar en el dorso de la mano casi siempre derecha con la que las limpiamos, o en un pañuelo si prevenido del rebote que no se anuncia cargamos con él siempre, o en los labios o la nariz si nos movemos… destino incierto el de las lágrimas)
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¿de dónde llegaron? Si estuvimos riendo hace apenas un instante. ¿Cómo es que nos ponemos a llorar a mitad de un aburrido capítulo de una novela olvidable?
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Sólo por el rebote puedo explicarlo
.

2 comentarios:

Buch dijo...

Los cachos de las cosas que se van mezclando, el estampado del girón, del color de un recuerdo, pero del dibujo de otro...¿Te refieres a eso? Si es así me encanta...si no...aun más. Pero si no dime a qué.
Montones de besos.
Montonacos de besacos.

Abril Lech dijo...

¿Es "rebote" la palabra que toca -al nombrar- la fibra íntima del recuerdo que desata la emoción y la transforma en lágrima?. ¿O es el corazón reclamando lo que le pertenece?