lunes, 9 de abril de 2007

Instructivo


Consiste, primero, en sentir que no habrá ninguna otra cosa que puedas hacer. Luego mirar la cama con toda la angustia que has acumulado en las noches más solas y, lentamente, acercarte, separar las cobijas, sentarte en el borde, tomar la almohada y ponerla en las rodillas... Pones expresión pensativa y piensas, desde luego. Que vale más que te hagas a la idea, que tendrás que hacerlo tarde o temprano, que no dolerá más de lo que te han dolido algunas cosas menos necesarias y te acuestas suave, hasta quedarte como piedra lisa, con las manos a los costados, la cabeza sobre la fría almohada que, antes, colocaste cuidadosamente, los pies vacíos y duros como los dientes que ya deben estar castañeteándote, asegúrate de esto. Piensa, piensa sobre todo en eso de lo que te has perdido, en el café que podrías estar tomándote, acurrucado tu cuerpo junto al fuego; acuérdate del hombre con quien pudieras calentarte, de sus manos grandes, de su piel, su ombligo. Siéntete frustrada y luego: tiembla. Cuando ya no resistas el movimiento de tu cuerpo, encógete y cúbrete con las mil cobijas que habrá para sepultarte en esta noche fría y sola; colócate como un nudo de hielo y calor que ya se extiende, las piernas encogidas, las rodillas hasta el pecho, la cabeza inclinada hasta tocarlas y las manos sosteniendo todo, hasta el miedo. Después ya solo queda lo único que queda en esta y en todas las noches por delante: Cierra los ojos y duerme.

2 comentarios:

Mari dijo...

Mmmm... creo que a esta altura ya sabés que siempre siempre puedo encontrar un buen rumbo a tus textos más perturbadores.

Pero aunque sólo quedara en eso, el lo perturbador, sé reconocer una bella oscuridad. Ah! Yo te disfruto, disfruto al leer. Las cosas que escribís casi puedo palparlas. Son como agua negra, espesa, cálida, sedosa, preciosa...

Besos.

Máximo Ballester dijo...

Esa posicion fetal, esa calma que no es, el estado de animo que no se nombra sino el miedo, el frio calor: el ser; el no hacer haciendo nada o solo una sucesion de no acciones en el acto de quedarse en ese estado de semi letargo volviendose una nada latiendo, sintiendo antes de dormir como una manera de morir, asi, sin mas, sin nada, de nada y todo aparente y en penumbras.



Este beso acurrucado como niño que te dejo a los pies de tu cama.