viernes, 12 de septiembre de 2008

Cirquera

Íbamos mucho al baile, a los bailes. Mi hermana es mayor que yo por dos años y a ella no le daban permiso si yo no iba, podría decir que yo era su chaperona pero no es eso exactamente lo que era, así que no lo diré. Íbamos siempre un grupo de jóvenes, mi hermana, sus amigas... y yo. Todas nos vestíamos igual, pantalón de mezclilla, camiseta ajustada, casi siempre negra, variaba sólo el calzado, alguien con botas, tenis, zapatillas... variaba el maquillaje, labios rojos, rosas, ojos decorados con azul, verde, café, pestañas largas, rizadas, cortas, cabello rizado, largo, teñido, lacio... todas nos llamábamos igual, Alicia, y éramos de Naco... bailábamos mucho. Era el pretexto para acercarnos a ellos, los que se llamaban Héctor, Manuel, Raúl, Miguel... y platicar juntitas con ellos, y permitir que nos tocaran y poder tocarlos y sentir que respiraban cerca.

La música con grupos que tocaban piezas inolvidables por razones a veces por completo ajenas a la belleza musical, temas de grandes bandas, éxitos comerciales, Gracias, amor, La ¿Bamba?, piezas de Los muecas, Los Solitarios, Los Freddys, Ray Coniff, Los Terrícolas, rescatadas otras de los sesenta y hasta cincuentas.

Un día (noche) de esos (ésas), tocaban “Samba pá ti”, lleno total, no alcanzamos ni mesa; yo, sólo yo, de todas las que esa noche fuimos al baile, de pie (las otras, todas, bailaban) miraba bailar en la orilla de la pista, no podía decirse que estaba sola (era un gentío), aunque lo estaba. Se acercó un jovencito, guapo, alto, delgado, me dijo bailas, le dije no, gracias (era una chiquiona... Soy) y se quedó junto a mí diciendo qué bueno porque no se puede, hay mucha gente... lo miré de nuevo y en verdad era lindo, cabello un poco largo y claro, ojos color miel y dulces. Me preguntó mi nombre y no me llamé Alicia, le dije Isabel, yo me llamo Fidencio dijo y con mucha seriedad agregó ¿no me regalas tu nombre? Yo me molesté, complacida (esas contradicciones de la aún adolescencia); por su originalidad no lo olvidé cuando se fue (porque lo hizo antes de que la pieza terminara).

Lo vi el fin de semana siguiente, de nuevo no bailé con él porque llegó diciéndome adivina cómo me llamo, me llamo Isabel y por eso me negué a bailar. Lo vi tres cuatro cinco veces más, bailes sin fecha y sin nombre, noches en las que nunca bailamos… Y me contó una vez muy breve que se iría con el circo... no le creí.

El circo estaba en Cananea y fuimos un día de esa semana con mis papás mi hermana y yo. El maestro de ceremonias en un paréntesis de actos anunció que había una importantísima noticia que dar a los cananenses porque un hijo del mineral se iría con ellos a recorrer mundo...

Ya sabes que no sé por qué te ando contando babosadas, pero lo sigo haciendo. Los años pasaron, muchos años, y ahora aquel güerito lindo, delgado y de ojos dulces con el que nunca quise bailar se convirtió en "El novio de la muerte".
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Arrastra camiones con ganchos ensartados en su espalda. Se ha sepultado por horas para comprobar que a él la muerte no lo quiere aunque sea su novia y me pregunto si alguna vez me hubiera ido con el circo de haber bailado con él aquella una, dos o cuántas veces... me lo he preguntado cada vez que sé que se colgó del puente con sus ganchos casi extensiones, cada vez que se anuncia su espectáculo de dolor y aguante...

Hoy lo recordé porque me preguntaba cómo se llamará "Becho, el del violín"...Éste, era Bencho y no tocaba el violín.

No que yo sepa.
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2 comentarios:

Berenoise dijo...

Hola, antes venia a firmar como maría maría, en un arranque de encontrar anonimato, ahora he vuelto a mi blog de siempre. He venido a leerte todos tus post, pero no me animaba a comentar, pero aqui ando, puntual, leyendo, disfrutando y ahora, mandando un saludo!

:D

Máximo Ballester dijo...

Becho tocaba el violín con cara de chiquilín sin maestra, dijo Don Alfredo que también se nos murió un día en que las musas se habían ido a lavar sus vestidos a un río y andaban distraídas y dice Galeano que anda por el cielo Zitarrosa tocando milongas para que Dios sepa, tenga y guarde.

Un circo en Cananea hace aún más mitico ese lugar.

Desde un trampolín salta este beso que te dejo.