martes, 24 de julio de 2007

Nos convertimos en superficies resbalosas. No creemos en nada. Somos un espacio en el que ni la lluvia se detiene. Sólo sabemos de la muerte. Y no queremos. A pesar de que es lo único que podemos detener entre lo que corre y va deslizándose en el tiempo, en esto que somos, en lo que nos convertimos con el llanto. No queremos morir. Y moriremos. No podemos deshacer tan grande y cimentada creencia.

1 comentario:

Jesús dijo...

Podemos empezar creyendo, que la lluvia no se detiene, que podemos jugar a imaginarnos amigos de la muerte para no temerla, que somos capaces de devenir en el mismo tiempo en que la muerte nos habita y que detras de toda gran creencia puede (debe) haber alguna gran verdad escondida.
Besos :-)