miércoles, 24 de septiembre de 2008

Escribir es recordar
Carrizos Rojos (7 y último)

Apuntes para una carta desde Navachiste

Para Luis. Para Casildo. Para Joel.
Y la Maga, Artemio y Marco


Uno
Ayer se nos cayó la noche encima.
Con estruendo. Como carcajada líquida se nos vino arriba con evidente sobresalto de Casildo que se entumía sobre la arena dura, tostadito y envuelto en la modorra.
Ayer que la noche estuvo tapándonos la vida, llegó esta carta, te la empiezo.

Dos
Un abrazo para Ugo en su cumpleaños.
En Tijuas, sin sax ni clarinete.
La luna se levanta.
Aquí no lloverá.
Lástima de nube que jamás.


Tres
No puedo hablar del todo en esta lluvia seca que es el mar sin olas. La lengua necesita remos para avanzar a tumbos por la sedienta arena.
Al cantar tartamudeamos.

Cuatro
Estuvimos esperándola por más de dos horas.
Todos queríamos bailar. A la Maga el cabello se le hacía espuma con la música y la luna no llegaba.
Aguardábamos sentados en la arena dulce, viendo el mar oscuro y silencioso, aventándonos la duda con la mirada.
Ya era mucho tiempo, queríamos bailar y la luna no llegaba.
Todos sufríamos.

Cinco
Llegó al fin y luminosa, traía los aretes perfumados.
La abrazamos con fuerza antes de iniciar el baile. Estuvo con nosotros casi toda la noche.
Nos gustó movernos con ella. Aún sobamos nuestros pies con deleite cuando la recordamos.

Seis
Nos escurríamos hasta el etcétera cuando la playa hablaba. Joel con la rosa colgada de los ojos y los demás llenos de aplausos voladores; mientras, el mar se esforzaba en dar un paso al frente, luego, en su cara veíamos pintado el retroceso, como gota transparente. A veces si que sus humedades ponían chispas en l piel del sol, tendido de espaldas en la Bahía de Navachiste.

Siete
Todavía no salgo de mi asombro, pero quiero ya meterme en este cielo que de pronto se nos hace mar y de repente playa. Quiero entrar por fin en el camino que nos lleve al azul sucio de esta tarde. Pero por más intentos que trenzo, aún sigo encadenada adentro de mi asombro.

Ocho
Luis parece que se nos va por ratos a la tristeza.
El cielo se le pone cerca cuando voltea por descuido a ver al pelícano. El desconcierto lo apresó ayer cuando se le extravió el atardecer de sus recuerdos. Este es otro, ahora Luis lo sabe, pero sigue con la tristeza rascándole la lengua.

Nueve
Los mezquites van contigo cuando avanzas a bañarte. Somnolientos se sacuden los mosquitos y emprenden contigo la aventura líquida: los vemos como te siguen, bostezando por la errante vereda que te lleva al pozo.
Tú no sabes que esas sombras que parecen adelantarse a tus pisadas, son mezquites que se han echado a cuestas la cada vez más difícil tarea de protegerte de tu soledad que ya casi te quiebra.

Diez
Al encender la fogata, la playa se volvía de papel. Para envolver los sueños y llevarlos a tu cama.
Junto con la leña ardiendo, pisándole los talones calientes, llegaba el humo y corría tras nosotros que nos íbamos de frente, la vista anclada en el mar.

Once
No sé a dónde se han ido las olas. Estarán con Enrique tal vez.
En este momento se miran en la luna, mientras colocan el sigiloso disfraz de saliva y escamas sobre el rostro esperanzado.
Luego se irán a la feria.
A comer algodón de azúcar recogido en los días anaranjados del verano.
A las olas les eriza el corazón subirse a la rueda de la fortuna y como Enrique lo sabe, seguro que las lleva y monta con ellas… para mojar su cabello con espinas saladas. Como a él le gusta.

Doce
Al mar se le cayó el respiro. Pasmados nos miramos frente a él, esperando el menor indicio de su mítico retumbo. Y nada.
Solamente llega al caracol de nuestro oído el eco de su estático nadar. No lo creerías: el mar aquí no suena.
-¿Estaremos en el mar? –pregunta Artemio
-No sé –responde el silencio y se va.

Trece
Las pangas se ríen de nosotros.
Indefensos en la espera.
Marco dijo que el nivel del mar decrece con un ritmo proporcionalmente inverso al de la esperanza.
Todos le creemos, pero sin saber qué clase de sirenas nos llegarán con tal profunda creencia. Tampoco Marco lo sabe. Qué bueno.

Catorce
Más claro.

Te digo que hay tantas claridades que acongojan que una más no tuerce tanto el aire como supondrías.
Aquí el mar es lento y suda peces como suspiros de sal y brisa. No los comerías.

Ni el aire.
.
Y quince (sólo para efectos de este blog):
Leer también es recordar.
.
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5 comentarios:

Anónimo dijo...

Artemio debía llamarse "Artemio U" para que su nombre reúna a todas las vocales.

sonaría bien, ¿no crées?

jose fá dijo...

jajaja, qué ocurrente. Pero sí. Se llama Artemio Chupio, allí está cerquita la U ¿funciona?

¿lo conociste? yo nunca lo volví a ver... una vez estuvo en Hillo en la casa de la Maga: Ella guardó en el refri mucho tiempo una figura en plastilina que él hizo, una especie de animal fantástico, un alebrije

Anónimo dijo...

funciona.. jejej...qué apellido!

mmm... no recuerdo con claridad quién era, aunque me suena, lo que sí creo recordar el alebrije

qué padre aquella casa de la Maga!

Máximo Ballester dijo...

Me encantóoo! Estos quince me parecen de antología.
Qué fuerza adquiere tu escritura de pronto en lo breve. En lo breve y bueno y bueno dos veces para leer dos veces y más, y más que bueno.
Y un beso emorme como quince, a efectos de este blog.

Mireida Armenta dijo...

Hermoso... que más puedo decir, si al leer me trasporta al bello lugar que la inspiró.