lunes, 5 de junio de 2006

Aquella es una mujer. Es una mujer que va pensando. Piensa que no desea coger, hacer el amor, tener sexo. Así que siente que la obligarán, violarán, forzarán. Es una mujer que tal vez no piense eso, yo cómo podría saberlo, tendría que ser ella para estar segura. No quiero, sin embargo y por supuesto. Pero se me ocurre creerlo porque es una mujer que considera que en ese día lleno de nubes lo que desea es estar sentada en una silla del porche, esperando por la lluvia. Pero yo tampoco puedo saber qué es lo que ella puede o no considerar. O desear.
El deseo es vivir. Ella, se me antoja pensarlo, no cree necesario vivir, no como yo lo creo. Mas cómo podría otra mujer saber lo que aquella, cuando camina, desea.
Una mujer, otra, no aquella, habla de la posibilidad de deseos, pensamientos y consideraciones ajenos, quizá para olvidar el dolor. Parece que lo consigue. Nadie puede saberlo. Sigue creyendo que aquella mujer que camina no desea hacer lo que hará. No puede, no le corresponde saberlo.
Yo no sé nada, tampoco. Ni siquiera de lo que yo misma siento, deseo, considero, espero. Sólo sé que me duele.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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