sábado, 8 de noviembre de 2008

Extráñame


Y uno habla, eventualmente, y si la vida es pródiga –que casi siempre lo es*- con los hombres que ha amado… O no con los que ha amado, sino (¿será, todo, cuestión, sólo, de palabras?) en realidad, tal vez sólo con algunos de los que ha querido, o de los que ha gustado… y al hacerlo, uno se pregunta…desenrolla elucubraciones como sucias alfombras y se tiende (con todas las precauciones del caso) en ellas y se pone a pensar…

Y me pregunto: qué es esto, cómo pude alguna vez haberlo querido. No lo entiendo, me digo en otra, alguna ocasión: este hombre me gustaba, me derretí por él… ¿dónde el aroma, la mirada, el encanto, qué le vi, con cuáles ojos tan errados?

Mientras caminaba por una acera, oí que, arriba, en la vía que corre a unos cuatro metros por encima de la calle, alguien cantaba no demasiado desafinadamente:

“Extráñame, cuando te ofrezcan una copa / extráñame, cuando te besen en la boca / cuando te digan como yo / las cosas más bonitas de este mundo / cuando te sientas muy feliz / con ansias de vivir... extráñame.”

Volteé y no alcancé a ver de quién era esa voz aguardentosa, así que aprovechando que a unos pasos estaban los escalones para subir (y para bajar también, ahora que lo pienso), y olvidando que la curiosidad le hizo aquello feo al gato, me allegué a la vía y allí estaba, con sus verdes ojos intactos, sonriendo ebriamente (y cantando a José Alfredo, je)…

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Primera versión del encuentro:
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- María –dijo, con una dulzura tal que si al hacerlo no hubiera yo visto lo desdentado de su boca, con facilidad hubiérame dicho: “¿cómo pude olvidar a este dulce y bello hombre, cómo pude agarrar mis días e irme de sus noches (o viceversa)?”
- Hola, le digo tentativamente ¿cómo estás? -Un perro lo acompaña, me gruñe levecito.
- Cállate, diablo ¿Qué no ves quién es?
- Jaja , este perro no me conoce, no inventes
- Sí que te conoce –dice- muchas veces le he hablado de ti

Claro, por algo una quiso a este hombre o a otro. Fue por algo que no tiene qué ver con los dientes que le faltan, pero sí con los ojos que son mar y aún miran iluminados. Fue por algo que no tiene qué ver con el tambalearse ebrio, pero que sí tiene qué ver con el cabello que antes tuvo, largo y sedoso. No lo quiso por sus dedos manchados de tabaco que adivina sucios, fue por sus manos grandes y siempre obsequiosas. No fue por su voz llena de alcohol. Fueron tal vez sus palabras.

Segunda versión del encuentro:

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- Quihúbole
- Hola ¿cómo estás?
- Aquí nomás, tirando rollo…
- Va a pasar el tren (hasta preocupada por su seguridad, a estas alturas)
- Me vale –y escupe, muy cerca.
- (Silencio arrepentida de haber subido)
- ¿Y qué, cuándo volvemos?
- ¿volvemos a dónde?
- Me dan ganas de …
- Atrévete (mirando a ver si hay piedras, palos, otra persona)
- ¡Estás loca?
- Ya me voy –miro sus pelos grasosos sujetos en una cola rancia y escueta.
- Se me había olvidado lo ridícula que eres y miedosa
- (Silencio- pensando en su voz que alguna vez creyó varonil y ahora es rasposa, desagradable ¿o así fue siempre?
- ¿Te gusta mi perro?
- No me gustan los perros, ya sabes, menos si son tan grandes y negros
- Bonita sigues siendo, María, pero también una simple –se rasca la enorme barriga. Por eso te dejé.
- ¿Me qué?
- Te dejé, jaja ¿ya no te acuerdas?
- (Recordar aquellos días de dolor por él: qué absurdo, qué inverosímil. Es recordar una pesadilla) ¡Gracias, muchas gracias!!
- ¿Por qué, tú?
- Por haberte marchado de mi vida
- ¡No te digo!
- ¡Adiós!
- ¡Eit, eit, no te vayas!


*porque indudablemente es bueno que la vida nos enfrente a nuestros errores o aciertos, que nos diga: “Mira todo lo equivocada que estuviste, este es un hombre común, corriente, nada azul asoma ni por asomo, de príncipe ni hablemos.” O que nos diga la vida: “Mira, todos estos años creíste haber tropezado y caído en un pozo cuando conociste a este hombre, date cuenta de que no fue así, este hombre te hizo ver que afuera del pozo había luz, tú ya estabas en un pozo, no puedes seguir culpándolo” o… tantas cosas que la vida nos dice al enfrentarnos al pasado.

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O, a veces ni nos dice nada.
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

lindo perro

Buch dijo...

Joder, que brillante. Yo creo que no son errores o aciertos. Están atados al tiempo. Son aciertos en el tiempo, pero no más allá.¿no?

Ahopra que dices las cosas de una forma encantadora. Esta María tiene suerte de poder usar tus palabras para expresarse. Grandísimo diálogo. Y genial "Te dejé, por haberte marchado de mi vida". Genial.