lunes, 25 de septiembre de 2006

(Evodio en la nieve con la mujer de Ugo)

“Insistió en llegar a comprar nieve… Pero si está nevando, dije débilmente… No importa, allí está abierto, vamos, a Ugo le gusta mucho. Vendían en recipientes individuales, salimos de allí con tres.
Antes de llegar, oímos el sax. Las notas desgarraban la mañana como intentaba hacer el sol. Entramos al calorcito del departamento, ella con su alegría desconcertante, yo sin saber, como nunca supe, qué hacer, qué decir. Te trajimos nieve, amor… Veo cómo Ugo se levanta, pone el sax en el atril, me da su mano cálida y su afecto… y besa a su mujer, la que pasó la noche conmigo, la que se sienta sobre la cama a comer nieve y nos invita a que lo hagamos también, mientras se quita de encima el abrigo, el gorro, la bufanda, los guantes…
Ellos se convidan cucharaditas de sus vasos, luego se lamen uno al otro, una gotita aquí, otra más allá, hasta que se olvidan de la nieve y se pierden en los besos, largos, húmedos, calientes y las manos… Cuando empiezan a desvestirse, me convenzo de que olvidaron mi presencia y empiezo a escurrirme hacia fuera. Me acuclillo en el suelo nevado, como perro con sarna y solo. Helándome y sin sentir.

Me comí la desconsolada nieve que yo mismo escogí con pedacitos de nuez melancólica, sus lágrimas me supieron más tristes que el olor salado del saxofón cuando llegamos…”

De Evodio, el diario

1 comentario:

Otro dijo...

cómo que "nuez-melancólica",
si es la nieve más melancólica y sabrosa que he escuchado (en un diario al menos)

"sí-es-melancólica" y más cuando el que la sufre es un perro sarnoso y solitario.. ¡auhg, auhg, auhg!