miércoles, 13 de septiembre de 2006

"...what a wonderful world."


Para Omar Pimienta, porque siempre lo recuerdo cuando veo una bella planta con flores rojas que se llama arete y que mi madre trajo hace muchos años de Tijuana, desde la Col. Libertad.

La noche toda ha sido llovida. Al levantarme, descubro maravillada que estamos adentro de una burbuja nebulosa. Salgo al porche trasero de mi casa y viviendo en la madera hay charcos que no esquivo, me asomo al corral y abajo me espera un gozo: las flores, brocados, laureles, geranios, madreselva, rosas, trompillos morados, lilas, azules… el verdor es un tigre que me salta encima, me engulle y permite que en su interior flote con los frutos, el árbol de arándanos tan esbelto y cargado de bolitas anaranjadas, la granada y sus rojos regalos llenos de sabrosos granos llenos de jugo, los duraznos, el membrillo amarilleando, las peras que caen todo el día, que se derrumban por las noches. Y los higos.
En todos los corrales se desborda el verde y en los jardines se está derramando el perfume, mientras la niebla se convierte en manto que nos envuelve húmedamente. Estamos adentro de una de las más bellas canicas que he visto.

Yo soy el durazno, así se llama un cuento que una flor nos narra acerca de su nacimiento, cómo crece y cambia de color , su madurez, el posterior traslado a un mercado multicolor, la elección de un niño que lo compra entre todos los otros coloridos y olorosos frutos, cómo es comido y saboreado por el niño, que siembra la semilla, lo cuida, riega… y vuelta a empezar, a la flor…
Liquen, musgo, hongos, moho, hierba, quelites, zacate, girasoles, dientes de león hacen que los caminos con Mariana se extiendan como si nunca fuéramos a llegar, oliendo, acariciando, conociendo nombres níspero, inventándolos patas de gallo, poniéndonos aretes florales (lo hice muchas veces, de niña). La confetidura siempre nos atrapa con sus ramos, somos florecitas. Chupamos la miel de la madreselva, somos abejas.

He comido tantos duraznos, mi fruta preferida, diría Mariana con su afán de clasificar, que estoy segura de que huelo a durazno, abro la boca y siento que exhalo el aroma de lo que tanto he comido durante dos meses o algo así. Los duraznos han estado a mi alcance diariamente, duraznos de a de veras, de casa, con taco rojo, con pulpa blanca, con piel amarilla, con gusano, dulces, sin gusano, ácidos, blandos, macizos, en mi casa, en los corrales de las casas vecinas, vendidos en la calle, o casi regalados, o regalados por amigos y parientes… Soy el durazno.

3 comentarios:

mango dijo...

mmmm... qué rico! todo, hasta la dedicatoria.
Ojalá la lea el Pimienta: tanto que nos encantó su poemario y a mis alumnas del taller de literatura les gustó mucho también.

Abrazos de durazno... hummm!

Anónimo dijo...

Si un día lograra escribir como tú, creo que me moriría de la manera más tranquila y bella.
No creas que invento. De verdad tengo esa sensación y casi certeza.

jose fá dijo...

Pina: olvidé mencionar la bugambilia, las margaritas, los cempoales (cempasúchiles)y de verdad quisiera hacer un ramo de palabras que abarquen todo lo que diariamente veo en esta sierra tan llovida. Gracias, un abrazo.
Anónimo: No sé qué decir ¿significa eso que ya puedo morir de la manera más tranquila y bella? No, aún no. Gracias por leerme.