jueves, 23 de noviembre de 2006

Si pudiera sostener el polvo que acumulas
avarientamente entre los muslos
calentar su suavidad un poco
para después, sin prisa
soltarlo ente los dedos
y dejar que caiga como un arroyo espeso
que blancamente corre;

Si la frescura amarga habitante tierna
de tu axila
lograra acomodarla un día en un armario
entre líquidos, sábanas y arañas espumosas;

Si permitieras que mi boca se acercara
al oscuro desierto de tus huecos más perdidos
para depositar saliva fermentada;

Si el cabello creciera lo suficientemente liso
para poner morosamente
en cada poro de tu piel
la ceniza que me pone los ojos
como cruel higuera…

Tu rostro se transformaría paulatinamente en otro
el llanto rodando hasta el ombligo
y sonriendo lejos sin apenas darte cuenta;

Si quitaras el velo que cubre la punta de tu lengua
morirías sin saber siquiera lo que pasaría…

Si el camino que se pierde en tus abismos
lo poblaras de puentes colgantes y escaleras,

Si dejaras de encajar las uñas en las ganas que te tengo
te crecerían en el vientre y en las piernas musgos
hongos y plantas trepadoras…

Antes de morirte
húmeda
y jugosamente.

2 comentarios:

Bernyciento dijo...

Hermoso, directo y cauteloso... Mil besos más desde Hermosillo...
;-)

Máximo Ballester dijo...

Ahora se lo que no debo dejar de hacer: encajar las uñas. UFF.


Esta sensualidad de tus versos , esa audacia hasta abismos que dan en placer, por favor no la pierdas. Y no pierdas este beso.