lunes, 3 de noviembre de 2008

Viernes 31 de octubre de 2008. Tradiciones.

Para Miriam

Ocho treinta de la mañana
Salgo de mi casa, me acompaña una gata negra, salta junto a mí durante todo el trayecto y su cola se mueve arribabajoizquierdaderecha.
Esta gata no maúlla, habla sin cesar, veo sus negros labios donde el rojo asoma debajo de la oscuridad del labial, admiro los bigotes negros y grandes que enmarcan su boca, tres de cada lado, decorando sus mejillas sonrojadas. Veo su pequeña, hermosa nariz negra y brillante, nariz de gata saludable y feliz.
Va a su festival de Halloween, comerá pizza (siempre y cuando haya hawaiana), bollito (siempre y cuando no sea de chocolate), y refresco. Llenarán el dulcero-calabaza que ella y sus compañeros hicieron con un globo, periódico, engrudo y pintura. Emocionada adelanta que entrarán a la casa del terror, anticipa el miedo que sentirán ella y sus amiguitas (que dentro de poco me enteraré que se han convertido, sólo por este día, en una vampira y una bruja, respectivamente)

Diez de la mañana
Casa de la Cultura. Tengo el compromiso de, junto con dos mujeres más, ser jurado en un concurso de altares de muerto. Labor dificilísima (no lo vuelvo a hacer, lo prometo, casi lo juro) son once altares, todos ellos hubieran merecido ganar (puntos a calificar: elementos, creatividad, alusivo… ¿qué se puede hacer con esto?). Fue espantoso tener que decir primero, segundo y tercer lugar (nadie quedó conforme y tuvieron razón, por lo menos a cuatro yo hubiera premiado con el primero). Los altares con temas como Cri-Crí, los Revolucionarios, Niños muertos, Tetabiate, Cajeme, Juan Pablo II, Rocío Jurado, entre otros. Flores, velas, incienso, música (Rocío Jurado, claro; música yaqui, cantos ceremoniales, corridos de la revolución, “Caminito de la escuela”), agua, sal, licor, papel picado, pan de muertos, calaveras de dulce, y hasta un pequeño incendio que fue sofocado raudamente por un policía de altas botas resistentes al fuego quien pateó las llamas como si de odio se tratase…


Doce horas, mediodía.
Voy por Mariana. No comió pizza, me la da en un plato, parece de cartón también, junto con el espagueti. Esta gata parece que fue arrastrada por los patios de la escuela, trae las orejas abolladas, la nariz es ahora gris al igual que los bigotes, carga una enorme calabaza llena de dulces, me cuenta del placer del miedo pasado en la casita del terror “me tiraron al piso, mamá -entiendo porqué la cola en tales condiciones- y Cyntia (la vampira) ni así me soltó la mano, verás qué suave, nos dio muuuucho miedo.”
Al llegar a la casa, preparamos para la noche un recipiente con dulces para los niños que lleguen a pedir (“triquitriquijaloqüín); Mariana lo hace a conciencia, pone algunos tazos, “por si llega algún niño que los quiera”, los revuelve, que les toque de todos, dice. Dejamos el recipiente cerca de la puerta. Y esperamos a que se llegue la noche. Comemos y me regreso al trabajo.

De las 6 a las 8 de la noche.
Mariana y Fernanda quien pasa con nosotros las tardes del viernes y las mañanas del sábado, esperan a los niños. No llega nadie. Se aburren y se van a jugar, a cenar, a preparar sus mochilas para la doctrina sabatina.
Justo a las ocho se oyen los cantos: “trik… etcétera”. Llamo a las niñas para que sean ellas quienes repartan los dulces, emocionadas y gritando, al montón de brujas y seres indefinidos vestidos de negro. Lo hacen y se van de nuevo a sus juegos, a su nocturna rutina de viernes. Cuando el segundo y último grupo de la noche llega, les doy yo misma los dulces a las brujas, puras brujas, mala seña. Y es todo.
Los dulces casi todos allí quedaron.

11,30 de la noche
Matan a balazos a hombre, balacera en calles. No lo dice nadie pero los balazos corrieron en las calles en donde un poquito antes corrieron los niños pidiendo dulces. En uno de los negocios de este hombre ahora muerto, él mismo repartió dulces a granel, alguien me cuenta.
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Casi ya 1 de noviembre... o ya. Me duermo pensando en por qué los niños no vinieron. Tal vez porque no tuvieron disfraz que ponerse (no, hay niños que sólo se tiznan la cara, así ha sido siempre); el frío no puede ser, otros años ha hecho muchísimo más en este día; miedo a la violencia... lo dudo, ese miedo ha de haber llegado después; pensaron en la economía mísera (miserable, raquítica) de comerciantes (los imagino cerrando sus negocios antes de las seis para no enfrentar a la infantil turba que pide dulces); saben de las carencias del pueblo en general que agoniza por la irrazonable y empantanada huelga(sueno dramática, lo sé y es intencional, como casi todo lo que digo) y que si apenas tiene para lo básico no iba a derrochar en dulces... que sé yo de las razones que puedan tener los niños para no salir a las calles vestidos de hadas, duendes, vampiros, hombres arañas y brujas. Hasta una tradición ajena (si es que esto no resulta una paradoja) nos duele que se pierda cuando también se pierde de vista lo realmente importante.

Pd:
El día 28 es para "los que murieron matados", el 30 para las almas en el limbo (los niños que murieron sin ser bautizados); los muertos chiquitos el 1 de noviembre, y el 2, los muertos grandes.
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Pd2:
Una de mis canciones preferidas. La versión de Eugenia León y Lila Downs...
Ay! que bonito es volar/A las 2 de la mañana/a las 2 de la mañana/Ay! que bonito es volar, ay mamá!. //Volar y dejarse caer/ en los brazos de una dama /ay! que bonito es volar/ay mamá!//Me agarra la bruja /me lleva a su casa/me vuelve maceta/y una calabaza.//Me agarra la bruja/me lleva al cerrito/me vuelve maceta/y un calabazito.//Ay! dígame, dígame/dígame usted/ ¿cuántas criaturitas/se ha chupado usted?/Ninguna, ninguna/ninguna no sé/ando en pretensiones/de chuparme a usted."
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡qué linda crónica!
gracias por ella
un beso a sus personajes...

Buch dijo...

¿Crónica? Yo creo que es un novelón, incluso.

Miriam García dijo...

verdad que duele ver los dulces ahí sin sus dueños?

gracias.

un abrazo hasta cananea desde tijuana, mi ciudad loca.